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Evidencias: Kennedy, Rabin, Arafat

Definición: Circunstancia de lo que es evidente, tan claro y perceptible que no se puede negar o poner en duda

John F. Kennedy es uno de los políticos más recordados de la segunda mitad del siglo XX // A la derecha, Isaac Rabin, exprimer ministro israelí, y Yasser Arafat, expresidente de la OLP.
John F. Kennedy es uno de los políticos más recordados de la segunda mitad del siglo XX // A la derecha, Isaac Rabin, exprimer ministro israelí, y Yasser Arafat, expresidente de la OLP.

GHALEB JABER/NACHO VARELA // FUNDACIÓN ARAGUANEY-PUENTE DE CULTURAS   | 10.11.2019 
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Según la versión oficial de sus muertes, la "evidencia" se convierte en certeza: Lee Harvey Oswald mató a Kennedy, Yigal Amir hizo lo propio con Rabin y un accidente cerebrovascular acabó con Arafat. Ahora bien, cuando son las certezas históricas las que se ponen encima de la mesa, la "evidencia" pierde su significado. Que los tres personajes estaban señalados en el entorno sionista por liderar acciones que no les iban bien a sus pretensiones han dejado de ser "evidencias".

John F. Kennedy, político de enorme llegada entre la gente, estaba inmerso en el más importante proceso de desarme nuclear conocido, dando pasos de gigante con la URSS y la OTAN para que esto fuera una realidad. En ese momento histórico, Israel se convierte en el único país en el mundo que vulnera este entendimiento. Niega la "evidente" fabricación de cabezas nucleares en la recién construida central nuclear de Dimona, en el desierto del Néguev, e impide la inspección de científicos estadounidenses a las instalaciones. Esta situación, agrava las relaciones de Kennedy con Ben Gurion, primer ministro en aquel entonces, hasta el punto de hacer peligrar el apoyo de EE.UU. a Israel.

También durante su mandato, JFK se había mostrado proclive a facilitar el derecho de retorno de los 800.000 palestinos expulsados de su tierra en 1948, a través de la activación de la resolución 194 en la ONU.

Y además, tenía intención de cambiar la estrategia sionista de comprar y controlar la política al más alto nivel. Sin ir más lejos y durante su campaña presidencial, el lobby judío le ofreció el dinero necesario a cambio de cederles el control sobre Oriente Medio cuando fuera presidente.

A partir de estas certezas, que nunca se admiten como "evidencias", la versión oficial atribuye a un loco como Oswald el asesinato de Kennedy. Y por si esto pudiera dejar rastro, a los pocos días de ser detenido, Oswald es acribillado a balazos por otro individuo, que todavía no se sabe cómo, se cuela entre un sofisticado sistema de seguridad hasta llegar a su víctima y dispararle en varias ocasiones. Jack Ruby, que así se llama el asesino de Oswald, resulta ser un judío reclutado por el más importante sindicato del crimen de la época, la organización sionista de Meyer Lansky.


Isaac Rabin, primer ministro de Israel de 1974 a 1977 y en una segunda ocasión de 1992 a 1995, no es sospechoso de posicionarse en contra del sionismo. En su trayectoria militar y política, lidera una buena parte de los momentos más negros de la historia palestina. No olvidemos que en este período Rabin calificaba a Arafat como jefe de una banda terrorista, la OLP.

Partiendo de esta base, el Rabin estadista evoluciona y cambia de derroteros. Incorpora en su imaginario "el Israel que no quiere" y se presta a negociar una propuesta de acuerdo para la zona. Bajo la fórmula ya antes utilizada, "paz a cambio de territorios", se reúne en secreto con la OLP en Oslo y posteriormente firma el acuerdo en Washington, con Clinton como testigo. Decía Rabin: "Yo quisiera firmar un acuerdo de paz con el príncipe de Mónaco y la reina de Holanda, pero la paz se firma con los enemigos y Arafat es el principal enemigo".

Ya a partir de ese momento, el Arafat otrora terrorista, se convierte en el compañero del alma con el que compartir el Premio Nobel de la Paz y el Príncipe de Asturias de la Concordia.

Una vez más y como sucedió con Kennedy,
un loco despiadado, un sionista de extrema derecha religiosa llamado Yigal Amir, decide cargarse a Rabin en solitario, bueno, acompañado por Dios, como así declararía el acusado en el juicio. El argumento empleado para explicar tal acción era la entrega de Israel a los Palestinos. Esta "evidencia" oficial, de nuevo elimina todas aquellas certezas que pudieran desviar la atención mediática y la narración de los hechos. La multitudinaria fiesta por la paz que Rabin venía de celebrar el día de su muerte, no era más que un acto de reafirmación, contra la brutal campaña amenazadora que la extrema derecha del Likud, ya en aquel momento liderado por Netanyahu, estaba llevando a cabo. Aquí es donde Amir, se encuentra estimulado y acompañado por alguien más que Dios.


Y para cerrar una perfecta cuadratura del círculo, Yasser Arafat, el más carismático líder palestino. primer presidente de la Autoridad Nacional Palestina y referente mundial, tenía que acabar sus días también acompañado de "evidencias" oficiales.

Como diríamos en Galicia, el rais "morreu de vello". Así lo determina la versión oficial con el siguiente diagnóstico: accidente cerebrovascular hemorrágico masivo, una vez descartada la opción del VIH. Sin embargo, parece una certeza, no "evidente", que investigaciones científicas demuestran la existencia de niveles de polonio 210 radioactivo 18 veces superiores a lo normal, en las muestras del cadáver. Lo que podría darle consistencia a la tesis del envenenamiento.

En cualquier caso, vuelven a aparecer circunstancias contextuales de gran peso. El largo y tortuoso confinamiento ordenado por Israel en la Mukata de Ramala, estaba llevando al pueblo palestino y a la opinión pública internacional a una situación imposible de asumir. La posibilidad de que hubiera un pronunciamiento sobre un trato de secuestro inaceptable, con la consiguiente violación del tratado de derechos humanos, se estaba convirtiendo en un grave problema para el sionismo. Una vez más y como en los casos anteriores, la solución pasaba por la desaparición definitiva del protagonista.

Cuando un líder adquiere una indestructible consistencia política, acompañado por el apoyo popular, sus decisiones tienden a marcar el futuro. Situación que siempre entra en conflicto con minorías radicales y lobbys de poder. El desenlace es ya conocido. No hace falta más que comprobar, como este perfil se ajusta a nuestros protagonistas y como las decisiones que habían tomado podrían cambiar el devenir de la historia. En concreto, la historia de Israel y la historia de Palestina. Es por todo esto ya conocido, que este artículo pretende recordar que en noviembre se celebra la fiesta de difuntos y que Kennedy, Rabin y Arafat murieron en este mes. No debió de ser una premonición, sin duda se trata de una "evidente" casualidad.