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Cien años del monumento a Pais Lapido en la Alameda

Una cuestación popular hizo posible el homenaje de Compostela al presidente del comité organizador de la Exposición Regional de 1909 inaugurada por Alfonso XIII

Imagen del monumento a Pais Lapido inaugurado en el Paseo de Bóveda de la Alameda santiaguesa el 28 de julio de 1918 - FOTO: ECG
Imagen del monumento a Pais Lapido inaugurado en el Paseo de Bóveda de la Alameda santiaguesa el 28 de julio de 1918 - FOTO: ECG

SANTIAGO XOÁN DEL RÍO   | 07.10.2018 
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Fue, según las enfervorizadas crónicas de la época, la más relevante actuación llevada a cabo nunca antes por una ciudad. La Exposición Regional que en 1909 mostró desde Santiago al mundo lo mejor de Galicia fue posible por la idea de la Sociedad Económica de Amigos del País compostelana y el empeño de un Comité organizador a cuyo frente figuró Pedro País Lapido.

Nueve años después, la muerte (febrero de 1917) del presidente de ese comité posibilitó un homenaje al que se había negado cerrilmente en vida cuantas veces le fue propuesto. El 28 de julio de hace cien años, Compostela y Galicia le reconocerían con el monumento que le recuerda en la Alameda compostelana, sufragado por cuestación popular y con el propósito, acaso hoy olvidado, "no de ser un mero adorno que se añade a los parajes públicos para solaz y deleite de paseantes, sino con la más alta misión de la ejemplaridad y la enseñanza".

Pueblos que honran a sus hijos. Son, las entrecomilladas, palabras dichas en el acto de inauguración del monumento, a mediodía de aquel 28 de julio, por el miembro del comité organizador del mismo, que había sido a su vez secretario del comité organizador de la Exposición regional, el historiador y galleguista Armando Cotarelo Valledor, después de que los nietos del recordado Pais Lapido descubrieran, a los sones del himno de Galicia, el monumento realizado por el escultor compostelano José Mateo Larrauri, como resultas de un concurso público convocado al efecto.

En ese mismo acto de inauguración intervendrían también el entonces alcalde compostelano, Máximo de la Riva, que aceptó el monumento en nombre de la ciudad "como imparcial y ejemplar confirmación de que los pueblos que honran a sus hijos esclarecidos y a sus denodados protectores, se honran a sí mismos". Cerró el acto el yerno del homenajeado, José Varela de Limia y Menéndez, vizconde de San Alberto. Una inmensa multitud llenaba el paseo de Bóveda (nombre que evoca la figura del conde que en el año del hambre de 1853 decidió dar empleo a campesinos y desempleados para realizar el desmonte de Santa Susana por el lado occidental, dando lugar al actual paseo de la Herradura), donde se dieron cita también el gobernador civil, el comandante militar, el ex ministro Marqués de Figueroa, el rector de la Universidad, la junta de gobierno de la Caja de Ahorros, los presidentes de la Cámara de Comercio y de la Sociedad Económica de Amigos del País, entre otras autoridades, según recuerdan las páginas del periódico El Eco de Santiago de aquellas fechas.

LA EXPOSICION REGIONALISTA. Fue coincidiendo con el primer Año Santo compostelano del nuevo milenio y con el ya experimentado propósito de rentabilizar también en lo social y a favor de Galicia la proyección internacional que suponía la celebración religiosa cómo la Sociedad Económica de amigos del País ideó una Exposición Regional que mostrara al resto de España lo más valioso, tanto contemporáneo como histórico, de Galicia y que, como señaló con motivo de su centenario el editor y escritor Henrique Alvarellos, comisario de la muestra fotográfica conmemorativa de dicho evento y autor del libro correspondiente, "A Exposición foi, xa que logo, unha clara aposta dun grupo de notables, un exemplo de como poden unirse as forzas, aínda que fosen dispares, para lograr unha meta importante en época de crise. Poucas veces en Santiago de Compostela deuse unha confluencia tan extraordinaria de elementos positivos, unha altura de miras e unha visión da modernidad desta categoría"

A tal efecto, el de la Exposición, se constituyó un Comité organizador presidido por Pedro Pais Lapido y del que formaron parte, entre otros, Eduardo Vilariño y Miguel Castro como vicepresidentes, el arqueólogo tudense Ricardo Blanco-Cicerón, vicepresidente de la Sección arqueológica de la muestra; el canónigo e historiador Antonio López Ferreiro; su discípulo y también sacerdote e historiador, el noiés Eladio Oviedo Arce; el archivero municipal Pablo Pérez Costanti Ballesteros; Antonio Vázquez Queipo y Antonio Lopez Carballeira, además de Armando Cotarelo Valledor y Máximo de la Riva, que actuaron como secretarios.

De lo ambicioso de la exposición da muestra un plano de la misma, donde se identifican las secciones que la integraban, con la planta general de la exposición, puerta monumental, palacio principal, galería de industrias, pabellón del comité, centro gallego de la Habana, pabellón del ministerio de Fomento, pabellón del ministerio de la Marina, cinematógrafo, skting (patinaje), espectáculos, tiro al blanco, Tío-vivo, velódromo, plataforma, instalaciones particulares, instalaciones de ventas, kioscos, circo ecuestre, carrusel mecánico, pabellón particulares, plataforma para música, kiosco de necesidad y café restaurante.

Las crónicas del momento, entusiasmadas sin duda por tal despliegue constructivo, reseñaban que sólo una de ellas, la sección de arte retrospectivo, fue lo suficiente "para que todos los admiradores de ella hubiesen convenido en que hasta la fecha no se había logrado en España y aun en el extranjero otra igual.

El propio monarca Alfonso XIII cuando recorrió las salas del viejo edificio de San Clemente donde se hallaba instalada parte de la muestra no pudo por menos de hacerlo así palmario. Y es que en ese edificio se mostraba lo más sobresaliente de los objetos históricos desde los celtas a las postrimerías del siglo pasado y "en un valor tan grande que, solo para un caso de siniestro de incendios, asegurados fueron por la suma de 1.500.000 pesetas, quedándose corto el comité en dicho seguro". Entre esos objetos se hallaban obras relevantes del gran escultor gallego del Barroco, Gregorio Hernández, traídas desde Valladolid.

El propio presidente del Gobierno, Antonio Maura, contestando al presidente de la exposición en su discurso inaugural, aplicó a esta tierra el apelativo de Primogénita de España, entusiasmado por haber acompañado en calidad de primer Secretario a Alfonso XIII.

La sección Contemporánea también fue relevante con la aportación, entre otros, de los gallegos en las Antillas levantando en el recinto de la exposición un Palacete representativo del suyo de La Habana, del que se encargó el vocal del comité e ilustre pedagogo Vicente Fraiz Andón, y donde se pudo apreciar el trabajo de los emigrantes.

Si el éxito del evento se mide por la afluencia de visitantes, cabe señalar que los de la Exposición fueron más de 53.000, superando con creces el propio censo de la ciudad, del mismo modo que, a la sombra del Año Santo, actuó como importante reclamo para otros eventos de ámbito nacional, como fueron la Semana Social y el Primer Congreso Franciscano Español, el primer congreso nacional de Emigración, el de Primera Enseñanza, el de Medicina, las Asambleas de Arquitectos y Registradores de la Propiedad, los certámenes franciscano y de la Poesía, el regional de Pirotecnia, además de conciertos y conferencias, celebrados todos en esa misma emblemática fecha de 1909.

En lo económico, sin embargo, la Exposición había arrojado un déficit de más de 170.000 pesetas que sufragaron Pedro País Lapido, Olimpio Pérez Rodríguez y Máximo de la Riva.

Tampoco en su proyección de futuro tuvo mejor suerte una exposición cuyo pabellón central, el reproducido en el monumento a Pais Lapido y que albergaba el salón de fiestas, las galerías de cuadros y libros y las instalaciones de los plateros santiagueses y catalanes, había sido construido con vocación de "carácter permanente" para albergar un museo de productos regionales. El edificio había sido construido en un tiempo récord por el contratista Rodríguez Carril. Mejor suerte corrió el Pabellón de Recreo Artístico e Industrial, obra de Antonio Palacios, que albergaba el restaurante y que, tras diversos usos, permanece hasta hoy, ahora como escuela infantil en el Paseo de la Herradura.

Pedro Pais Lapido Larrauri, el escultor

Pero ¿quién era el animoso compostelano dispuesto a embarcarse en una de las aventuras de mayor riesgo y significación para Compostela en toda su historia y a quien el historiador Xosé Ramón Barreiro tiene calificado como "soñador de utopías"?

Nacido en la ciudad del Apóstol el 2 de septiembre de 1841, en la casa número 49 de la Rúa Nova, hizo los estudios de Bachillerato de artes en su ciudad natal, donde alcanzó dicho título con la más alta calificación en 1859.

En Compostela estudió también la carrera de Derecho, licenciándose con las más altas calificaciones en 1865. Al año siguiente fue nombrado profesor sustituto de esa Facultad, donde explicó Mercantil, Penal y Economía y Estadística, obteniendo en dicho curso el Grado de Doctor en Derecho Civil Y Canónico.

Obtuvo el número 13 de los 67 aspirantes a las plazas de Oficiales y Letrados del Cuerpo de Hacienda Pública (el equivalente a los actuales abogados del Estado), en 1868, siendo destinado a Oviedo donde permaneció hasta 1872. En esa fecha decide regresar a Compostela, donde se asentaría definitivamente y se inicia en la carrera política.

En 1874 es nombrado diputado provincial por uno de los distritos electorales de Santiago y poco después por otro de los de Noia, continuando hasta 1890, fecha en la que es elegido Diputado en Cortes, siendo refrendado en tres elecciones generales sucesivas, la última en 1893.

Desempeñó importantes cargos en la Real Sociedad Económica de Amigos del País, donde también impartió gratuitamente clases de Economía Política en la Escuela de artes y Oficios.

Fue vicepresidente del Congreso Económico celebrado en Compostela en el Año Santo de 1897 y ejerció la abogacía en los colegios de Santiago y A Coruña, además de ostentar la dirección de la Caja de Ahorros y Monte de Piedad, bajo cuyo mandato se construyeron las casas baratas en el barrio de Vista Alegre. Desde 1897 era Caballero Gran Cruz de la Orden de Isabel la Católica.

Con el singular bagaje de esa acreditada experiencia, se puso al frente de la exposición regional cuando ya disfrutaba de la jubilación.


Competir con Asorey

El 25 de mayo del año 1917, los miembros de la Junta Organizadora del homenaje a Pais Lapido -Armando Cotarelo Valledor, Juan Pereiro Romero y el regidor compostelano Máximo de la Riva García- hacían público el fallo del concurso convocado para la realización del monumento, señalando como destacados cinco de los nueve presentados, -Testimonio, Bizancio, Homenaje, Charito y Que no xime?- estimando que cualquiera de los tres primeros "podría ser elegido". Finalmente se decantaron por Testimonio "considerando la bondad del busto, evidentemente superior a todos los presentados, la riqueza de la composición, el sabor compostelano de su estilo, las dimensiones totales (4,5 metros) y la suntuosidad y grandeza del conjunto". Abierta la plica, el autor resultó ser el escultor José Mateo Larrauri, a quien se confirió la ejecución de las obras, al tiempo que se premiaba con un accésit el boceto Bizancio, que correspondía al acreditado escultor cambadés Francisco Asorey. El monumento exhibe en el alto del pedestal el busto de Pais Lapido y muestra, a mitad del mismo, la efigie de una mujer, alegoría de Galicia, que sostiene en su regazo un mural que reproduce la fachada principal de la Exposición Regional de 1909.

"Excelente docente, minucioso modelador y experto retratista", como le retrata María Martínez Aured, profesora de la Universidad de Zaragoza, en el número 8 de la revista Quintana, José Mateo Larrauri nació el 17 de marzo de 1885 en Santiago, donde residían sus padres, Mateo y Juliana, de procedencia alavesa. Realizó sus primeros estudios profesionales en la Escuela de Artes e Industrias compostelana con buenas calificaciones y premios, estudios que compaginó con asistencia a talleres de escultores de la localidad, singularmente Magariños. Prosiguió su formación en la escuela de artes y Oficios de Madrid, donde consiguió Sobresaliente y Premio en Concepto e Historia del Arte en el curso 1906-1907. Se matriculó también en la Escuela Especial de Pintura y Grabado, donde se diplomó en Modelado del antiguo y ropaje. José Alcoverco y Amorós y Aniceto Mariñas fueron dos de sus más relevantes maestros en la asistencia a sus respectivos talleres.

El propio escultor se anunciaba en el programa de fiestas de 2018 como escultor con talleres en el número 11 de la Rúa do Vilar y reconocía haber sido premiado en tres Exposiciones nacionales de Bellas Artes y en la Regional Gallega de 1909 con Medalla de Oro. "Encárgase de toda clase de trabajos de escultura en madera, mármol, bronce y piedra, así como de la construcción de Altares en los diversos estilos del Arte Cristiano".

Suyas son, entre otras, las obras "Lucha por la Vida", actualmente en el Museo Municipal de Bellas Artes de Santa Cruz de Tenerife; "Al fin... tarde", conservado en la Escuela Maestro Mateo de Santiago; la efigie de "San José con el Niño", en la iglesia de Santiago do Deán de A Pobra do Caramiñal, donde se exponen también sus otras obras "¿A qué has venido?" y "La Sentencia de Pilatos"; la Virgen de los Desamparados, enCarballiño, o el retrato de Victoriano García Martí, en el Liceo Pueblense. De carácter monumental y además del referido a Pais Lapido hay que reseñar el Monumento a los Hermanos Prieto Pereira, también en la localidad ourensana de O Carballiño.

En junio 1922 se incorporó como profesor de término de Composición decorativa (escultura) a la Escuela de Artes y Oficios de Zaragoza, donde permaneció hasta su jubilación, en abril de 1955.