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XXX EDICIÓN 'GALLEGOS DEL AÑO'

El padre Andrés Díaz de Rábago, Premio de Honor Gallegos del Año

A punto de cumplir 102 años, sigue siendo el mismo misionero preocupado por el enfermo//Lleva más de siete décadas en Asia// Fue profesor de un nobel de la Paz y de un presidente

El padre Andrés Díaz de Rábago
El padre Andrés Díaz de Rábago

MARÍA ALMODÓVAR SANTIAGO   | 22.09.2019 
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El misionero Andrés Díaz de Rábago (A Pobra do Caramiñal, 1917) está a punto de cumplir 102 años -en ­China, serán 103, pues se cuenta el tiempo del embarazo-, y es de los últimos misioneros cristianos que conocieron la China republicana anterior a Mao Tse-Tung.

Formó parte en 1952 del último grupo de jesuitas ordenado en Shanghái, por lo que pertenece "al contingente de misioneros occidentales expulsados" un año después por el dictador.

Tras más de siete décadas de misionero en cuatro países, "mi consejo a quien tenga vocación y esté dispuesto a irse es que ame al nuevo país y sus habitantes hasta que duela. En mi vida he pasado por 5 naciones y siempre me he sentido en casa".

Pekín era Pei-ching cuando el padre Andrés llegó a China, quien aclara el significado de los nombres que tuvo la capital del país asiático en dos romanizaciones. Pekín, Capital del Norte, y Peiching, Paz del Norte. Los comunistas en el año 1949 volvieron al primitivo nombre de la ciudad, que había cambiado la República. Siendo niño, escuchó hablar en el colegio de los jesuitas de Vigo, donde era alumno interno, de las misiones, y entonces quiso convertirse en ­mensajero de Jesucristo. Terminó su carrera de Medicina y con 23 años ingresó en el noviciado de los jesuitas.

"Por eso insisto en que se hable a los niños de las misiones desde pequeñitos", dice.

En 1947 llegó a Pekín y comenzó a estudiar chino. ­"Como en aquel tiempo no sabía hablar en inglés, hablaba con los misioneros ­americanos ... ¡en latín!".

Cinco años después fue ordenado sacerdote en el Shanghái comunista por Ignatius Gong (primer obispo nativo de Shanghái, que más adelante pasaría casi 30 años encarcelado, y sería nombrado cardenal in pectore, siendo prisionero, por Juan Pablo II). Además, es el último sacerdote extranjero ordenado en China que queda vivo.

La expulsión por parte de Mao lo trasladó a Filipinas, donde estuvo hasta 1961. De allí viajó a Timor, donde fue maestro del primer presidente de ese país, Xanana Gusmão, y del premio Nobel de la Paz Carlos Filipe Ximenes.

A Taiwán llegaría en 1969, donde fue profesor de la universidad más ­prestigiosa de la isla, y desarrolló su admirable labor pastoral y ­médica.

Su dedicación actual es la de cuidar de los enfermos en los hospitales, pero no como médico, "sino ­como sacerdote. Es la manera que tengo de trabajar por Jesucristo sin imponer mis ideas, pero entendiéndolos a todos y viendo cómo los puedo ayudar en esa etapa de su vida".

Optimista por naturaleza, "cuando veo a mi alrededor a gente más joven, doy ­gracias a Dios".

Desde febrero de 2017 tiene la carta de nacionalidad taiwanesa y mantiene que los asiáticos son, "fundamentalmente, iguales que nosotros. De ahí que tengamos que decir a la juventud de hoy que somos todos hermanos, más de lo que creemos. Y es que ante una catástrofe reaccionamos igual". ­Como anécdota, rememora la primera procesión que vivió en China el día de Cristo Rey:

"Me vino a la mente Manolete, el torero, porque recuerdo un año antes en Santander cuando llega la noticia de su muerte, la gente iba por la calle callada, sin hablar y en Pekín en la ­procesión sentí lo mismo porque había surgido la noticia de que habían roto el frente del norte e iban a ­llegar a Pekín".

Cuenta que el secreto de su mente lúcida "está en mi vida misionera, que me ha obligado a hablar una media de cuatro lenguas diarias. Y, bueno, también porque he tomado muy pocas medicinas en mi vida, porque no las ­necesitaba. Eso también me ha ayudado".

Optimista, vitalista y trabajador, afirma que "Dios nunca me ha fallado. Y siempre me ha tocado el Gordo, aunque de forma distinta de lo que pensaba. ­Imagínese que a todos les ­toca como piensan y piden. No ­habría billetes en el Banco de ­España".

 


ORÍGENES. El P. Andrés Díaz de Rábago Pérez, hijo de D. Andrés Díaz de Rábago y de Dª Narcisa Pérez Esteso, es el último nieto de D. Joaquín Díaz de Rábago y Díez de Mier, persona que tuvo un extraordinario protagonismo en la ciudad de Santiago, habiendo sido catedrático de Hebreo, sociólogo y economista. Presidente de la Real Sociedad Económica de Amigos del País, director y fundador de la Escuela de Artes y Oficios y promotor y director de la oficina del Banco de España, en pleno centro monumental de Compostela. Y también es el último nieto de D. Olimpio Pérez Rodríguez, propietario del Banco Olimpio Pérez, que tanta influencia positiva tuvo en la economía de Galicia.

Recibió la Cruz de Oficial de la Orden de Isabel la Católica en el año 2000, así como la Medalla de Bronce de Galicia en 2001. También fue distinguido por el Alto Comisionado del Gobierno para la Marca España en el año 2014. En 2017 fue el primer extranjero que recibió la nacionalidad de Taiwán. Y ese mismo año, se le rindió un homenaje por parte de la Embajada de este país en Roma, acto de enorme relevancia al que asistieron numerosas ­representaciones tanto eclesiásticas como diplomáticas de las distintas embajadas allí representadas.

Por su forma de ser y estar en la vida, por su sentido de la humildad, bondad y fortaleza, EL CORREO le concede el Premio de Honor de Gallegos del Año 2019.

"El secreto de mi memoria está en mi vida misionera. Cada día hablo cuatro lenguas"

 

"A la juventud hay que decirle que somos hermanos, más de lo que creemos"

 

"Dios nunca me ha fallado. Y siempre me ha tocado el Gordo, aunque de forma distinta de lo que pensaba"

 

"Cuando veo

a mi alrededor a gente joven, doy gracias a Dios"