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Cosecha excelente la del Planeta 2018, con dos novelas intensas

'Yo, Julia', de Santiago Posteguillo, sin duda su obra cumbre hasta la fecha, nos descubre a una de las inteligencias preclaras de Roma, una mujer indomable que mandó en el Imperio con una capacidad insólita. La mujer de Septimio Severo fue clave para su estabilidad. La de Ayanta Barilli, 'Un mar violeta oscuro', es una saga familiar (la suya) que rezuma dolor y lucha despiadada por la vida

BARCELONA (ESPAÑA), 16/10/2018.- El escritor valenciano Santiago Posteguillo, posa para los medios de comunicación tras proclamarse ganador de la 67 edición del Premio Planeta de novela 2018 con la obra ''Yo, Julia'' .  - FOTO: EFE/Quique García
BARCELONA (ESPAÑA), 16/10/2018.- El escritor valenciano Santiago Posteguillo, posa para los medios de comunicación tras proclamarse ganador de la 67 edición del Premio Planeta de novela 2018 con la obra ''Yo, Julia'' . - FOTO: EFE/Quique García

XURXO FERNÁNDEZ  | 18.11.2018 
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Una de las claves más importantes de la novela de Santiago Posteguillo es la inmensa y minuciosa documentación que la respalda. Este magnífico, o mejor, inconmensurable narrador, firma con Yo, Julia la cumbre de su ya dilatada y ciertamente prolífica carrera literaria. En realidad, aquí se corona. La obra tiene una capacidad de adicción muy poco común. Es de esas que se leen de un tirón, a pesar de su notable extensión. Y, también, de aquellas en las que uno echa en falta que no haya durado un poco más. De las que obligan a meditar luego profundamente. Y es que no es de extrañar. Julia Domna, inmensa, poderosa, bellísima, para colmo, cambió el curso del devenir de Roma, y, por ende, de la evolución política de una grandiosa era. El narrador nos la perfila en su medida exacta. La pone en ese limbo en el que situaríamos a las mujeres más interesantes e inteligentes de la Historia de la Humanidad. Es alguien, además, que era una estratega nata, y que no sólo ayudó a su marido, Septimio Severo, sino que, además, supo dar los pasos necesarios para enfrentarse (y ganarles) a sus múltiples enemigos, incluído aquél artero Caesar Augustus Commodus. Y en una época en la que un despiste, un descuido, podía acarrear muchas desgracias.

Galeno, el famosísimo personaje, arquetipo de médico, que ha dado lugar a una de las no muy numerosas denominaciones para los cuidadores de la salud del hombre, es otra de las claves. Posteguillo lo sitúa, ni más ni menos que como narrador de la aventura vital de Julia. Como recurso literario es un hallazgo. Y la mar de efectivo, por cierto. Y la galería de personajes es de lo más complejo y excitante. Como Clodio Albino, el gobernador de Britania, y uno de los enemigos más enconados de Septimio Severo, o su terrible mujer Salinátrix, o el rey parto Vologases V...

Ayanta Barilli, por su parte, parece hacer suya (otro caso más en las crónicas literarias de cualquier tiempo) la famosa descripción que el prerrafaelita Dante Gabriel Rosetti hace de Cumbres Borrascosas: "La acción transcurre en el Infierno, pero los lugares, no sé por qué, tienen nombres ingleses..." Aquí, los nombres serían italianos. O hispanos, también. Y los hechos bordean el abismo. Es la historia de su familia, con nombres (que a veces se muestran esquivos, y cuesta dar con exactitud quién puede parapetarse tras el apodo de alguien conocido comúnmente como Belcebú) y apellidos. Más difícil todavía si, en el proceso de investigación, descubre que su familia está firmemente determinada a ocultar ciertos datos, o incluso ciertos retratos de personajes que a todas luces, hoy, en los tiempos que corren, siguen siendo molestos. Las protagonistas son, fundamentalmente mujeres. Y, en todos y cada uno de los casos, en posesión de biografías terribles. Y, no cabe duda, todo ello, el conjunto de los acontecimientos, incluídos los diarios heredados, producen una espantosa sensación de vértigo. Abismal, pero muy real. Sí. Desde luego...