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El último viaje de los fusilados de Vilarmaior

Una excavación en la fosa común del cementerio de O Grandal trata de rescatar los restos de cinco asesinados en 1936 // Todo el camposanto podría alojar los cuerpos de al menos ocho represaliados // Ya se ha recuperado un cráneo con marcas de un supuesto impacto de bala // El ex-parlamentario Francisco Rodríguez es el nieto de uno de los desaparecidos

PATRICIA HERMIDA. VILARMAIOR (A CORUÑA)  | 13.10.2011 
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Kiko Delgado
Varias personas trabajan en las tareas de exhumación de cuerpos en fosas comunes en el cementerio de Grandal en Vilarmaior, entre los que se encuentra Francisco Rodríguez, nieto de uno de los fusilados, con camiseta rosa y gorra blanca
FOTO: Kiko Delgado

Bajo el sol infernal de las cuatro de la tarde, dos niños juegan al fútbol ante la verja del cementerio de O Grandal (Vilarmaior). "¿Venís a la excavación?", pregunta el chaval que lleva la camiseta blaugrana de Messi. Los vecinos llegan al camposanto al mismo tiempo que los arqueólogos, y se resguardan a la sombra de los nichos para asistir a la exhumación. Desde el pasado viernes, el grupo arqueológico del Instituto de Estudos Miñoranos trata de recuperar los restos de cinco fusilados en el verano del 36. Asistieron a la llamada de Francisco Rodríguez, nieto de uno de los fallecidos. Pero poco a poco, los familiares de otros muertos se han sumado a la apertura de esta fosa común. El tiempo se ha detenido estos días en Vilarmaior, un municipio con memoria: sus nonagenarios aún recuerdan los disparos de hace 75 años.

¿Quiénes yacen enterrados bajo la hierba del cementerio? Francisco Rodríguez, ex-parlamentario por el BNG, reclama a su abuelo: el ebanista Xosé Rodríguez Braxe, fusilado el 15 de septiembre del 36, conocido en Cabanas como Luxo. Una vecina de Vilarmaior, Olimpia Varela, quiere recuperar a sus 91 años los restos de su tío: Manuel Varela González, secretario de una confederación agraria, muerto el 11 de septiembre de 1936. Pero en la fosa también se encuentran los cuerpos de otros tres fusilados, según testigos de la época. Xosé Lois Vilar Pedreira, arqueólogo de esta exhumación, indica que "polo menos hai oito fusilados enterrados en distintas zonas deste cemiterio".
Este jueves por la mañana, llegó otra petición para solicitar la búsqueda de los restos de Joaquín Rodríguez Rodríguez, comerciante, representante de máquinas de escribir y dueño de una estafeta de correos. Fue fusilado en aquellas fechas y su nieto quiere saber si se encuentra en esta fosa. En los montes de Vilarmaior también mataron a Tomás Espiñeira, que podría estar enterrado en este cementerio. Los arqueólogos, con la colaboración de la Comisión pola Recuperación da Memoria Histórica de A Coruña, ya han encontrado restos humanos. Destaca la aparición de un cráneo con marcas del supuesto impacto de una bala. "Ten un buraco de entrada na esquerda e o de saída na parte posterior", indica Xosé Lois Vilar. "Podría pertenecer a uno de los asesinados", añade otro arqueólogo, Eduardo Méndez Quintás.
COLABORACIÓN DEL INSTITUTO DE MEDICINA LEGAL
Para la identificación de los restos, los arqueólogos cuentan con la colaboración del Instituto de Medicina Legal de Galicia. El forense Fernando Serrulla se acercará a la excavación y se encargará de cruzar los datos de los esqueletos con el ADN de los familiares. Según indica Xosé Lois Vilar, del Instituto de Estudos Miñoranos, "despois será Anxo Carracedo, director do Imelga e un dos meiores xenetistas do mundo, o que certifique as identidades en segunda instancia".
Los arqueólogos e investigadores se han encontrado con diversos obstáculos. En 1948 ardió el edificio del Ayuntamiento de Vilarmaior, con las dependencias judiciales en su interior, y desaparecieron los libros del Registro Civil: "E cando consultas os libros parroquiais, as follas sobre os enterramentos nos meses dos fusilamentos están recortadas ou desaparecidas". Ha resultado "indispensable" la tradición oral, con testimonios de la época. Además, en la década de los 40 la familia de uno de los desaparecidos removió la tierra de la fosa para llevarse sus restos. Y en 1971, hubo otro segundo movimiento de tierras para trasladar los cuerpos enterrados a lo largo de las décadas hasta los nuevos nichos. La exhumación, autorizada por la Dirección Xeral de Patrimonio, continuará "ata esgotar todas as posibilidades, non nos marcharemos sen identificar aos mortos".