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Ahora, ¡a jugar!

esta oleada de infantilismo que nos persigue y acosa cada vez con más ahínco acaba de recibir un espaldarazo económico por nuestro Yo, el Supremo nacional y su cortejo. ¿De qué se trata, dirán –ingenuos– Ustedes? Pues, ¿de qué ha de ser procediendo de esta Corte de los Milagros? ¡De una nueva subvención, señores, quién lo duda! Subvención dedicada en este caso a fomentar los más que fomentados y boyantes “videojuegos” y otros “elementos de ocio” con un montante superior a los cuatrocientos euros del ala por usuario. No está mal, no, para un jueguecito.

La preocupación que tal muestra de altruismo gubernamental evidencia por tantos miles y miles de ciudadanos del gremio juvenil me ha dejado, créanme, en éxtasis; en un deliquio místico ante iniciativa de tanto amor y probidad. Esto es: las alarmantes cifras y larguísimas colas de gentes que hoy solicitan comida en nuestras ciudades y pueblos y se encuentran ya en riesgo de exclusión, convivirán ahora con la ayuda generosa a los jugadores de maquinitas que enclaustran y emboban a los menores ante una realidad tan perjudicial como inexistente.

Pero no se inquieten, esto es el maná y hay para todo. Sin tasa. Bruselas está al quite. Solo un pequeño problema: a la hora de devolver lo subvencionado con tanta largueza, ¿dónde estarán estos que siguen avanzando escoltados por la industria del chiringuito y la subvención? ¿Qué les daremos para pagarles? ¿Tiene eso pensado Yo el Supremo? De momento vamos a calmarnos. Más nos vale.

Casi coincidente con esta novedad ha llegado otra, esta vez de naturaleza canina e impulsada por las/ los/ les de Podemos. Felicidades por la iniciativa, que va en la línea ascendente de humanizar al perro y no de animalizar al hombre, tarea esta ya en fase de consolidación. La prensa se hace eco clamoroso de la nueva legislación, modelo mundial que hará temblar a tanto amo maltratador que abandona al tierno chucho por temporadas, que no le proporciona residencia idónea, ni lo viste ni lo calza ni lo nutre y mima ni lo pasea como debe ser... y aun lo deja dando la tabarra ruidosa a quienes ningún mal le hacemos. Ojo, además, con las nuevas medidas médicas, legislativas y de convivencia, y con los nuevos impuestos para el bicherío y con el acecho de una Hacienda que se encuentra “canina” y nunca mejor dicho.

Está con nosotros la Real Fábrica de Moneda y Timbre que no da abasto, no paran. Yo creo que dando a las máquinas una más alta velocidad media este desafuero del despilfarro podría arreglarse y hasta opino que los dineros llegarían más alegres aunque nos durasen lo mismo. Somos una vez más unos manirrotos. En fin, que tiras por un lado y se te va por otro. Lo que no puede ser, convenzámonos, no puede ser y además es imposible, aunque no queramos admitirlo.

15 oct 2021 / 01:00
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