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Cumpliendo años y enredando con juguetes

Son pocos los que celebran su onomástica. Algunos no saben ni la fecha. Lástima: es un día grande que se pierden.

Con los cumpleaños ocurre a la inversa. Se sabe la fecha y habitualmente se festejan, rompiendo la rutina de ese mes o esa semana. Las fiestas de los niños en los colegios y con los familiares, son hoy un evento ya ineludible de toda agenda.

En enero, el cumpleañero es un conocido que sin mentar su nombre ya sale el apellido: Mozart. Vamos a agasajarlo como procede.

Nació en Salzburgo, la tarde del 27 de enero de 1756. Es un dato que nadie discute. Más allá de eso, y pese a su breve existencia, aun es reo de ficciones y mitos.

Se habla de su misteriosa muerte en 1791, marcada por acaecer dejando inconcluso su Requiem, por dar fama a un género no valorado (el singspiel) y por componer ese año, obras de distinto signo: el motete Ave verum y la ópera La clemencia de Tito. No había alcanzado su 36 aniversario.

¿Quiénes fueron y a qué se dedicaron sus padres? ¿Cómo lo educaron? ¿Tuvo parentela relevante en el campo de la música? De todo esto y más detalles sociológicos apenas hay noticias ciertas, aunque sí datos para formarse una idea de lo que fue su existencia. Mucho se deduce de sus biógrafos o estudiosos posteriores. Otro tanto se intuye de sus notas y copiosa correspondencia, así como de su estilo musical y su modo de abordar la vida. Y todo lo demás, a la imaginación y a confusas noticias difundidas ya antes de su muerte, por no citar la literatura y filmografía de las últimas décadas.

Sus padres, Leopold y Anna María, según parece, se comportaron como cualquiera de sus conciudadanos. Escribe G. Jackson: Así pues, el patrimonio familiar de Mozart era muy favorable. Un padre y una madre que se amaban mutuamente, que cooperaban acertadamente en todas las cuestiones de la vida práctica y que de buen grado dedicaban su vida al bienestar de sus hijos. Un ambiente de inteligencia, energía, habilidades artesanales y una sólida ética de trabajo; y esto tanto en la familia paterna como en la materna.

Leopold nació en Ausburgo, en hogar modesto. La familia tuvo entre sus miembros “encuadernadores”, es decir, artesanos que en cierto modo eran artistas, aunque de otro tipo. La disciplina en el trabajo eran sus avales, heredados y acrecentados por Leopold al formarse él como niño de coro. Pero ni fue cura ni artesano. Era ávido e inteligente. Se instaló en Salzburgo, donde no pisó la universidad, pero sí obtuvo conocimientos de filosofía y derecho. A mayores, era conocido como virtuoso violinista y compositor. Fue Kapellmeister auxiliar del más alto mandatario de la villa: el arzobispo, quien no le dio ascenso alguno por ello. Ser músico entonces no rentaba en absoluto. Vivió con acomodo por las ganancias de las clases de música que impartía por su cuenta.

En 1756 editó un libro sobre el violín y su práctica -Versuch einer gründlichen Violinschule- aun valorado hoy pues muestra cómo se tocaba entonces este instrumento. Esto le debió causar un alto grado de frustración, dato que puede explicar el modo de proceder con sus hijos.

María Anna nació en Saint Gilgen, cerca de Salzburgo. Su padre fue el culpable de que Mozart se llamase Wolfgang. En toda la familia no hay noticia de vínculo alguno con la música. Eran modestos campesinos, personas recias y de principios.

Leopold y Anna María se establecieron en Salzburgo en un piso propio. Tuvieron, que se sepa, hasta sietehijos, de los que solo conocemos a Wolfgang y a Nannerl. Su aparente vida cotidiana cambió cuando se dieron cuenta de las aptitudes de Nannerl al clavicémbalo y, al poco tiempo (cuatro años se llevaban) del rápido aprendizaje de su pequeño hermano.

Con este potencial en casa se fueron convirtiendo en managers de sus hijos, planeando y emprendiendo largas giras por Europa.

El joven Mozart afianzó su firma: su nombre de pila, Ioannes Chrysostomus Wolfgangus Theophilus, lo redujo a Wolfgang Amadeus o simplemente Mozart. Juan Crisóstomo es su santo patrón, Wolfrang (griego) y Amadeo (latín) equivalen al germano Gottlieb: el amado de Dios, nombre que usó hasta que en su juventud lo cambió por Amadeus.

El resto de la historia es de sobras conocida, o divulgada, porque nunca termina de estar culminada. De hecho, una de las obras que circula en el repertorio de música clásica infantil, la Sinfonía de los juguetes, se atribuye a todo músico que tuvo relación con Mozart y su entorno. Y no es raro, pues posee rasgos de tradición y modernidad al mismo tiempo.

Solo tiene tres breves partes (Allegro-Minuetto-Allegro moderato) con una duración total de 10 minutos. La orquesta es reducida (abundan cuerdas frente a vientos y metales) y sorprende por los juguetes: silbato, carraca, reloj de cuco, tambor y triángulo.

Mientras la escuchamos, si les parece, degustemos la tarta en medio de esa melodía que él tarareó, o contribuyó a componer, en su propia casa.

25 ene 2022 / 01:00
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