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{ RELATOS }

Aquellas mujeres de Sanxenxo

Lilainas, Antonio Castro Martínez, Librería Nós, 2010, 80 págs. 15 €

JOSÉ MANUEL ESTÉVEZ-SAÁ  | 19.08.2010 
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Antonio Castro Martínez es autor, también, de ‘Luz, viento, arena y mar’

En la introducción a su libro de relatos Lilainas, el escritor y magistrado Antonio Castro Martínez (Sanxenxo, 1958) nos explica, con detalle y maestría, tanto el proceso de gestación de sus composiciones narrativas, como el propio origen etimológico del término que da título al volumen. Lo cierto es que, independientemente de que el legendario gentilicio de la villa (lilaino vs. lilaina) refiera al modo en que los marineros de Portonovo denominaban al pequeño mollete de pan de trigo o lila que consumían los de Sanxenxo (en contraposición a los grandes bollos de maíz o broas que portaban ellos), o a las lilas que florecían en su playa, antaño poblada por miles de jilgueros, sílgaros o xílgaros (de ahí el nombre de Silgar), el escritor, con sus cinco relatos, consigue homenajear a todas aquellas mujeres del Sanxenxo de sus recuerdos, y al resto de las mujeres que, con el paso de los años, han ido identificándose y sintiendo el pueblo como propio. Antonio Castro muestra una especial sensibilidad para desnudar la parte más íntima del ser humano y plasmar las pasiones más inconfesables. Es esto algo sólo propio de escritores avezados, que saben poner la riqueza del lenguaje poético al servicio de un proceso narrativo (en tercera persona a veces, en primera otras), que conmueve por lo sincero y cercano que resulta. Castro Martínez une "la sal de la tierra" a la sal de la palabra, y nos regala unos relatos cuyos títulos aluden directamente a las verdaderas protagonistas de los mismos: "Alba", "Rosario", "Beatriz", "Catalina" y "Doña Luçía". Son todas ellas mujeres flores o femmes-fleurs (que no floreros); maravillosos seres que esconden historias tiernas, sinceras y valientes. Podemos compartir el amor platónico y espiritual de Juan Ramón hacia Alba, esa catequista de pies "pequeños y volátiles" y voz de "miel y canela". Somos capaces de sentir el amor fraternal de esa mujer de "existencia inquietante" que fue Rosario hacia Amada, su hermana. Vibramos con la personalidad de Beatriz, para quien "definirse era limitarse"; una veraneante soñadora que veía en Silgar una "forma de sonrisa". Viajamos en la vieja gamela de Manuel, quien sufrió, desconsolado, la triste partida de Catalina, aquella mujer cuyos "ojos discutían con el cielo qué azul se merece el mar". Revivimos a Lusita, la Duquesa que "parecía caminar sin necesidad de tocar el suelo" y que se acordó "con preocupación y simpatía de los prófugos de la justicia". En definitiva, la colección de Antonio Castro nos ofrece obsesiones y sueños, ansiedades y temores; un maravilloso mundo impregnado de naturaleza, de esperanza y de muerte: el Sanxenxo más auténtico y real que la unión del recuerdo y la imaginación puede llegar a engendrar.