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Bertolucci, el último emperador del cine italiano

En su trayectoria destacan títulos que pasarán a la historia del cine como 'Novecento', 'El conformista' o 'El último tango en París'.

TEXTO S. OTERO   | 02.12.2018 
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El mundo del cine está de luto. Bernardo Bertolucci, el considerado por muchos como el último maestro del cine italiano, moría a los 77 años en su casa de Roma.

Bertolucci, nacido en Parma, falleció tras varios años luchando contra la enfermedad. El cineasta llevaba ya mucho tiempo postrado en una silla de ruedas, desde la que hizo sus últimas apariciones públicas, y deja tras de sí un impresionante legado cinematográfico como director, guionista y productor.

Una trayectoria marcada por la polémica y en la que destacan títulos que pasarán a la historia del cine como Novecento, El conformista, El último tango en París o su obra más popular y premiada, El último emperador. Repasamos algunos de los títulos que marcaron su carrera como director y también como guionista

En 1964, dos años después de debutar con La commare secca (La cosecha estéril), su aplaudida opera prima que firmó con tan solo 22 años basada en un guión de su gran amigo Pier Paolo Pasolini -una amistad que marcó indudablemente su cine-, Bertolucci aborda un tema tabú como son las relaciones incestuosas en Antes de la revolución, un intenso drama político en el que sigue los pasos de un joven que se va sumergiendo en las filas comunistas mientras mantiene una relación con su tía. Historia autobiográfica inspirada en La cartuja de Parma de Stendhal, que describe poéticamente la crisis de una generación desencantada, que no encuentra certezas en una izquierda discordante con su educación burguesa. El tema de la impotencia revolucionaria vuelve en Partner, película de contestación y sobre la contestación que en un continuo juego de extrañamiento conjuga citas godardianas con ecos expresionistas

 


'HASTA QUE LLEGÓ SU HORA' (1968). No fue Bertolucci sino Sergio Leone quien dirigió el que para muchos es el mejor Spaghetti Western de la historia. Protagonizado por Claudia Cardinale, Charles Bronson y Henry Fonda, Bertolucci firmó el guión de un filme que engrandeció todo un género. La obra maestra de Leone, seguida de cerca por El bueno, el feo y el malo. Arranque, en principio impremeditado, de la segunda y última de las trilogías que conforman el cine de su inolvidable autor, se trata de una fantasía cinéfila al tiempo fascinante y fascinada, que sublima el género Western desde un punto de vista propio y aglutina con singular fortuna los rasgos más característicos del estilo de Leone. Un clásico, beneficiado por el paso del tiempo (como el resto del cine de su artífice) y del que destacan particularmente la extraordinaria banda sonora de Morricone y la interpretación de Jason Robards.

Ya en los años setenta, a partir de su encuentro con el mago de la fotografía Vittorio Storaro, Bertolucci atenúa la experimentacion formal para desarrollar un estilo más discursivo donde el análisis crítico de los temas históricos pasados y presentes adquieren características espectaculares más complacientes para con el gran público. En esta dirección se sitúan La estrategia de la araña y El conformista; en el caso de la primera fue un cuento de Jorge Luis Borges, Tema del traidor y del héroe, el que inspiró esta película protagonizada por Giulio Brogi en un doble papel y en la que el cineasta italiano sigue los pasos de Athos Magnani, un joven que regresa a Tara, la ciudad donde vivió su padre, un héroe de la Resistencia Italiana, y en la que fue asesinado por el fascismo antes de que naciera.

La cinta supone el eslabón de engarce, el tránsito personal de su autor hacia una nueva etapa de su obra completamente distinta, que se abre con El conformista, personal y critica relectura de la homónima novela de Alberto Moravia, teoriza sobre las causas de la ferocidad fascista como pragmática respuesta a la mediocridada pequeño burguesa. Bertolucci sumerge al espectador dentro de la mente de un intelectual fascista italiano, interpretado por Jean-Louis Trintignant, mientras se dirige a cumplir un encargo del partido: matar a un exiliado político italiano que fue uno de sus profesores de la universidad.

En el siguiente film, Último tango en París, Bertolucci pone de manifiesto toda su habilidad fílmica cordinando las luces de Storaro, la música de gato Barbieri y el talento de Marlon Brando. Film amado y despreciado, sugiere una lectura trágica y existencial del erotismo, que le proporcionó serios problemas de censura.

La película conmocionó a la audiencia de Estados Unidos, donde los censores la calificaron como cine X, considerándola una película pornográfica. Si se llegó a estrenar en Italia, aunque pocos días después de su lanzamiento fue prohibida por una orden del Tribunal Supremo. Sólo se permitió su reestreno oficial 15 años después. La polvareda levantada por el tórrido romance entre dos extraños, un estadounidense maduro y una joven parisina, en la ciudad del amor llega incluso a nuestros días, después de en una entrevista concedida hace un unos años el propio director diera a entender que al rodar la escena de la violación, Schneinder, entonces de 19 años, desconocía los detalles de la secuencia que iban a rodar y el uso que en la misma iban a dar a la mantequilla.

Cuatro años más tarde realiza 1900 (Novecento, 1976), su obra más monumental y ambiciosa y quizá también la más amada por sus seguidores más fieles. Casi cinco horas y media de un filme armado a una escala casi inconcebible para repasar, a través de las vidas del hijo de un terrateniente y del hijo de uno de sus trabajadores, medio siglo de historia italiana marcada por el auge y triunfo del Fascismo. Un filme imprescindible y una intensa crónica histórica que cuenta en su reparto con nombres como Robert De Niro, Gérard Depardieu, Dominique Sanda, Donald Sutherland, Alida Valli o Burt Lancaster.

A partir de aquí la obra de Bertolucci se irá disolviendo en un cine multinacional y cosmopolita. Filma, en 1987, El último emperador, que hoy por hoy, y por diversos motivos, representa una de las películas más importaantes de la década de los 80. Nueve premios de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de Hollywood, incluyendo los de mejor director y mejor película, se llevó el italiano con una lujosa superproducción en la que se adentra en la convulsa China de principios del siglo XX a través de la historia de un niño arrancado de su familia a los tres años y confinado en la Ciudad Prohibida para reinar sobre el decadente imperio asiático.

El último gran trabajo de Bernardo Bertolucci es en realidad su penúltima película en la que vuelve a desatar su deleite por el erotismo prohibido y perturbador. Basada en el libro The Holy Innocents de Gilbert Adair, Soñadores relata el encuentro de dos hermanos Isabelle (Eva Green) y su hermano Theo (Louis Garrel) con un estudiante americano (Michael Pitt), al que deciden invitar a su casa mientras sus padres están de viaje.

el cielo protector (1989)

Adaptar la novela homónima de Paul Bowles no era tarea fácil, menos áun expresar con imágenes sus reflexiones sobre la pérdida de identidad. Ahora bien, tampoco cabía esperar un resultado tan decepcionante como el obtenido por Bertolucci: un matrimonio, Debra Winger y John Malkovich, se enfrenta al vacío de su existencia durante un viaje/huida hacia África, y la morosidad rítmica, la falta de concisión narrativa y el esteticismo ahogan la teóricamente angustiosa crónica de la soledad y la disolución de la pareja.