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El cristo de furelos / "A buen juez mejor testigo"

INÉS CARBALLO CORZO / JOSÉ CARRO OTERO /// PRESIDENTA A. CULTURAL "EMECLA" (RODEIRO) / ANTROPÓLOGO   | 17.11.2019 
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En 1953 el escultor D. Manuel Cagide, natural de Furelos (Melide) y radicado laboralmente en Compostela, donde instaló un importante taller de "imaginería", según las demandas de la época, obsequió a la iglesia parroquial de su "patria chica" un impresionante "Cristo crucificado" de gran calidad artística y anatómica el cual, llevando la "corona de espinas" y desnudo salvo el "paño del pudor" o "perizonium", muestra una relevante peculiaridad: tiene suelto y colgando, el miembro superior derecho por lo que pende forzadamente del izquierdo y, de acuerdo con esa posición, angula el tórax por la cintura hacia la derecha e inclina el cuello-cabeza hacia ese mismo lado de forma que su mirada se dirige hacia la mano colgante. Todo él, de color lívido, muestra diversas heridas sangrantes: regueros coagulados por el cuello, desde la corona de espinas; herida de lanza debajo del pectoral derecho; manos y pies perforadas por los clavos y sus coágulos (FIGURA 1).

 

1.-"DESENCLAVO". Pensaban algunos que dicha imagen quería representar un "desenclavo", es decir el proceso de ir soltando y descendiendo de la cruz el cuerpo de Jesús, ya muerto, para darle sepultura. Esta práctica era tan conocida en aquella época, que los "Evangelistas" no creyeron necesario describirla minuciosamente, lo que se presta a confusión en el caso que nos ocupa, pues los "desenclavos" comenzaban por soltar los pies, para que el cuerpo colgase exclusivamente de las manos; luego dos ayudantes, subidos a sendas escalas, apoyadas en la cruz, pasaban una tela fuerte por las axilas del difunto y, sujetándolo con dicha tela, se procedía por otro ayudante o dos, también subidos a escalas, a soltar las manos mientras iban aflojando la tela de sujeción para que el cuerpo, suspendido por ella, descendiese con la velocidad adecuada hasta llegar al suelo.

Concluida dicha maniobra lo envolvían en la misma sábana y lo transportaban al sepulcro. Importa advertir que si no se hacía todo de esta manera y soltaban primeramente las manos el cadáver, fijo sólo por los pies, caería bruscamente hacia delante, actuando de bisagra ambos tobillos, y se golpeaba, violentamente, con la parte baja de la cruz y/o el suelo. Un precioso grupo escultórico que existe en la Capilla de la Concepción, de la Catedral de Santiago, tallado por Diego de Sande en 1721, refleja todo lo antedicho (FIGURA 2).

 


2.- ¿QUÉ INDICA, PUES, EL BRAZO DERECHO SUELTO? No cabe duda que el artista, Sr. Cagide, quiso representar, en esta magnífica obra, el milagro narrado en una tradición toledana del tiempo de la guerra entre España y Flandes, años 1568 a 1648, que luego fue poetizada, en versos octosílabos, por D. José Zorrilla quien los publicó, en 1838, con el título de "A buen juez mejor testigo". ¿Qué pasó entonces?:

Unos novios de aquella ciudad, Inés de Vargas y Diego Martínez, mantuvieron relaciones sexuales que descubrió el padre de ella, D. Iván de Vargas, con el sentimiento inherente de "deshonra" a la usanza de la época. Para reparar tal situación era necesario que los novios se casaran cuanto antes, lo que Inés demandó a Diego con firmeza. Este le contestó que partía para Flandes, como soldado, pero que a su regreso, en el plazo de un año, la llevaría al altar promesa que juró, poniendo por testigo al "Cristo de la Vega", famoso en la ciudad y su contorno (FIGURA 3)

Tardó tres años en regresar y lo hizo, ascendido por méritos de guerra a "Capitán de Lanceros". Cuando Inés lo buscó, ansiosa y porfiada para demandarle el cumplimiento del compromiso de boda, él negó conocerla.

La pobre chica denunció tal rechazo ante D. Pedro Ruiz de Alarcón juez supremo de Toledo a quien el Capitán, citado a tal efecto, reiteró su desconocimiento de Dª. Inés y ella, a su vez, reiteró su demanda de justicia.

No pudieron aportar testigos del supuesto juramento de matrimonio, pero al abandonar el Tribunal, Dª. Inés recordó que sí hubo uno. ¿Quién?, preguntó el Juez: la muchacha dijo suspirando "el Cristo de la Vega, a cuya faz él juró". Oído esto D. Pedro Ruíz dispuso que, "al caer el sol" irían a tomarle declaración a dicho testigo, lo que hicieron con asistencia de un gran tropel de gente que, dado lo insólito del caso, salió de la ciudad por la "Puerta de Cambrón" que lleva a la capilla donde los toledanos veneraban al referido Cristo, sita en la "vega" inmediata al río Tajo.

Llegados, un "notario" leyó, ante la sagrada imagen, la acusación entablada, diciéndole así: "Jesús, Hijo de María, ante nos esta mañana citado como testigo por boca de Inés de Vargas, ¿juráis ser cierto que un día a Vuestras Divinas Plantas, juró a Inés Diego Martínez por su mujer desposarla? Asida a un brazo desnudo una mano atarazada vino a posar en los autos la seca y hendida palma, y allá en los aires: ¡Sí juro! clamó una voz más que humana. Alzó la turba medrosa la vista a la imagen santa... Los labios tenía abiertos y una mano desclavada".

 


3.- "EL CRISTO DE LA VEGA".La imagen actual se hizo en 1826 para sustituir a otra, antigua, destruida por el ejército napoleónico cuando invadió España en 1808. Dicho Cristo preside el altar del ábside de la iglesia advocada a Santa Leocadia, patrona de Toledo, sita en la "vega" del Tajo con fácil acceso desde la "Puerta de Cambrón", una de las que tienen la muralla antigua de la ciudad. El edificio de dicha iglesia tuvo muchas modificaciones arquitectónicas desde la época romana hasta el siglo XIX, en que adoptó el aspecto actual, en estilo neo-mudéjar y obra de ladrillo. En ella se conserva un cuadro al óleo, de pintor anónimo, quizás del siglo XVII, que representa la escena en que Diego jura a Inés, ante el altar y Cristo, la incumplida promesa matrimonial. Flanqueándolos hay dos varones y dos mujeres respectivamente (FIGURA 4).

 


4.- LA "IGLESIA PARROQUIAL DE FURELOS". Corresponde al pueblo homónimo, perteneciente al ayuntamiento de Melide, y, por tanto, en uno de los ramales del "Camino de Santiago", por lo que recibe, en la actualidad, numerosas visitas, acordes con el auge que experimentó la peregrinación a Santiago en las últimas décadas. No tiene grandes méritos histórico-artísticos pues, aunque conserva vestigios románicos, su mayor parte data del siglo XIX. Por tal motivo el referido "Cristo", que puede verse en ella desde 1953, es el gran protagonista del conjunto por su calidad escultórico-simbólica, aunque hemos sabido que a los visitantes se les explica que la posición de su brazo derecho es un "gesto de saludo" hacia ellos, es decir, que "les da la mano".

A tal efecto, debemos recordar que, aunque tal explicación es simpática y de cercanía, no es la verdad y debe suprimirse cambiándola por la de la "tradición toledana" antes mencionada, que es quien la inspiró y justificó. Que Jesucristo se manifieste milagrosamente en ayuda de alguien ultrajado es intrínsecamente bueno y ejemplar e incluso... bonito!!!

¡Gracias por su magnífico regalo, pleno de estética y sentimientos, al distinguido escultor D. Manuel Cagide!