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La cartería rural en galicia

ÁNGEL NÚÑEZ SOBRINO ESCRITOR   | 09.09.2018 
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Mucho antes que los teléfonos en casas particulares de las aldeas, instalados hacia 1993, si no recuerdo mal; pero ya antes otros en las tabernas y algunas casas particulares hacia 1979, si no me equivoco, funcionaban, con frecuencia, dirección y diligencia, las cartas enviadas por correo normal --de sello y sobre-- hacia esas casas rurales y desde ciudades, poblaciones y países lejanos, extranjeros, exactamente. Francia, Alemania, Suiza, País Vasco, Galicia toda, Argentina y Brasil, etc, se combinaban con sellos distintos y curiosos diseños de sobre.

Colectivamente, a diario estas cartas, familiares, entrañables y llenas de noticias, le daban a la aldea un pulso psicológico de sosiego ante las novedades recibidas con los sucesos y los pormenores de cosechas, reformas y mejoras ,defunciones, natalicios y fiestas patronales, sucesos mínimos, negocios convertidos en francos o marcos... historias pequeñas, pero con un gran latir psicológico, en el que a la espera se sucedía la esperanza cumplida con la seguridad comprobaba de que alguien se acordaba desde Europa, nada menos, de un familiar, en la menesterosidad existencial de su soledad. Ante la carta que llegaba el desasosiego desaparecía, y la ilusión corría delante porque, pongo por caso, Emiliña y Mingos le habían enviado una carta a Estrella y Manuela una semana antes: llegaban para las fiestas del Socorro .

De esta manera, de la correcta costumbre del trato entre vecinos sucedía la próxima compañía humana en que las confidencias, la confianza, los sentimientos y la seguridad afectiva funcionaban con gozo y expresión. La correspondencia enviada y recibida durante las décadas de la emigración gallega posee una importancia documental extraordinaria. Supongo que habrá algún estudio. Las líneas antropológicas y sociológicas constituyen sus senderos fecundos y acertados.

 


LOS COCHES DE LÍNEA Y EL CORREO. Durante muchísimos años la colaboración entre los coches de línea rurales y el correo fue máxima y magnífica. No sólo transportaban personas, alimentos y equipajes, también transportaban recados y el correo, que llegaba dentro de una gran cartera de cuero con una barra de hierro que la atravesaba y con un candado al final, y que sólo abría el cartero en su cartería en presencia de los vecinos interesados o enviados a recoger las cartas.

Seguro que nunca hubo mayor objeto de complicidad con un medio de transporte que estas carteras que circulaban, seguras, por todos los correos rurales de Galicia décadas atrás. Desde luego la parada no era espontánea, sino repetida y sabida. Quede para una narrativa y una descriptiva antropológica y sociológica la " Empresa Cuíña" que realizaba, y continúa realizando, paradas desde Pontevedra hasta Bandeira y Silleda, pasando por Fragas, Campo Lameiro, Cequeril, Souto, Codeseda... pero ya sin esa atmósfera mágica que impregnaba nuestra adolescencia como remedio magnífico frente al ausente automóvil, y esa aproximación experimentada que era el ir llegando a casa. Se iniciaba así una valiosa vivencia de lo rural. La puntualidad era frecuencia corriente en este coche de línea, y mi madre solía decir :"Pasó el correo, ya son las seis".

Las manecillas del reloj eran las ruedas. Un autobús entre rojizo y castaño cumplía a diario una misión fundamental, que no sólo era llevar información, también consistía en cumplir con la satisfacción sentida de una carta recibida. Poco después el cartero Novás llegaba a su mesa, y allí a su alrededor vecinas de Vilar, Sebil, A Corga, Mato, A Penela, Iglesia... iban recogiendo las cartas de acuerdo con los nombres que iban escuchando. Pero la espera junto a la verja constituía una auténtica escena documental o testimonial para una novela o una obra de teatro.

Algunas vecinas eran representantes de los lugares de las cartas cuyos destinatarios vivían allí, por eso que la confianza era básica. Permítaseme la referencia al recuerdo : mi abuela recibía siempre EL CORREO GALLEGO y ABC. Nosotros recibíamos abundantes cartas de nuestras amistades y postales de playas y vistas desde pueblos y ciudades de veraneo. La tarde se convertía en su mitad en atento silencio de lecturas. Después venía la merienda con productos naturales del campo, como las rebanadas con mantequilla casera.

Recurro con intención a la autobiografía porque en ella reside con frecuencia las verdaderas raíces de la realidad y de la autenticidad. El emblema supremo el correo es el cartero con el caballo: alusión directa a la velocidad, a la eficacia y a la entrega.

En la vida particular de cada cual cuanto le debemos todos a la carta echada con acierto, o a tiempo, o como una respuesta que era necesaria ; así como a aquella carta que nos llega en su momento oportuno. Aquella carta enviada en busca de trabajo, y que decidirá el destino de muchas vidas, o aquella carta de gratitud o de felicitación ante un triunfo cualquiera. Dentro de la intra historia del galleguismo es fundamental la carta, donde no sólo iba escrita una noticia o un hallazgo arqueológico, también iba una confidencia o una esperanza. Sigue siendo la carta mástil necesario en las aldeas, pues con frecuencia se ve un buzón junto a la verja de la entrada. La carta familiar no se retiraba pronto, sino que quedaba sobre la mesa para que todos en esa casa la fueran leyendo y comentando, como un objeto de la curiosidad.

La geografía local era reflejada desde la dirección en el sobre, y si había algún fallo en las señas, la carta se entregaba igual, pues el cartero conocía de sobra a toda la vecindad. Aquel portalón se cerraba después en las doradas tardes en la aldea mucho más poblada que hoy, en escenas que se han quedado para siempre en el recuerdo.