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Mateo

ISIDORO PEÑA   | 28.02.2011 
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Cualquier aproximación literaria a un personaje histórico es un riesgo. El biógrafo o narrador ha de colegir un montón de hechos que no ha conocido de primera mano. Y así, acudirá a diversas fuentes documentales. El problema es que esas fuentes pueden o no ser fieles a la realidad, pero es bastante más que probable que sean mayoritariamente falsas, o, al menos, erróneas, en la medida en que con mayor frecuencia de la deseada la historia se ha mezclado rápidamente con la leyenda.

El más grande de los biógrafos antiguos, Plutarco, era consciente de esas limitaciones. Él nos da una visión muy personal, muy interesante, y con un criterio moralizante muy explícito, de personas que no ha conocido, pero cuya huella, viva, de relieve nuevo, persiste en su momento.

Nadie como él ha trazado un retrato tan coherente de Julio César, de Alejandro, de Filipo de Macedonia (esta última, desgraciadamente perdida; hemos tenido que conocerla, una vez más, a través de intermediarios). Como es bien sabido, su análisis va directo a la voluntad de sus protagonistas. Investiga, y logra resultados excepcionales, en torno al carácter y a la forma en que éste va perfilando el devenir de esos semidioses. Y nos lo cuenta con una exquisitez, con una riqueza de matices que lo convierten claramente en uno de los escritores más brillantes, junto al propio Julio y a Petronio, de toda la Antigüedad.

La biografía, incluso la novelada, ha sido un género mayoritario. Uno recuerda ahora a gigantes como Stefan Zweig y sus Momentos estelares de la Humanidad, donde cada capítulo es una celebración de la plenitud. Y, muy alejado de ese modelo, pero igualmente interesante, la aproximación a la vida privada de la Sagrada Familia que hace el formidable Gustavo Martín Garzo en su increíble El lenguaje de las fuentes.

ANTONIO COSTA

La última muestra de una biografía novelada nos la proporciona un escritor magnífico. Es Antonio Costa Gómez, y ha publicado, en Nowtilus, una novela redonda, pletórica, lúcida: Mateo, el Maestro de Compostela.

Hace poco hablábamos de Mateo, que se cuela en los entresijos de la trama de El ángel perdido, de Javier Sierra. Éste se sorprende de un hecho insólito: de la presencia en el parteluz del Pórtico de la Gloria del personaje de Gilgamesh, alguien a quien sólo pudimos conocer a partir del descubrimiento en Nínive a fines del s.XIX de las tablillas cuneiformes sumerias que daban fe de él. ¿Cómo tuvo noticia Mateo de su existencia en pleno siglo XII? ¿Qué corriente de sabiduría no oficial llegó hasta él?

En su aproximación a este personaje, Costa se ha convertido en un notario de lo sublime. Consigue captar la evolución vital del genio. Un desarrollo que parte de la inocencia dañada a la plenitud artística. Una aventura vital nada fácil, trufada de sinsabores y enfrentamientos, y, como en los personajes de Plutarco, un norte muy claro forjado por la voluntad. Todo ello con un lenguaje adecuado a unas circunstancias harto peculiares.

Este autor nos recordará, en Las fuentes del delirio, lo siguiente: "Tantas veces el lenguaje tiene que hacerse insensato, romper sus propias reglas para dar cuenta de verdad de la vida. Esto lo han visto los poetas, pero también muchas sabidurías..."

Él logra una joya describiendo a un mito. Y consigue hacérnoslo, por primera vez, cercano, de carne y hueso.

Absolutamente recomendable.

ARS LONGA, VITA BREVIS

Esperanza Spalding. Congratulations and celebrations a la amiga Esperanza por lo de Artista Revelación del Año en los Grammys de este 2011. Esta contrabajista increíble, dotada de una voz de ensueño, ha iluminado el j­azz de nuestros días. Pudimos verla en Pontevedra en el famoso Festival de Jazz de 2009. Todavía nos tiembla el pulso desde entonces...