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La Dorada

EL BLOG DE PEPE DOMINGO CASTAÑO   | 21.10.2018 
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En la historia gastronómica de Madrid hay lugares de culto que han adquirido la categoría de inolvidables con el paso de los años y las modas. Algunos de ellos siguen conservando, todavía intactos, el prestigio y la calidad. Otros han desaparecido para siempre por diferentes motivos, en la mayoría de los casos por las crisis económicas que, de cuando en cuando, sacuden un mercado tan frágil como el de la gastronomía. El caso de La Dorada es digno de estudio. Empezó su andadura en Sevilla con un éxito apabullante. Luego, llegó a la calle Orense de Madrid con expectación de altura y se convirtió en un restaurante de récord absoluto de comensales diarios durante muchos años. Conseguir una mesa en La Dorada era sinónimo de milagro. Félix Cabeza, el motor de esta irrupción triunfal en la vida madrileña de los sabores, consiguió llevar la sublimación del pescaito del Sur y del pescado español a lugares hasta el momento imposibles como París o Miami. El triunfo en ambos lugares fue espectacular, pero no duró demasiado. Nadie se explica cómo se pudo derrumbar este imperio gastronómico. Tuvieron que pasar algunos años para que el gran Félix recuperara las ganas de resucitar. Y resucitó. Primero, en su ubicación primitiva de la calle Orense y ahora, en una zona emergente de Madrid como Somosaguas. Todos los amantes de los sabores puros de la gastronomía andaluza celebramos el regreso de Félix con todos los honores. A su lado, Lucía ha llenado de cariño gallego este rincón de Pozuelo.

El nuevo local de La Dorada está ubicado en una zona de Pozuelo de Alarcón con mucho futuro, el Valle de las Cañas. En cuanto traspasas la puerta de entrada te encuentras con La Dorada de siempre, con ese olor inconfundible a fritura buena y con un personal alegre y atento, dispuesto a atenderte con amabilidad y simpatía. Y a la hora de elegir el menú no te va a resultar fácil, porque toda la carta es de un atractivo total. Nosotros empezamos con un atún muy bien marinado, en su punto de sabor y pureza. Llegaron después las coquinas de toda la vida, que en La Dorada adquieren categoría de manjar. Las conchas finas siguen siendo una debilidad personal y siempre las pedimos. Completamos entrantes con los mejores victorianos que se pueden comer ahora mismo en Madrid, unas acedías jugosas, sabrosísimas, muy buen fritas, y unas pijotas no demasiado grandes, como a mí me gustan, completando la exhibición de pescaito auténtico. Como final, nosotros elegimos rodaballo salvaje de mi tierra al estilo de la madre de Félix, que estaba de chuparse todo, pero hay mucho donde elegir, corvina, urta a la roteña, lubina, tartar de atún... Y al que le gusten los arroces, que pida el caldoso de bogavante o la paella Félix y sabrá lo que es bueno. Vale la pena ir a LA DORADA. Es volver a vivir aquellos tiempos en los que Félix Cabezas era el amo del mundo, Para mí, todavía lo sigue siendo, ahora en compañía de LUCÍA, en sabor y calidad. Y podéis ir de mi parte, os va a encantar

La Dorada

Avda. Juan Antonio Samaranch, 8- Pozuelo de Alarcón

Télefono 917 159 67