La Guardia Civil busca la cabeza de la víctima

Un hacha, una botella de whisky y una escopeta: las últimas horas del policía que decapitó a su mujer en Madrid

Jorge, policía jubilado, le disparó en el corazón antes de cortarle la cabeza. Pasó más de un día con el cadáver sobre la alfombra de la habitación

Ella quería divorciarse y él recibió una notificación para que abandonara la casa en las próximas semanas

Guardias civiles, frente a la escena del crimen, el chalet de Soto del Real (Madrid) donde fue asesinada Soledad.

Guardias civiles, frente a la escena del crimen, el chalet de Soto del Real (Madrid) donde fue asesinada Soledad. / / EP

Luis Rendueles

Luis Rendueles

La Guardia Civil sigue buscando la cabeza de Soledad, la mujer de 65 años asesinada y decapitada por su marido Jorge, el expolicía municipal de Soto del Real (Madrid), al que sus compañeros llamaban Walker. Los investigadores han encontrado el cuerpo, sangre y varios mechones de pelo de la mujer, también el tronco de madera donde la apoyó para decapitarla y el hacha con el que lo hizo. Ayer jueves estuvieron buscando en el vertedero de Colmenar Viejo, sin éxito.

"Tiene que abandonar la casa"

Soledad había decidido separarse de su marido, Jorge, el padre de su tercer hijo. El hombre no aceptaba su decisión y ella inició los trámites legales. La semana pasada, la mujer, de 65 años, se fue a Londres a ver a su hija mayor. Mientras ella estaba en Inglaterra, Jorge, su marido, de 53 años, recibió un burofax en el que se le comunicaba que "tenía que abandonar la casa" en la que vivían, en Soto del Real (Madrid), que era propiedad de la mujer.

La mujer regresó el 14 de junio a Madrid. Los primeros hallazgos de la investigación de la Guardia Civil no han podido determinar aún si fue asesinada el sábado o el domingo, pero sí permiten ya reconstruir las últimas horas del asesino y de su víctima después de que ella regresara a su casa. Jorge, el marido, disparó en el corazón a su mujer dos balas del calibre 22 con una carabina. Una de ellas le impactó en el corazón y le causó la muerte.

Las pesquisas apuntan que el asesino trasladó la cabeza de la víctima en coche hacia alguna zona de monte. Ese fin de semana tuvo a su disposición tres vehículos: una moto BMW, el coche de su padre y el de la víctima, un Audi A3 amarillo

El crimen ocurrió en la planta baja de la casa, en la calle Vicente Aleixandre de Soto del Real (Madrid). Los primeros datos apuntan a que el hombre pasó al menos un día con el cadáver sobre la alfombra de la habitación. Fue después cuando lo trasladó al garaje. Allí lo colocó sobre un tronco de madera. Con un hacha, decapitó a su mujer.

Muy pronto, la hermana y la hija de Soledad habían empezado a llamar al teléfono móvil de su madre, que estaba encendido y en poder del marido. Nadie contestaba. Fue entonces cuando el asesino decidió deshacerse de la cabeza de su mujer. Jorge no tenía coche propio, aunque ese fin de semana tuvo a su disposición tres vehículos: una moto BMW suya, el coche de su padre y el de la víctima, un Audi A3 amarillo.

Con el cadáver de su mujer en el garaje, Jorge subió a la buhardilla con una botella de whisky y una escopeta de caza. Se bebió entera la botella y se pegó un tiro en el pecho. No dejó ninguna nota

Un coche amarillo

Las primeras pesquisas apuntan a que fue en ese coche en el que el marido asesino trasladó la cabeza de la víctima hacia alguna zona de monte cercana. Varios testigos aseguran haberle visto el domingo conduciendo el coche de Soledad. El expolicía municipal, de baja después de sufrir un accidente, era aficionado a la montaña y conocía muchos rincones de la zona.

A su regreso a casa, con el resto del cadáver de su mujer en el garaje, Jorge subió a la buhardilla con una botella de whisky y una escopeta de caza. Se bebió entera la botella y se pegó un tiro en el pecho. No dejó ninguna nota.

El coche donde supuestamente trasladó la cabeza de su mujer no será de ayuda, es antiguo y no tiene dispositivos gps ni otros sistemas que permitan rastrear sus últimos recorridos. Los investigadores analizan ahora los dos teléfonos móviles, el del asesino y el de la víctima, en busca de pistas o lugares donde buscar la cabeza de la mujer.