La soledad y el edadismo lastran la salud mental de las personas mayores en Galicia
Galicia, una de las comunidades más envejecidas de España, afronta el reto de proteger la salud mental de sus mayores
La soledad no deseada, el edadismo o la brecha digital amenazan su bienestar en la última etapa de la vida
Los mayores de 65 años concentran el 38% de los suicidios registrados en la comunidad

Dos hombres mayores conversando en un banco / PEXELS
Esperanza González tiene 97 años y desprende una vitalidad contagiosa: «Disfruto de estar rodeada de gente porque me encanta hablar», cuenta por teléfono, acompañada de la psicóloga del centro de día de Vigo al que acude durante la semana. Está encantada con su vida actual y se le nota en su actitud. Para ella, relacionarse con otras personas de su edad es una forma de cuidar su salud.

Para Esperanza sus bisnietos son motivo de alegría / PEXELS
Solo hay algo que empaña la calma y la satisfacción que ha encontrado en esta etapa de su vida: la muerte. «Lo que más me angustia es tener que morir justo ahora que vivo tan bien. He pasado por muchas enfermedades y penurias y ahora que estoy tranquila, quiero seguir aquí».
«Lo que más me angustia es tener que morir justo ahora que vivo tan bien. He pasado por muchas enfermedades y penurias y ahora que estoy tranquila, quiero seguir aquí»
Sus tres hijos, nietos y bisnietos son su mayor aliciente para continuar cumpliendo años. Los más pequeños, sobre todo, son los encargados de robarle sonrisas e insuflarle ánimos renovados: «Tengo un bisnieto de tan solo tres meses que es precioso. Es como un repollito, gordito y lindísimo, ¡qué gusto me da verlo!», dice, risueña. «Me hace feliz ver a mis nietas tan bien y disfrutar de sus criaturas».
Terapia para mayores
Tatiana Fernández, la psicogerontóloga con quien Esperanza realiza dos sesiones semanales en el centro de día Net-Avó, la anima a revelar cuál es su mayor orgullo. Tras pensarlo unos instantes, responde que haber conseguido una vida cómoda y sin pasar necesidades, pese a haber nacido en la miseria.
Esperanza pertenece a una generación que apenas había escuchado hablar de salud mental ni de la importancia de cuidarla. Sin embargo, a sus 97 años, tiene claro que las sesiones con Tatiana son sanadoras: «Ella me ayuda a mantener bien amueblada la cabeza. Estoy distraída y eso es importante para no llenar la mente con tonterías», sentencia.
«Estoy distraída y eso es importante para no llenar la mente con tonterías»
Tatiana explica que las actividades que imparte se organizan en torno a tres grandes áreas: la cognitiva, la física y la social. «Hacemos hincapié en la orientación hablando de temas de actualidad, para que sepan qué está sucediendo en el mundo. También organizamos sesiones de gimnasia adaptada para trabajar el equilibrio y la flexibilidad. Además, hacemos un taller de estimulación cognitiva, con fichas personalizadas y adaptadas a su nivel de formación y otro de carácter social y más lúdico, con manualidades y música».
«El estigma en torno a la salud mental entre las personas mayores va disminuyendo»
Más allá de los talleres, Tatiana conversa con las personas usuarias y las ayuda a enfrentarse a sus preocupaciones. «El estigma en torno a la salud mental entre las personas mayores va disminuyendo. Cuando llegan y ven que tienen ayuda y que pueden relacionarse con personas con problemas similares a los suyos, se abren más y no tienen problema en hablar y pedir lo que necesitan», asegura la psicóloga especializada en envejecimiento.
Galicia, una comunidad envejecida
«A medida que nos hacemos mayores, aumenta la incidencia de determinados trastornos mentales, especialmente los depresivos, los de ansiedad y los neurocognitivos como el alzhéimer. Uno de los principales problemas asociados a la vejez es la soledad no deseada, ya que la pérdida de la red social y los cambios de rol pueden afectar a la salud mental. También resulta nefasto el edadismo, que aísla a las personas mayores o menosprecia su aportación a la sociedad», explica Pedro Santamaría Gargamala, coordinador del Grupo de Envellecemento del Colexio Oficial de Psicoloxía de Galicia (COPG).

La soledad no deseada es uno de los grandes problemas asociados a la vejez / PEXELS
Uno de los indicadores más preocupantes es el suicidio. Según los últimos datos publicados por el Instituto Nacional de Estadística (INE), en 2024 murieron por esta causa en Galicia 111 personas de 65 o más años, el 38 % de los 292 suicidios registrados en la comunidad. Ese mismo año, este grupo representaba alrededor del 26,6 % de la población gallega, por lo que concentró una proporción de suicidios claramente superior a su peso demográfico: casi cuatro de cada diez. Los datos más recientes del Instituto Galego de Estatística (IGE), correspondientes a 2025, sitúan ya en el 26,88 % el porcentaje de población gallega de 65 o más años. Esta realidad evidencia que la salud mental de las personas mayores no debe subestimarse ni considerarse una cuestión secundaria asociada al envejecimiento. La elevada proporción de suicidios registrada en este grupo de edad, muy presente en nuestra comunidad, pone de manifiesto la necesidad de reforzar la prevención, la detección temprana y el acceso a una atención psicológica adaptada a sus necesidades.
La soledad no deseada
Envejecer implica, con frecuencia, afrontar la pérdida de personas queridas. Los duelos pueden acumularse con el paso de los años y, si no se cuenta con el apoyo adecuado, aumentar el riesgo de aislamiento y depresión. «Mueren hermanos, incluso hijos, y sobre todo amigos o personas de su generación con las que compartían tiempo y aficiones. Todo ello puede conducir a la soledad no deseada», explica el psicogerontólogo Pedro Santamaría.
Según los últimos datos publicados por el Instituto Nacional de Estadística (INE), en 2024 murieron por esta causa en Galicia 111 personas de 65 o más años, el 38 % de los 292 suicidios registrados en la comunidad. Ese mismo año, este grupo representaba alrededor del 26,6 % de la población gallega, por lo que concentró una proporción de suicidios claramente superior a su peso demográfico: casi cuatro de cada diez
A estas pérdidas se suman los cambios de rol que acompañan a esta etapa: «Sus vidas laborales han concluido y, en el caso de muchas mujeres que se han dedicado durante años a la casa y a la familia, apenas ha habido espacio para desarrollar aficiones o intereses propios. Algunas llegan a la vejez sin saber qué les gusta», señala. Según el IGE, en 2024 vivían solas en Galicia 137.619 personas de 65 o más años, siete de cada diez de ellas mujeres.
Miedo a morir
Pedro Santamaría señala la muerte como una de las principales preocupaciones que pueden aparecer a medida que envejecemos. «Hay personas que consiguen centrarse en el presente y adaptarse a los cambios, las limitaciones, los dolores y la conciencia de que cada vez les queda menos tiempo. Otras, sin embargo, viven bajo esa espada de Damocles que supone el paso del tiempo. A menudo, a los jóvenes les resulta difícil ponerse en su lugar, porque todavía sienten que tienen mucha vida por delante y mantienen la mente enfocada en alcanzar nuevos objetivos».
Edadismo
El edadismo, sostiene Santamaría, es uno de los ‘ismos’ más paradójicos porque, «en el mejor de los casos, todos llegaremos a formar parte de ese grupo de edad». «Surge del miedo, el desconocimiento y el rechazo. No queremos envejecer ni sentirnos más cerca de la muerte y, por eso, tendemos a apartar o evitar todo aquello que nos lo recuerda», explica.
«Hay personas que consiguen centrarse en el presente y adaptarse a los cambios, las limitaciones, los dolores y la conciencia de que cada vez les queda menos tiempo. Otras, sin embargo, viven bajo esa espada de Damocles que supone el paso del tiempo»
El psicogerontólogo señala que el edadismo se manifiesta en numerosas situaciones cotidianas, incluso dentro de las propias familias. «A veces se obliga a las personas mayores a vivir con sus familiares o se toman decisiones sobre sus propiedades y su dinero sin contar con su opinión. Aunque en ocasiones se haga con naturalidad y sin una intención consciente de perjudicarlas, se están vulnerando sus derechos fundamentales. La persona puede acabar asumiendo una indefensión aprendida, sentir que no debe protestar y renunciar a sus derechos para no generar conflictos en la familia». El temor a convertirse en una carga puede favorecer que cedan capacidad de decisión y pierdan progresivamente autonomía.

El contacto con otras personas de su generación es importante para su bienestar / PEXELS
A ello se suma, según el experto, el edadismo institucional, especialmente en el ámbito sanitario. «En ocasiones, cualquier problema físico se atribuye directamente a la edad. Aunque el envejecimiento conlleve cambios en el organismo, es necesario explicar qué ocurre y no utilizar la edad como si fuese un diagnóstico en sí mismo. Durante la pandemia, muchas personas mayores sintieron desamparo y miedo ante las decisiones sanitarias que les afectaban», asegura.
Las dificultades de vivir en el rural y la brecha digital
El profesor de Sociología y Criminología de la Universidad de Santiago de Compostela (USC) Juan José Labora explica que muchas personas mayores que viven en el rural se enfrentan al aislamiento geográfico, una dificultad que no siempre se compensa con una red de transporte público suficiente. «Eso dificulta el acceso a centros o servicios, como los espacios para personas mayores, que favorecen el contacto con otra gente», subraya. No obstante, el experto en sociología de la salud encuentra en el rural un punto muy positivo para evitar la soledad no deseada: la fortaleza de las relaciones vecinales, que suelen ser menos frecuentes en las ciudades.
Además, Labora identifica la brecha digital como uno de los grandes obstáculos a la hora de acceder a determinados servicios. Aunque actualmente muchas personas de alrededor de 70 años manejan las nuevas tecnologías, «sigue existiendo un porcentaje relativamente elevado de personas mayores que no cuenta con una alfabetización digital asentada ni con alguien en su entorno que pueda ayudarlas», apunta.
«Sigue existiendo un porcentaje relativamente elevado de personas mayores que no cuenta con una alfabetización digital asentada ni con alguien en su entorno que pueda ayudarlas»
El sociólogo advierte de que la digitalización se aceleró todavía más después de la pandemia: «La administración electrónica se ha convertido en un obstáculo difícil de superar para acceder a algunos servicios públicos, y esta situación se ha extendido también a ámbitos privados, como el bancario», concluye.
Señales de alarma
El coordinador del Grupo de Envellecemento del COPG, Pedro Santamaría, explica que una de las principales señales de que una persona mayor puede necesitar ayuda psicológica es el abandono de sus rutinas.

Los cambios en la rutina son una señal de falta de bienestar / PEXELS
También recomienda prestar atención cuando atraviesa una pérdida importante o cuando enferma alguna persona cercana con la que compartía actividades, como salir a pasear. En estos casos, acudir a un profesional puede ayudarle a abordar preocupaciones que quizá no cuenta a su familia para no inquietarla.
«Igual que van al médico, visitar al psicólogo puede ser una buena forma de abordar sus temores. Muchas veces ni siquiera conocen esta posibilidad porque, generacionalmente, la psicología no forma parte de su historia».
Normalizando la terapia
Santamaría considera que las personas mayores comienzan a familiarizarse con la terapia y a verla con mayor normalidad. «Suelen llegar recomendadas por otros profesionales de la salud, como el médico de cabecera, el geriatra o el psiquiatra, y la experiencia es muy buena. Ponen en práctica las herramientas que les das con el mismo empeño con el que siguen un tratamiento farmacológico».
Sin embargo, persiste un problema que los profesionales de la salud mental denuncian de forma reiterada: la escasez de atención psicológica en la sanidad pública, que dificulta mantener tratamientos continuados y eficaces. En 2025, el Colexio Oficial de Psicoloxía de Galicia alertó de esperas superiores a seis meses para una primera consulta de psicología clínica en casi todas las áreas sanitarias y de hasta un año en algunas zonas.
Mantener la salud mental a medida que envejecemos
Mantener una rutina física, psicológica y social. Esa es la fórmula para preservar el bienestar durante la vejez. «Es vital mantenerse en movimiento y activar la mente con talleres de memoria o rutinas que nos desafíen. La socialización también es esencial para evitar la soledad no deseada, uno de los grandes problemas actuales», explica Santamaría. Aunque muchas personas mayores cuentan con el apoyo de su familia, esta suele tener sus propias responsabilidades o, en ocasiones, vive lejos. Por ello, el psicólogo destaca la importancia de relacionarse con personas de la misma generación, con las que pueden compartir experiencias y hablar de asuntos que quizá no tratarían con personas más jóvenes.
Persiste un problema que los profesionales de la salud mental denuncian de forma reiterada: la escasez de atención psicológica en la sanidad pública, que dificulta mantener tratamientos continuados y eficaces. En 2025, el Colexio Oficial de Psicoloxía de Galicia alertó de esperas superiores a seis meses para una primera consulta de psicología clínica en casi todas las áreas sanitarias y de hasta un año en algunas zonas
Al respecto, Juan José Labora recalca que el apoyo emocional es fundamental para salvaguardar el bienestar de los mayores: «Es clave crear programas que favorezcan el contacto personal porque funcionan como un factor protector frente a los procesos depresivos y otros malestares de tipo psicológico», sostiene. En los últimos años, destaca el sociólogo, se ha implementado con acierto el contacto intergeneracional: «Hay colegios, residencias y centros de mayores que fomentan la relación entre personas de edad avanzada y niños o jóvenes. Unos comparten sus experiencias vitales y otros los ayudan, por ejemplo, con el uso de dispositivos tecnológicos». Según Labora, algunas de estas relaciones continúan incluso después de finalizar los programas, lo que permite crear vínculos duraderos entre la población de más edad y los adolescentes o jóvenes. Y es que el contacto con personas de distintas generaciones también constituye una fuente de enriquecimiento personal.

El contacto intergeneracional también aporta riqueza / PEXELS
Las personas mayores, al igual que Esperanza, pertenecen a una generación que aprendió a soportar las pérdidas, los miedos y las dificultades sin hablar de ellos ni pedir ayuda. Sin embargo, esa realidad empieza a cambiar. Cada vez son más quienes encuentran en la terapia y en los vínculos sociales un espacio para expresar lo que sienten y cuidar también su bienestar emocional. A sus 97 años, Esperanza reconoce que las sesiones con su psicóloga le permiten mantener «bien amueblada» la cabeza y afrontar sus preocupaciones. Su experiencia demuestra que nunca es demasiado tarde para dejar de resistir en silencio y aprender a dejarse acompañar.
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