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Christan Villamide: entre lo natural y el artificio

El lucense Christian Villamide expone en la galería Bus Station Spacebello
El lucense Christian Villamide expone en la galería Bus Station Spacebello

FÁTIMA OTERO. CRÍTICA DE ARTE  | 31.01.2016 
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La degradación del medio ambiente es un grave problema social imposible de resolver desde dentro de la esfera artística, pero si se puede generar conciencia sobre el impacto que causa, es suficiente. De los desastres medioambientales y la sobreexplotación de las reservas del bosque trata la obra de Christian Villamide (Lugo, 1966) servida con altas dosis de compromiso y con impoluto y táctil acabado. Capaz de extraer todas las sutilezas a un material frío y duro como el mármol y hábil a la hora de abordar un material tan frágil y delicado como el papel, la cartulina o el grabado.

Porque la obra de Villamide, tras unos primeros inicios en la pintura, se estira siguiendo los principios estudiados por Rosalind Krauss hacia la escultura expandida. Su debate se centra, así, en una especie de límite entre géneros: pintura, escultura, fotografía e instalaciones. En cualquiera de esas facetas desarrolla una particular recreación y revisión del género paisajístico en clave conceptual.

Sus orígenes pictóricos los delata la serie Herbolarios. Una secuencia en formato minimalista fija al mármol una naturaleza metafórica, que no sólo nunca muere sino que ni la piedra más dura consigue impedir su nuevo resurgir virginal a través de cualquier recoveco o intersticio. Dibuja en las losas exquisitos trazos a lápiz y carbón, débiles en su constitución pero de sutil ritmo y fluir que fácilmente se reconoce como de filiación oriental. Trata así de remarcar la soledad de una floración agreste, que por más que la maltratemos emerge de nuevo y siempre encontrará un camino por el que colarse.

En la obra de Christian no tiene cabida el hombre más que indirectamente, porque es él quien se encarga de sanar a los árboles heridos con prótesis o férulas. Así, parches de contención sujetan la madera dañada y enferma . Eso es lo que el hombre trata de conservar para mostrar a las generaciones futuras. Por ello utiliza el blanco en la mayoría de las ocasiones, como acto de tanatoestética y coloca las piezas en posición horizontal, contra natura. Es lo que grita su serie Naturaleza discapacitada.

La tecnología y su relación con la naturaleza será otro motivo de su investigación, que atraviesa diversas fases, tanto a nivel formal como conceptual. Se trata de una obra que busca atraer la atención a través de juegos visuales usando cristales, arandelas, hierros y aceros. Esa inmensa basura tecnológica que la sociedad genera es rescatada para crear piezas nuevas, artificiales, en definitiva, pero que a través de sus manos conduce a un nuevo estado de irrealidad, una tensión onírica entre la naturaleza y el artificio de las propias huellas humanas.

A pesar de la violación del territorio, incluso de su prostitución, Villamide sigue dialogando con él. Buena prueba es su Dialéctica del territorio, una poética instalación que trata sobre la extenuación de nuestro paisaje. Presenta las ramas colgando como jareados pescados al sol, paradójicamente presentados desde una poética de lo bello y lírico. Porque el artista encuentra belleza en los desmanes cometidos contra el entorno, y como buen cartógrafo escruta los paisajes que la ocupación humana genera en todo el mundo.

Su vídeo 'Utopía con intruso' analiza la obra insertada en un contexto particular, en este caso en A Cortevella, en O Cávado, Lugo, donde para sentir su problemática sigue el modus operandi de Richard Serra sobre el recorrido. El autor se adentra en las entrañas del territorio, buscando la comunión con el entorno, escuchando los sonidos del agua y el viento, padeciendo el rigor invernal y disfrutando del fluir temporal, pero topándose al mismo tiempo con el intrusismo degradante del feísmo. Esa lacra tan arraigada en nuestro urbanismo que se acentúa en el rural, y que a la postre ha acabado por integrarse en el territorio hasta el punto de pasar casi desapercibido y ser un elemento más del propio medio natural.

El proyecto de Villamide siempre está en continua evolución, incorporando cierto sentido pictorialista a sus esculturas con las técnicas precisas de iluminación, composición y control del material. Indaga sobre la sensualidad que las formas le pueden aportar e investiga la importancia de las sombras, reteniendo su misterio.

Con una conciencia activa y un mensaje ecológico sobre el destino del planeta, desarrolla una particular recreación de lo sublime y lo terrible, dos categorías ligadas a la estética romántica y que sutilmente percibimos en sus trabajos. Hace años que Christian nos ha regalado una naturaleza desatada donde incluso lo feo se torna bello. Recordemos sus lejanas ramas de parajes calcinados por el fuego, casi siempre provocado. Claman al cielo por las irresponsabilidades del hombre. Hoy erige una especie de lápidas, las tumbas futuras de toda una civilización pero cuyas vetas todavía son susceptibles de sugerencias atmosféricas u otras sutilezas.

El artista empieza una nueva andadura con la galería Bus Station Space, que por estas fechas exhibe su trabajo Territorios transversales. Se trata de un interesante proyecto comisariado por José Luis Rey, con un montaje a modo de rito iniciático, incluso con el retrato empolvado de mármol del propio artista, a modo de imago clásica, a través del cual se busca la introspección del visitante. Un desafío que pretende impactar al público, producir un cambio en su comprensión del entorno natural, entendido siempre como algo en cambio constante, y sensibilizarlo hacia la imperiosa necesidad de ser militante activo a favor de la naturaleza.