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Fenómeno astronómico

Ni el eclipse eclipsa una tarde de compras y turismo: "No voy a parar mi vida por 40 segundos"

El centro de Barcelona vive sin mucha épica el fenómeno histórico, con excepción de aquellos que han aprovechado el rato en que el cruce lunar se ha podido apreciar a pie de calle para improvisar un punto de visión entre Portal del Àngel y Plaza Catalunya

Un hombre observando el eclipse desde el Castillo de Montjuic, con Barcelona de fondo.

Un hombre observando el eclipse desde el Castillo de Montjuic, con Barcelona de fondo. / Belén González / EPC

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Barcelona

20.29 horas exactas de la tarde y se hace de noche en el centro de Barcelona. Media hora antes de lo que lo hizo ayer, media hora antes de lo que lo hará mañana y todo para recuperar el cielo la luz del atardecer en cosa de minutos. Ha sido culpa de la luna, que ha pasado justo por delante del sol ese rato, provocando un eclipse histórico que se ha vivido sin mucha épica, en realidad, en esta zona neurálgica de la capital catalana.

No han sido pocos los que han sacado gafas y móviles en la cima de Portal del Ángel y la base de Plaza Catalunya el rato que el eclipse ha sido visible a pie de calle, momentos antes de que oscureciese por completo. No han sido menos los que han hecho lo propio arriba de todo del edificio de El Corte Inglés, en el restaurante que ocupa prácticamente toda la cúpula y que ha ofrecido una visión privilegiada del fenómeno a través de sus grandes ventanales. Y en muchas de las tiendas que inundan la Rambla Catalunya y el Passeig de Gràcia se ha sucedido la estampa de trabajadores en la puerta de los locales tratando de captar lo que pudiesen del evento.

Sin embargo, han sido más los que han ignorado deliberadamente el evento. O eso parece, visto que el vaivén de turistas ha sido el mismo que cualquier otra tarde de agosto, que las tiendas no han bajado la persiana ni un minuto antes de la hora establecida o que las terrazas y bares se han ido llenando como suelen hacerlo cuando se acerca la hora europea de cenar.

“Mira, he decidido no verlo porque estoy hasta el moño de oír hablar de él”, reivindica Cristina, que contaba este miércoles por la tarde a EL PERIÓDICO que ha decidido aprovechar la pequeña tregua que suele dar el calor a esta hora de la tarde para resolver un par de recados justo en los grandes almacenes más emblemáticos de España.

"Me da completamente igual y una pereza enorme, me pienso meter en el Zara cuando sea la hora", advertía otra Cristina, esta unos 30 años menor a la primera y acompañada de tres amigos, David, Mateo y Marina, que sí confesaban algo más de interés en ver el eclipse. Su intención, menos de una hora antes de que empezara a apreciarse, era bajar hasta la playa de la Barceloneta, aunque tuviesen que hacerlo sin gafas. "Diles que es una imprudencia", pide quien está más interesada en el imperio de Amancio Ortega, que en la conjunción astral.

Logística complicada y desconfianza en las gafas

La indiferencia es el argumento que más sale a flote. Ana y Rocío, por ejemplo, han dejado a los maridos en casa y han decidido irse de compras. Son cuñadas. La segunda está unos días de visita en Barcelona y han aprovechado la única tarde sin excursiones programadas para pasear por el centro. "No voy a parar mi vida por 40 segundos de eclipse", razonan, insistiendo en que no tienen tanto interés como para afrontar la logística que supone verlo en Barcelona. Pensaban llevar unas gafas encima por si acaso, pero entre que había lista de espera en la farmacia y la desconfianza por las que han retirado del mercado estos últimos días, han decidido que ni eso. "Si llegamos a casa a tiempo, lo veremos en la tele con una Coca-Cola fresquita", resumen.

"Esto, para los científicos que lo observan es muy interesante, pero, ¿para el resto? ¿Colas y aglomeraciones para ver una cosa que dura segundos?", se preguntaban, en la misma línea, Esther y Jaume, entrando a comprar justo una hora antes de que la luna eclipsara al sol. Ella admite que también ha pesado algo el miedo y no acabar de entender por qué se le está dando tanto bombo al asunto.

Mezclan, del mismo modo, miedo y pereza Adriel y Rafa. "Me han 'cagado' con eso de que voy a quedarme ciego", reconoce uno de ellos. "Conozco gente que se ha ido hasta Tarragona para verlo, pero está la carretera petada, todo colapsado...". Mejor un paseo por una Barcelona que ellos, con conocimiento de causa por ser captadores de socios para una ONG, ven tan llena como cualquier otro día.

La única incógnita, llegados a este punto, es si David (nombre ficticio) habrá logrado convencer al amigo al que trataba de seducir por teléfono a media tarde mientras merendaba en una pastelería de la zona: "¿Pero por qué no quieres salir sin gafas? No mires al sol y listo, mira la cerveza".

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Fuente: El Periódico

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