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El arte gótico: influencias y consecuencias

ÁNGEL NÚNEZ SOBRINO / ESCRITOR  | 14.07.2019 
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Un abad solamente autoritario es un abad estéril, y quedará pronto olvidado, al ser de esos de cargo simplemente. Pero en cambio un abad exquisito, arquitecto, pensador, esteta, diligente, erudito y teólogo es algo no sólo distinto, sino también algo superior. Entonces , la abadía o el convento (el prior) es guiado por este tipo de personajes, llenos de cualidades más que de virtudes, llenos de eficacias y efectos sorprendentes, más que de afectos dirigidos : son todos ellos celosos del orden, la organización y la racionalidad.

Y vigilan al arquitecto para un todavía mejor ejecutar la obra. Se trata de un abad impulsador de la creación artística, un vigilante estricto de que esa abadía se construya espléndidamente. Al hacerlo así todos se contagian, se entusiasman y todos adquieren motivación, estímulo e ilusión, y se establece una simultaneidad de eficacias, de resultados, de momentos excelsos y de frutos para que todo resulte óptimo. Un abad así es causa o consecuencia de que ese edificio gótico prevalezca con una admiración constante. Seguramente esa diligencia y vigilancia con mirada atenta haya sido la causa de un añadido constructivo sorprendente o de una aportación importante a la historia de los estilos. Después el historiador del arte se fija, analiza y publica. Ejemplo perennne es Suger de Saint Denis , nacido en 1081, nombrado Abad en 1122 hasta su muerte en 1151 en aquella célebre Abadía cerca de París.

Lo estudió Erwin Panofsky y se refiere a él con frecuencia y encomio Georges Duby .En Galicia habría que trasladar estos casos particulares a los edificios gótico-mendicantes particulares , y encontramos en su diferencias y aciertos, frente a la repetición y la norma, la clave de las novedades de una mente constructiva que concibe y el asesoramiento desde el saber y el poder de un Abad pensador. Seguro que en el libro de la Dra. Carmen Manso Porto “Arte gótico en Galicia”, l, ll. 1993, implícitamente ofrece unas consecuencias de estos destellos, de estas ocurrencias bien contributivas. Es lo acertado--aprobado que no estaba en el programa inicial.

Siglos después, el arte gótico mendicante gallego continúa sorprendiendo en sus imágenes y en su mensaje. Y hasta es capaz de transmitir sentimiento y sensibilidad. Me refiero a un gaitero labrado sobre un arco ojival funerario de la iglesia de Ribadavia. Es un ángel músico que toca la gaita ( lo acompañan otros dos ángeles con otros instrumentos). Pude ver allí mismo la reacción que provoca el arte ante quienes lo contemplan y vivencialmente lo descubren. Apunto en directo a un grupo de vecinos de Gondomar que lo miraban con verdadera admiración y respeto, pero además uno de ellos tocaba la gaita. Comprobar él que siete siglos antes ya existía la gaita y se tocaba le llenó de emoción palpable. Fotos y comentarios plurales se dirigieron hacia esta imagen como si fuese una celebridad, y es que lo era. El arte y sus siglos destilan siempre un mensaje perenne.(Véase además en clara fotografía en la pág.329 del citado libro, tomo l )

DOS NATURALEZAS EN EL CLAUSTRO. A las dos naturalezas en el claustro le denomino “ la aproximaxión viva”. De una parte tenemos el claustro, tan bien estudiado por Santiago Sebastián, con los jardines, las flores, las plantas, y casi siempre la fuente magnífica y labrada con el agua viva, y, en general, de época posterior al gótico, donde un bótánico seguro que realizaría un trabajo exhaustivo y delicioso en su recinto, y una floristería acreditada se inspiraría allí para componer sus ramos y guirnaldas.

De otra parte, una de las aportaciones deliciosas del gótico reside en su naturalismo, en ofrecer al creyente o al espectador la naturaleza tal cual es, con realismo y delicadeza, detalle y verdad. Es una copia en inspirada ejecución del mundo vegetal, de plantas , flores y tallos tal como existen en sí mismos, puramente; pero que, al contemplarlos, transmiten vitalidad, alegría, delicia y frescura, y una animación especial de los sentidos, y que en excelsitud conectan con la música de Machaut, Dufay y Dunstable y donde no me extrañaría que se iniciase entonces la melodía y versos de Scarborough Fair. He aquí la faceta máxima del gótico y su impecable servicio a la vida y a la cultura.

Queda también el recuerdo, y en mí refulge ahora el claustro de la catedral de Lisboa, y la decoración de la capilla de Nuestra Sra. da Pena en Leiría. Existe también aquí un simbolismo, propio del arte medieval: los pámpanos y racimos de uvas preludian a la Eucaristía. En el riguroso y ya clásico libro de Carmen Manso este naturalismo lo vemos sobre todo en los capiteles, y con un detallismo asombroso. Presentan igualmente todos ellos una impresión de actualidad. Como dice Deorges Duby es que casi se podrán clasificar las especies en aquellas hermosas obras. La individualidad labrada en su calidad contribuye soberanamente a este ejercicio.

UNA CARGA DE IDENTIDAD. Los monumentos gótico--mendicantes gallegos por su conocida identidad son una referencia y un sinónimo geográfico a localidades (San Nicilás de Cines), villas( Rivadavia, Viveiro) y ciudades donde se encuentran (Lugo, Pontevedra) : tal es la identificación y el enraizamiento que han ido labrando los siglos. Tanto estas iglesias como sus claustros (los que queden), como las dependencias son una referencia medieval viva, es decir, siempre recurrente, en uso, admiración y erudición sobre ellas. Ingresa potente en el estudio de este gótico el dibujo arqueológico. La escuela del dibujo arqueológica pontevedrés es capital; destacó especialmente Enrique Campo Sobrino (1890-1911). Carmen Manso Porto reproduce algunos de sus dibujos. Él es ya una clásico en lo suyo. Fidelidad y utilidad son algunas características de este tipo de dibujo, capital para la investigación. Me remito a su monografía “El convento de Santo Domingo de Tui en la “España Sagrada” de Enrique Flórez : un dibujo inédito del relieve fundacional”. (2012). En efecto, el dibujo arqueológico a menudo restituye lo perdido al cabo de los siglos , como sucede en este de 1765. Y ahora desde el pleno presente yo invito y empujo a que el inquieto visitante haga uso de su lápiz y cuaderno, al margen de su móbil y su cámara fotográfica. O sea, de la piedra labrada antigua al nuevo papel vibrante.