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PEDRO MAIRAL, ESCRITOR

"El amor te hace vulnerable, pero también te da superpoderes'

El escritor argentino, que triunfó con 'La Uruguaya', publica ahora una colección de relatos, 'Breves amores eternos', en Destino

Pedro Mairal - FOTO: José Miguel Giráldez
Pedro Mairal - FOTO: José Miguel Giráldez

JOSÉ MIGUEL GIRÁLDEZ   | 03.11.2019 
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Entonces vuelvo a hablar con Pedro Mairal, cuya literatura es extraordinariamente carnal y cercana, doméstica como el amor y la limpieza de suelos, como ir a la charcutería, dormir en el sofá, atrapar el amor detrás de unas persianas venecianas. Vuelvo con el argentino Pedro Mairal, la última vez nos habíamos visto aquí, en la ciudad, en el Araguaney. Traía entonces 'La uruguaya', que se hizo novela de culto, pero muy leída (no siempre coincide), y todo el mundo te hablaba de aquel viaje por La Plata, de las trampas y las casualidades de la vida, de cómo todo se complica en un segundo y lo difícil que es distinguir lo bueno de lo malo. De cómo nos desnortamos tan callando. Y de esas ansias terribles de quitarnos el uniforme de burgueses, de gente de orden, tan formal, tan peinada, tan en sus cabales. Esas ganas terribles de hallar el lugar secreto, el que te permite desnudarte de complejos y de dictaduras cotidianas, despojarte de solemnidades vacuas, ese dulce dejarse llevar en brazos de la derrota sudorosa.

Aquel Pedro Mairal, tímido, venía con 'La uruguaya' explotando en las manos, de puro gozo literario. Luego ganó el Premio San Clemente, que es, me dice, una de las mayores alegrías, una bendición para cualquier escritor. Ahora llega con un manojo de relatos, y ahí está el Mairal que conozco, también el de 'La Uruguaya', el que se maneja en las distancias cortas, apartando cortinas o sábanas. 'Breves amores eternos' (Destino) ahonda en los terremotos cotidianos, en los temblores súbitos, en esos espacios inesperados que se abren en la aparente solidez de las vidas aseguradas. Juega Mairal con la fragilidad humana, con las emociones que nos derriban a golpes, con ese no poder resistirse, con la ley del deseo. En la fragilidad está a veces la belleza de las cosas. El libro es, en realidad, una suma de dos. Por un lado, esos breves amores, tan eternos, en los que Mairal explora la delicada tela que separa lo cotidiano de los sorprendente, lo estable de lo sísmico, lo previsible de lo caótico. Por otro, algunos de sus relatos más antiguos ("que no se conocían en España, y ya, casi, tampoco en Argentina"), bajo el título de 'Hoy temprano', donde aflora también el lado secreto de la vida, donde se abren puertas inesperadas, todo, de nuevo, en el contexto doméstico, donde Mairal es un maestro.

'La Uruguaya' sigue ahí, con sus reverberaciones. Fue una explosión. Pero este nuevo libro sigue moviéndose en esa misma atmósfera de lo cotidiano y lo inesperado, que tan bien manejas.

Bueno, es un libro que sí, que tiene conexiones con 'La uruguaya'. Que ambos sean del mismo autor también influye (risas). En los dos se ve lo incómodo de ciertos matrimonios, gentes que buscan un viaje para liberarse.

Lo que cuentas es un conflicto universal, porque tiene que ver con la búsqueda de la libertad.

Claro, es universal. Y no sólo eso: no es privativo ni de hombres ni de mujeres. Tiene que ver con ciertos momentos de las relaciones de pareja, cuando uno siente que perdió parte de su individualidad, o de su intimidad. De pronto la gente desea o se siente deseada y ahí se arma un gran problema para la figura de la monogamia, pero se arma una buena historia para la literatura.

Un escritor siempre intenta jugar con la realidad. Tú compones unos juguetes dramáticos, tragicómicos, en torno a la 'performance' amatoria, a los momentos de deseo y cortejo, y, desde luego, en los territorios más ardientes del sexo. Como si en los minutos, o las horas, que dura este proceso, tantas veces repentino, incluso excepcional, se acumulara una intensidad extraordinaria, como si ahí se produjera un estallido literario formidable.

Creo que es justo eso, me gusta mucho la explicación. La gente cuando está enamorada, o cuando siente deseo, se carga de una energía extraña, medio narrativa, un poco peligrosa. Ahí la gente se vuelve vulnerable y se mete en problemas. Pero, al tiempo, el amor te da superpoderes. Hay un personaje en el cuento 'Cero culpa', en el que una mujer casada se enamora del fotógrafo de la revista para la que está trabajando, y ella, que sale vestida digamos que normal, de su casa, se cambia en el taxi, se pone mucho más sexy durante el trayecto. Y eso tiene que ver con los superhéroes, con aquello de cambiarse de traje en la cabina telefónica... (reímos). En realidad, el lado oculto de este amor infiel tiene que ver con la vida del superhéroe. Y, desde luego, es muy atractivo literariamente. Con todo esto, surgen variables inesperadas, la gente pone en riesgo su tranquilidad... Y su orden familiar... Para la vida es complicado: ya sabes esa maldición... "ojalá te enamores...". Ahora, para la literatura, es un mundo.

Tu literatura es muy proclive a esto de los sismos, a los terremotos personales. Digo que es parecido, porque tú no puedes evitar un sismo, por más que te agarres a las paredes. Tus personajes no pueden sujetarse en medio del temblor. El deseo les supera más allá de lo razonable, porque el amor, claro, tiene ese componente de locura, tan necesario. Me viene ahora a la memoria 'Sudor', uno de los cuentos de esta colección, que me encanta. Viene a demostrar que es muy difícil liberarse de las señales del amor, mantenerlas en secreto, pues tarde o temprano afloran.

Me gusta mucha la idea de que cada uno carga con su acumulación temporal. Somos tiempo acumulado. La gente no es lo que es ahora, sino una suma de todas las personas que ha sido. Y es un poco también la persona que va a ser en el futuro, y tiene ganas y miedo de serlo. Estamos cargados de tiempo y de pronto todo sale para afuera, como esos preservativos de colores que hacen explotar la cañería en este cuento que mencionas.

Es un final que recuerda a los fuegos artificiales.

¡Sí, exactamente! Me gusta que lo veas así.

Este libro está compuesto de dos. Relatos disparejos, aunque con tu tono, claro. Inconfundible. Pero la segunda parte, 'Hoy temprano', es anterior, una recuperación de casi veinte años, ¿no?

Sí, son de 2001. En España esta segunda parte estaba completamente inédita y en Argentina no se reeditaron en muchos años, casi dos décadas. Entre las dos partes están reunidos todos mis cuentos. Fabulamos con la posibilidad de titularlo así, 'Cuentos completos', pero claro, parecería que no iba a escribir más. Y pienso hacerlo (risas). Los que aparecen bajo el título 'Hoy temprano' son, ya digo, relatos de otra época, pero la gente no deja de encontrar relaciones entre los de antes y los de ahora. Me fascina. Yo, en esas historias, estoy experimentando. Probando posibilidades formales. En 'Breves amores eternos' creo que hay una voz que ya no está intentando demostrar cosas. Estoy muy contento del resultado. 'Hoy temprano', el primer cuento de esta segunda parte, es como mi cuento fetiche, mi cuento de cabecera. Se da en colegios, en universidades. Hasta en inglés suena bien. Lo leo en inglés, en un inglés algo macarrónico, y funciona. Es de estas historias que sólo te salen una vez en la vida, yo creo. De esta forma, acá en España se va a poder leer, porque no estaba publicado.

He llegado a la conclusión de que los coches son muy importantes en tu vida, empezando por este relato del que estamos hablando.

Claro, los coches son omnipresentes en nuestras vidas. Fíjate: "saber conducirse por la vida..." "saber frenar a tiempo..." ¿Por qué esas metáforas? Un coche es una burbuja, también. Un lugar en el que se encierra la familia burguesa, una intimidad. Cuando uno cierra la puerta del auto hay algo de alivio, de salvación. Conducir, poner música. Hay algo de cápsula en movimiento, de liberación. Este cuento, 'Hoy temprano', lo he visto reflejado en algún anuncio, no creas. Pero sucede que la publicidad siempre termina bien. No tanto la literatura. En mi cuento la vida se desarma.

Te manejas bien en las distancias cortas.

Bueno, me gustan las formas breves, me siento cómodo. Lo disfruto. Me gusta darle al lector textos que impliquen intensidad. Verás, las novelas a veces se deshacen, se dispersan, pierden tensión. Un relato corto es un fragmento de un universo, de una vida ajena: entonces lo que sucede es que el lector tiene que completar todo lo que no está escrito.

Y no falta el humor, tragicómico también. Ahí está 'El anillo', ese cuento. O 'El guardián de la giganta'.

El anillo aquí simboliza que, a pesar de la crisis de pareja, el tipo lo defiende, defiende esa vida, y es capaz de hacerse golpear en la cara para simular que le han atracado y le han robado el anillo. El ojo morado le devolverá a la normalidad, paradójicamente.

Haces muchas cosas. Radio, periodismo, guiones. Y creo que ahora cantas.

Bueno, las escribo. Mi lado fuerte es el de letrista. Rafael Otegui toca conmigo, él es más músico que yo. Tenemos un dúo que se llama 'Pensé que era viernes' (reímos). Resulta que llevo tres décadas en la literatura y sólo tres años en la música, así que hay que ir despacio.

ENTREVISTA

"Me gusta la idea de que cada uno carga con su acumulación temporal. Somos tiempo acumulado. La gente no es lo que es ahora, sino una buena suma de todas las personas que ha sido"