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Personas irrepetibles que firman grandes proyectos

ANA IGLESIAS  | 22.08.2019 
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Hay proyectos irrepetibles, que en buena parte lo son porque detrás de ellos están personas únicas. Es el caso del Náutico de San Vicente, solo posible por estar unido a Miguel de la Cierva y a su forma de entender la vida y de tratar a los músicos. La sala al lado de la playa de A Barrosa es un microcosmos en sí mismo, de buen rollo, amor y pasión, que solo se entiende si se vive y se respira, con un cartel de lujo que es facilmente comprensible, porque tocar en un sitio así, rodeado de personas que respetan tu trabajo, acaba siendo un regalo.

A mí me gustaba ese Náutico. El que amaba Antonio Vega, por el que pasaban grandísimos músicos a divertirse tocando, y al que el público respetaba más allá del nombre y de colgar la foto en Instagram con el foco puesto en la cara conocida que está entre el público, a veces incluso más que en el grupo que está tocando.

Y me da rabia. Mucha. Porque creo que no solo corre peligro de morirse de éxito, sino que no sé si  es posible que vuelva a ser lo que era, o cómo lograr que pase de moda y solo quede su esencia. Ni siquiera sé si eso es lo que quiere Miguel de la Cierva, pero ojalá sea así y logre que el Naútico vuelva a ser lo que un día fue.

Y AUNQUE NO TIENE NADA QUE VER, O MUCHO SEGÚN SE MIRE, otro de mis proyectos preferidos son las tardes literarias de la librería Nós, en Sanxenxo, que solo son posibles porque tras ellas está una persona inquieta y amante de los libros como es Xaime Corral, otro irrepetible, que mima a autores y lectores, y que encarna a la perfección la figura romántica del librero.

No deja de resultar curioso que por un local tan pequeño pasen a firmar sus obras cada verano escritores de la talla de Francisco Narla, Juan Gómez-Jurado, Marta Rivera de la Cruz, Pablo Núñez o Ledicia Costas, encargada de inaugurar el ciclo de este año.

Con permiso de Domingo Villar y Manuel Jabois, que es una especie de heroe local, yo ultimamente siento debilidad por Arantza Portabales, uno de mis descubrimientos personales de este agosto literario, a quien había conocido años atrás a través de las páginas de su Deje un mensaje después de la señal, (un libro ingenioso que por cierto, se ha convertido también en obra de teatro), y de quien estoy esperando saber más leyendo Belleza Roja, un thriller ambientado en Compostela, del que Xaime Corral lleva todo el mes hablando maravillas y recomendándolo encarecidamente.

Voy a confesar que desde que lo compré y aunque me tienta a diario desde mi mesilla de noche, todavía sigo sin leerlo, solo por el simple hecho de que aún no he tenido tiempo para meterme de lleno en él y disfrutarlo sin prisas, que es como se merecen los buenos libros.

Y TERMINO CON MI INICIATIVA ESTIVAL PREFERIDA, Os Xoves de Códax, puesto en marcha con un fin solidario por la bodega Martín Códax para invitar a disfrutar de los atardeceres desde su terraza, con música en vivo, albariño en mano y la ría de fondo.  Imposible ser más perfecto.