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TRIBUNA LIBRE

Carta de excusa por haber dejado pasar la primavera

LUIS BLANCO VILA / PERIODISTA   | 25.08.2019 
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No tiene usted razón, amigo director; me he pasado la vida trabajando, vacaciones incluídas, y ahora que estoy archijubilado, pese a haberlo hecho a los setenta, va usted y me dice que aproveche las vacaciones para trabajar. Ya lo hago sin que usted me lo mande, y así me va: Cincuenta y tres años preparando desayunos, comprando bollos casi asaltando las pastelerías de Boiro aún cerradas, celebrando, con sudores abundantes -bueno, algo también es por la pastilla de eliminar líquidos- los santos, cumpleaños, aniversarios de bodas... Este verano se reunieron en Boiro, con derecho a trato y saludo algo así como cuarenta personas, incluyendo también las "personitas" y algunos medrados "langráns", que han asaltado terrazas, cafeses, chiringuitos, despachos de alcaldías, centros sociales- sección cultura...-escuelas de surf en playas remotas como la del Vilar, y, a la hora del horrendo telediario de Rosa y Sánchez, nunca antes de las tres, y yo que almuerzo siempre a la una y media... -¿por qué no se los dedica al jefe desde Doñana?...Bueno, mire, director, que el cuerpo no da más de sí... Así que, trabaje más usted, si puede, con perdón.

Hace ya muchos años... -como de sesenta hablo-, el entonces Rector Magnífico de la Universidad Central de Madrid, don Segismundo Royo- Villanova y Fernández -Cavada, me riñó porque, al rematar un acto dicen que académico en el entonces Colegio Mayor Jose Antonio, centro neurálgico del fervor falangista universitario, no levanté el brazo derecho ni canté el "Cara al sol". No sabía la letra, querido director, ni estaba seguro de mi apostura brazo en alto. Sabía, sé -lo dice Google- que los versos poéticos del himno los amasaron en la artesa donde coincidían las manos enharinadas del propio fundador José Antonio, las de Agustín de Foxá, de José María Alfaro, y Ridruejo, Dionisio, el soriano émulo de Machado y antes Becquer, enseñantes ambos del Instituto de Soria. Y puede que alguno más. En cuanto a la música, de Tellería, -Juan, donostiarra de pro, buen compositor-, es una marcha sostenida y eficaz, que prende al que se arriesga. Mis hijos, hace 30 años, tuvieron el pediatra eficaz de un Tellería que estaba en el cuadro médico de la Asociación de la Prensa de Madrid. Era hijo del compositor.

Durante los dos años de corresponsal en Roma, 1970-71, frecuenté una minitertulia en el Café Greco de vía Condotti que, aunque no sea más que por su puntualidad, podíamos decir que presidía Dionisio Ridruejo; estaba también Eugenio Montes, quien daba por supuesto que no había que enviar crónica a su periódico ese día, puesto que nada importante había sucedido en Italia, salvo la caída del gobierno de Andreotti; a veces llegaba también Julio Moriones, que ya había cumplido con su Vanguardia de Barcelona... Mucho menos habitual era un alemán, Karl Rülhe, que había estado mucho tiempo en Iberoamérica y preservaba bien castellano. (Él, Klaus, me hizo las gestiones para llevar a Mónica Vitti al I Festival de Cine de Humor Ciudad de La Coruña, pero la diva no se subía a un avión ni con Antonioni, y en tren desde Milán eran casi tres días de insistencia del rail. No pudo ser). Pablo Sela Hofmann era el Consejero de Prensa de la embajada de España en el Quirinal. Exquisita persona, y culta, venía a aprender, decía, con nosotros pero yo creo que venía a convencer a Dionisio de que debía volver a Madrid.

En los internados claretianos, que fueron los míos (Castro Urdiales, Balmaseda, Aranda de Duero, Sigüenza, Santo Domingo de la Calzada, algo así como las Fundaciones de Santa Teresa...) no se cantaba ni la Marsellesa. Si acaso, se tarareaba la versión del himno nacional del Padre Otaño y a los seis Irruarrizaga, seis sacerdotes claretianos y hermanos de sangre, los seis de Yurre, Vizcaya, y uno de ellos obispo de Tocantins, misión apostólica de Brasil... Creo que también sabíamos algo de Guridi. Pero de Falange...el libro de cocina de la Sección Femenina. Pasado el tiempo del hambre, hasta nos atrevíamos con unas acelgas cocidas y sus pencas con jamón levemente atocinado, pasado por la sartén.

Así que, querido director y amigo, no interprete usted el título de mi artículo inédito en clave de añoranza. La añoranza, en ese caso, pertenecería al dueño del negocio al parecer quebrado. Pero tampoco, porque anuncia que en primavera volverán a abrir sus puertas... No habrá podido ser. Eso es lo que me duele, que haya pasado la primavera sin abrir, como tantos comercios en Boiro, que abren y cierran. Esa es mi pena y esa mi espera. Como dice Rilke, hay deseos que duran tanto tiempo que acaban convirtiéndose en esperanza. Ni una pulgada pues de política, aunque suene la marcha.