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Chelo Loureiro Productora

"No queremos que nuestras hijas tengan condicionantes por las horas de volver a casa, por su físico o su forma de vestir"

Chelo Loureiro Productora
Chelo Loureiro Productora

MANUEL GARCÍA SOLANO A CORUÑA   | 08.11.2019 
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{ Ferrol 1958 } Viene Chelo Loureiro, productora de largo recorrido en el campo de la animación, de recoger un nuevo premio. En este caso el logrado por Carne, su último y exitoso proyecto, es el EFA al mejor cortometraje europeo en la LXIV edición de la Semana Internacional de Cine de Valladolid (Seminci). Aunque se adentró en el mundo de la animación superados los 40 años, lleva tiempo, desde su productora Abano, detrás de iniciativas que acumulan galardones y parabienes, aunque no resulte fácil rentabilizar económicamente esos reconocimientos cuando se trata de laboriosos cortometrajes de animación.

Invierte todo lo que gana en esa pasión que le reporta más satisfacciones que dinero. “Es lo que me dicen mis hijos, que gaste todo lo que tengo en lo que me gusta, que nos les deje herencia, que es algo que divide e las familias”, explica Chelo Loureiro sobre su gran pasión.

Carne es la ópera prima de una joven realizadora brasileña, Camila Kater, que ha querido contar la relación que cinco mujeres tienen con su cuerpo, desde la infancia a la tercera edad, a través de una serie de relatos reales, íntimos y personales.

¿Cómo se embarcó en el proyecto de Carne, que tiene su origen en Brasil"?

El campo de la animación es un mundo reducido. No son muchos los documentales que se hacen con técnicas de animación, porque son producciones lentas y costosas. Y, a través de una productora brasileña con la que ya había trabajado anteriormente, nos llegó este proyecto que estaba en su fase inicial. La idea era más de asesoramiento que de producción. Sin embargo, con la llegada al Gobierno de Brasil de Bolsonaro se cortaron las ayudas a muchas producciones y no podían concluir el cortometraje.

¿Qué porcentaje del trabajo y del presupuesto quedaba más o menos por completar?

Alrededor del 50 por ciento. Para Camila y su equipo era imposible de asumir económicamente. Cuando uno hace un corto de imagen real siempre tiene la opción de que un grupo pequeño de amigos le eche una mano y hacerlo en un fin de semana. Un corto de animación supone un año de trabajo de un equipo de diez personas. Por eso decidí ayudarla y trasladar el proyecto a Galicia.

¿Está satisfecha con el resultado de Carne?

Sí. Y eso que me embarqué en ella sin saber si íbamos a tener alguna ayuda, porque no era periodo de subvenciones. Pero no quería parar la producción hasta que salieran esas ayudas. Hay que seguir con el ritmo marcado. Parar y retomar siempre supone retrasar el trabajo, lo que supone al final invertir más dinero. Por suerte nos han concedido una ayuda del ICA -Instituto de las Industrias Audiovisuales y las de las Artes-.

¿La acogida del corto ha sido mejor de la que esperaba?

Sin duda. En teoría, deberíamos terminarlo en el último trimestre del año. Pero al ser seleccionado para la sección oficial de Locarno, uno de los diez mejores festivales del mundo, no podíamos decir que no. Pusimos las máquinas a todo gas y aceleramos todo el proceso para que pudiera llegar a tiempo al festival en agosto.

Y desde entonces, dos meses frenéticos de festival en festival.

Pues sí. Desde Toronto a la Seminci, ya que San Sebastián no tiene competición de cortos. Y por delante nos quedan, al menos, otros más de 20 festivales en estas próximas semanas. Desde Leipzig a Denver. De Grecia a Japón.

¿Cuesta recuperar la inversión en un cortometraje? ¿Es rentable hacerlos?

Antiguamente sí compensaba. Había muchos premios en metálico y había cortos, no de animación, hechos con poco dinero. Ahora dan mucha estatuilla y convertimos los despachos en bazares. Con este corto tenemos una maleta de premios, pero no de dinero. No se le saca rendimiento económico. Los hacemos porque es la única manera de que un nuevo director pueda acceder después a un largometraje. Se financia con dificultad y su trayectoria es por festivales, ya que los cines no las programan. Las satisfacciones vienen por el reconocimiento, no por el dinero. Es complicada la animación. Y más la de autor, no dirigida a un gran público.

Es un corto femenino y feminista

Sí, aunque feminista debería ser cualquier persona inteligente. A veces se confunde el significado de esa palabra, que básicamente se refiere a la igualdad. En el corto se cuentan experiencias vitales superadas de cinco mujeres. Nacemos con el estigma de ser más observadas, de estar condicionadas por las propias madres. Nos miran si estamos gordas y hay una atención constante a nuestro físico. Existían y existen muchos abusos que la sociedad toleraba. Los propios piropos: hay mujeres a las que no les importan pero otras pueden sentirse intimidadas. Es entrar en la intimidad de otro sin permiso. Aunque sea de palabra, una mujer se puede sentir agredida. Y no conozco a ninguna mujer que no fuese manoseada, sin permiso, por algún hombre en algún momento de su vida. No queremos que nuestras hijas puedan tener condicionantes por las horas de volver a casa, por su forma de vestir o por su físico.

Su corto se exhibió antes de El plan, una película que habla sobre el maltrato a la mujer y que fue criticada porque hay espectadores que entienden que justifica ese maltrato, aunque la idea de su director, Polo Menárguez, era todo lo contrario.

El cineasta puede hacer su trabajo en libertad. Pero se expone a la crítica. Creo que la película lanza un mensaje equivocado, aunque el director creo que la hizo con la mejor de las intenciones. Intentó hacer una historia mordaz en la crítica hacia esos maltratadores que están en la sociedad. Pero hay temas, como el de matar mujeres e hijos, que no admite humor. Nadie aceptaría una película de humor sobre ETA en los años duros del terrorismo. Ningún productor se atrevería a financiar un proyecto así. Y en "El plan" la gente se ríe con un tema muy serio. Además, me parece una película tramposa porque presenta a un personaje con el que empatizas y al final es un psicópata asesino. Es una ópera prima y hay que entenderlo. Hannibal Lecter sabes desde el primer momento que es un psicópata del que no te puedes fiar.

¿Rechaza las películas de gente como Woody Allen o Roman Polanski por las acusaciones de abusos sexuales que pesan sobre ellos?

Mucho antes de esas acusaciones, yo ya ponía como ejemplo de película machista Hannah y sus hermanas. Nadie se cree los papeles de esas mujeres. Es el problema de muchas películas hechas por hombres. Si invertimos los papeles, no sería creíble.

¿Qué hombre de 20 años estaría enamorado de una mujer de 80 que además le hace sufrir? Puede estar bien rodada y ser divertida, pero las películas de Woody Allen son del género fantástico porque no tienen nada que ver con la realidad. Las películas las analizan, además, críticos, que, en la mayoría de los casos, son hombres. Cuando CIMA, la asociación de mujeres cineastas a la que pertenezco, se creó hace 12 años no se nos publicaba nada. Se silenciaban nuestras notas de prensa. Igual que morían mujeres y no se publicaban esas noticias. Se ocultaban, como se oculta que la mayoría de las violaciones tienen lugar en el entorno familiar.

Para finalizar, ¿qué otros proyectos tiene entre manos?

Ya concluido tenemos otro cortometraje, Homomaquia, que ha dirigido el lucense David Fidalgo. Este corto es una crítica a la fiesta de los toros y ha sido preseleccionado para los premios Goya y Forqué, aparte de tener un amplio recorrido por festivales. En producción tenemos tres largometrajes: Unicorn wars, de Alberto Vázquez, ganador ya de tres premios Goya, la ópera prima de Isabel Herguera, O soño da sultana, que está basado en un cuento feminista publicado en 1905, y una infantil, Valentina, que es la que está más avanzada y esperamos estrenar en 2020.