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Bernhard Schlink: de encuentros y despedidas

‘Los colores del adiós’ (Anagrama. 2022) es uno de los libros que abren el nuevo año 2022. Procede de la última narrativa alemana y su autor, Bernhard Schlink, es a la vez juez y escritor y no pocos lo consideran un clásico contemporáneo de las letras germanas. Sobre todo porque en 1995 publicaba El lector, que pronto fue un aldabonazo en la vida cultural y literaria del país. Recibió más de media docena de premios en varios países europeos y se tradujo a más de treinta lenguas. Es de ese tipo de novelas que consagran a un escritor, que explica y representa toda una época, unos acontecimientos que ponen en juego la historia (con su cortejo de avatares trágicos) de una nación arrojada por los suyos a un pavoroso abismo en forma de genocidio. Están abiertas, en sus páginas, las más perversas ideas, proyectos, sueños y las más aterradoras megalomanías del ser humano. Son los rescoldos de la vida alemana durante y después de la Segunda Guerra Mundial y es una novela breve, pero de impresionante hondura humana.

Tampoco le faltó el éxito a Schlink en su serie policíaca de Selb (iniciada en 1987 con La justicia de Selb) y no ha perdido el escritor sus mejores cualidades narrativas en esta recentísima Los colores del adiós, bien traducida por Juan de Sola: un conjunto de nueve relatos de cierta amplitud que poseen una patente cohesión interna, un discurso narrativo apretado, ceñido a los personajes y al intenso análisis psicológico de caracteres y situaciones vividas al paso del tiempo. En fin, el lenguaje narrativo es de alcance y naturaleza íntima, introspectiva y se apoya en la claridad, la precisión y su equilibrada andadura. Poco o nada que no pertenezca a la esfera individual, familiar o emotivo–sentimental de los personajes entra en esta historia de intensa privacidad, cerrada en las variadas y cambiantes relaciones humanas.

Pocos textos como los aquí reunidos se hacen con el lector de forma tan plena y absorbente estableciendo con él un contacto dialogado, confidencial, que atañe a cuestiones, problemas, relaciones, variaciones y cambios que el tiempo acarrea y, en definitiva, el acoso de pérdidas y lo declinante de la vejez. Una pátina de serenidad atraviesa la visión y referencia del vivir y lo vivido, de la oposición de lo efímero y lo perdurable en los asuntos del corazón, de los deseos y pasiones, de lo quebradizo de la convivencia, del aprendizaje de nuestro relacionarnos y estar en el mundo y de no pocos aspectos concretos de la mentalidad y del enfrentar la vida de las gentes de la actual sociedad alemana. Motivos de radical dureza como el suicidio, el abandono, los conflictos generacionales, la sexualidad, la ruptura familiar, la vejez y la muerte poseen en estas páginas un sólido nivel de reflexión, una plasmación tan viva y despojada de adherencias estériles que interesan a quien lee con inmediatez, creando una zona de opinión autor–lector, en la que van discurriendo aceptación y discrepancia de juicios.

Los colores del adiós es un muy positivo comienzo literario de año de un autor de bien probada categoría; un libro muy bien escrito en el que lo contado y analizado nos atañe y compete. Quisiéramos probablemente que sus colores no fuesen por momentos tan oscuros, tan grises, tan faltos de luz, tan poco resistentes al ultraje del tiempo y a nuestra propia fragilidad. Pero la realidad de la existencia es como es, no como a nosotros nos gustaría, y por eso tenemos que padecerla.

21 ene 2022 / 01:00
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