El Correo Gallego

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cuando el miedo llega a la oficina

Más de 400 gallegos denuncian al año que sufren acoso laboral

La asociación Agacamt lamenta que el TSXG "sólo dicta un 10% de sentencias favorables al trabajador" // Las víctimas hablan de "gritos, insultos e incluso agresiones físicas" // Sus jefes se han convertido en sus "mediocres carceleros"

PATRICIA HERMIDA • FERROL  | 07.12.2008 
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KIKO DELGADO
Los mayores porcentajes de acoso se dan en el funcionariado, donde no hay mecanismo de despido
FOTO: KIKO DELGADO

De repente, la oficina se convierte en su prisión: con el jefe como carcelero y los compañeros ejerciendo de secuaces. La vida de la víctima del acoso moral cambiará a partir de entonces. Aunque las circunstancias adversas se superen, ya no volverá a ser la misma de siempre. Más de 400 gallegos denuncian al año que sufren mobbing, ante la Asociación Gallega de Acoso Moral en el Trabajo (Agacamt). El mobbing no existe como figura judicial. Y al trabajador no le queda otra salida que pedir el despido improcedente, e indemnizaciones por daños a la salud.

La víctima intenta escapar de las celdas laborales. Pero también puede darse de bruces con los muros de la Justicia. Según Eva Ventín, presidenta de Agacamt, "ante el Tribunal Superior de Xustiza sólo obtenemos un 10% de sentencias favorables al trabajador, frente al 30% que logran en el resto de España".

Incluso en primera instancia, los acosados se encuentran con obstáculos. En una ciudad como Vigo, el 70% de las sentencias resultan desfavorables. Ventín reconoce que "la gente tiene miedo a denunciar, llega desanimada". Y en los tribunales, "pueden denegarse pruebas como las grabaciones, se desvaloran los documentos médicos, sobre todo, si proceden de la sanidad privada". Cuando llega a los juzgados, la víctima debe prepararse para un auténtico vía crucis: "Se encuentra en indefensión, los psiquiatras del Sergas ni siquiera tienen medios para detectar el mobbing. El proceso judicial será muy duro, y casi imposible ganar".

Y en Galicia: más conservadurismo. "Los jueces aún no son capaces de conectar con la sensibilidad ciudadana", lamenta la presidenta de Agacamt. Los mayores cotos de caza para los acosadores: las administraciones públicas. Según Ventín, "aquí los funcionarios cuentan con el agravante de la indefensión, la Administración dispone de recursos económicos para recurrir las sentencias y llegar a Estrasburgo". Y en el 90% de los casos la administración no ejecuta la sentencia, aunque sea favorable a la víctima. ¿Por qué el mobbing cae como una bomba en el funcionariado? "No hay otro mecanismo de despido, el caldo de cultivo del acoso es el trabajo fijo", sentencia Agacamt.

Narcisista e incompetente

En el infierno laboral, la víctima puede encontrarse dos tipos de acosadores. "Tenemos al empresario que quiere ahorrarse los costes del despido, y que recurre a hacerle la vida imposible al trabajador", explican desde Agacamt. Este emprendedor pertenecería a "una clase empresarial que involuciona, sin cultura preventiva". Pero el auténtico enemigo se encuentra en "aquel superior o compañero de trabajo que se sabe incompetente y mediocre". Este acosador tiene miedo a que lo superen: es narcisista y ve al compañero como una amenaza, "y se siente desplazado porque se sabe inferior".

Como se siente inseguro, el acosador pasará al ataque. Aquí empieza el calvario del acosado, que tendrá que prepararse para todo. "Se le ningunea, no se le saluda, se le retiran las funciones, le aumentan las tareas por encima de lo permisible, lo denigran y poco a poco los compañeros le hacen el vacío", analiza Ventín. Como presidenta de Agacamt, ha escuchado auténticos relatos de terror. Algunas víctimas incluso sufrieron agresiones físicas.

"Aquí llegó una persona a la que le había pegado su jefe. Pero no tenía testigos ni parte de Urgencias. Tras la paliza tuvo que dejar su trabajo y perder sus derechos", relata Eva Ventín. Tan terrible historia va acompañada de vejaciones sutiles por parte del "mediocre carcelero". El acosador convence a los compañeros "para que no hablen a la víctima, ni tomen un café con ella". Y así pueden pasar dos años: hasta que la olla a presión se desborda de violencia. Queda un resquicio de esperanza en aquellas empresas gallegas que ponen freno al acosador: defendiendo a la víctima y renegando del maltrato.

SARA GARCÍA, EMPLEADA DE UNA PANADERÍA

"Ya nadie me saluda en el trabajo, soy invisible"

Como Sara tiene serios problemas de visión, su jefe colgó una sentencia desfavorable a la trabajadora "en una pared y subrayada en fluorescente". Esta empleada de una panadería coruñesa, en convenio con una asociación de minusválidos, soporta desde hace cuatro años gritos y vejaciones.

Todo empezó cuando la eligieron delegada de UGT. Al principio, Sara García no daba importancia "a las marginaciones y humillaciones". Hasta que su jefe le pidió que rebajase sus condiciones laborales, y ella se negó. A partir de ahí, "me cambió de puesto y me prohibió que me dirigiese a él, pero él me gritaba y me acorralaba". Con el tiempo, no le permitieron que hablase con los compañeros. Y cada vez que llega a la panadería, "nadie me saluda y me tratan como si fuera invisible, una presa o una infecta, cada día es un suplicio".

Empezaron las devaluaciones de su trabajo: la encargada la vigilaba constantemente y "el jefe se sentaba a mirarme mientras fregaba los baños". Sara pidió una baja y denunció a la empresa por acoso laboral. Pero una sentencia desfavorable la ha devuelto a "un trabajo que me hace falta, porque tengo 48 años y necesito el dinero". Las humillaciones se suceden: poesías escritas por Sara aparecieron tiradas en el suelo del baño, el jefe avisó con sancionar a la trabajadora, y después la denunció por amenazas. "Mi jefe incluso denunció a mi hijo por amenazarlo con un destornillador, inventándolo todo", lamenta Sara. Reconoce que "no me queda confianza, pero lucharé por mis derechos".

ENEMIGO AL LADO

Cuando repercute a fondo en la salud

Aunque sobrepase el episodio del acoso, la víctima se volverá "más vigilante y desconfiada". Los transtornos postraumáticos pueden acarrear problemas de salud a largo plazo. "Hay gente que cinco años después desarrolló cáncer de útero o de pecho, o problemas de corazón. El cuerpo humano es un misterio", indica Eva Ventín.

Compañeros como "agentes dobles"

Según Agacamt, "es muy difícil que los compañeros te apoyen". Suelen hacer de correa de transmisión: "Caen en la rumorología, transmiten a la víctima lo que piensa el jefe, se convierten en cómplices del acosador y en agentes dobles". Y cuando el jefe ataca, ellos se sienten superiores: "Se arriman al superior porque son mediocres".

Guerra psicológica que entra en casa

El acosado debe contar con el apoyo familiar "para evitar que la guerra psicológica entre en casa". Agacamt sugiere que "siempre haga pública su situación ante los amigos, que se desahogue". La entidad acusa a "aquellos compañeros que a río revuelto sacan ganancia de pescadores, que sacan tajada del acoso".

La importancia de la cultura preventiva

El mobbing sólo puede erradicarse con la colaboración de los empresarios, con una mayor cultura preventiva. "Sólo con el bienestar de los trabajadores se logra un mayor rendimiento", indica Agacamt. Con este objetivo, el empresario debe establecer una serie de procolos para evitar el acoso en el trabajo.

Sufren los mejores, los más preparados

Siempre sufren mobbing "los mejores profesionales, los más preparados porque generan envidias". Ante el acoso: "soluciones dentro de la empresa". Sólo así el mobbing puede resolverse de modo no traumático, sin recurrir a los juzgados. Agacamt recomienda que "los empresarios eviten abusos de poder y el mal ambiente en la oficina".