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Carmen

Justamente la pasada semana citábamos a James Ellroy. En una determinada frase de un epílogo, nos hablaba del hecho de reescribir la historia, distorsionándola y saqueándola si fuese necesario, para recomponerla, como una suerte de pintura a gran escala. Y añadiendo que ese era, precisamente, su trabajo como novelista. La máxima de ese gigante serio nos vale magníficamente para el ejemplo del que hoy hablaremos. Se trata de la última obra de Carmen Posadas, una de las voces mayores de nuestro tiempo, testigo atenta y sutil, notaria eficaz y puntual, que es capaz de defenderse tanto en las distancias cortas como en las largas. O sea: en sus artículos (no se pierdan, por favor, y bajo ningún concepto, sus columnas periodísticas, en especial las del Antena Semanal) y en sus novelas. Investiga, va al fondo de las cosas. Ante todo, echa mano de la memoria, y así es cómo aquí recuerda tanto su Uruguay natal como el Moscú de los siguientes años (ventajas de tener una familia de diplomáticos). Y nos cuenta en la introducción cómo se va conformando en ella esa voluntad de escribir, tras la observación atenta de su entorno. No sólo a los personajes variopintos que van discurriendo a su alrededor, sino los menos visibles: los fantasmas. Y nos desliza una frase luminosa: “Escribir es mirar a otros a través del ojo de la cerradura... y mi más vieja ocupación...”

el ojo de la cerradura. Carmen, a quien solemos ver todos los años en el transcurso del Premio Planeta, acaba de publicar, en Espasa, una obra con un texto apasionante. Se llama Licencia para espiar, y lleva un subtítulo que aclara que es La novela de las mujeres que se dedicaron al peligroso arte del espionaje. En ella trae a colación a personajes harto conocidos. Mujeres que, efectivamente, se hicieron muy famosas bien por su trabajo efectivo o, también, por su vida legendaria, que las crónicas al uso, la literatura o el cine se han encargado de popularizar. Aquí tendríamos que citar a Josephine Baker, la Venus de Ébano, cantante y bailarina del Folies Bergère de Paris, donde se hacía acompañar por la orquesta de Claude Hopkins, donde tocaba Sidney Bechet. ¿Saben quién fue su secretario? Un tal Georges Simenon... Y Mata Hari, claro. Y la actriz Hedy Lamarr... Aunque menos conocida, Larissa Swirski, inspiró a Ian Fleming para crear el personaje que protagonizó Ursula Andress en 007 contra el doctor No. Pero Rahab, primera de la historia, responsable última de la caída de los muros de Jericó, era un misterio. Y gigantesca fue María A Balteira, amante de Alfonso X El Sabio. En este libro, su personaje está tratado con una profundidad y un acierto que merecería una obra aparte...

05 dic 2022 / 01:00
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