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TRIBUNA LIBRE

Experiencias y consecuencias

ÁNGEL NÚÑEZ SOBRINO ESCRITOR   | 03.11.2019 
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Qué sucedería si se mezclasen las clases sociales con sus valores y costumbres?.Qué sucedería si, por ejemplo, durante una velada burguesa unas aldeanas irumpieran allí como invitadas?. Qué sucedería si un grupo de burguesas realizasen labores en el campo?. Constituiría un curioso experimento antropológico y sociológico. Sucedería desorden, discusiones, reacciones mil; pero también intercambios de conocimientos en la gastronomía, ejemplo. Seguro que ambas clases pondrían lo mejor de si mismas , pero técnicamente no saldría bien ; no se daría una perfeccción, y no por ausencia de intención, sino por falta de aprendizaje , educación, ambiente, esfuerzo y tiempo. Qué aprendería cada clase social de la otra? Qué específicas lecciones le darían cada una a la otra? Qué fallos serían de plena evidencia? Qué correcciones vendrían?

Pues, por ejemplo, la aldeana aprendería que existen más cosas buenas que las que a diario practica; que valorar la amistad en la aldea en fundamental (salir de la prima y del cuñado), y que la simple relación de vecindad no llega, ni de conveniencia tampoco. Que el cultivo de los afectos (la empatía primero) lo complementa y enriquece todo.Y la burguesa aprendería, para liberarse de tensiones y de los prejuicios, que lo mejor es asistir a una romería de pulpo,churros y rosquillas, y echar un baile; y así de la rigidez social, de la conducta tiesa y fina, pero que finísima , encontraría una placidez necesaria que la conduciría a sentirse libre , es decir, a sentirse dueña de su conducta. La aldeana entiende que las cosas sólo existen porque las envía así la Naturaleza y Dios, y fuera de eso nada es concebible ni aceptable desde una malla de creeencias primarias. La burguesa entiende que las cosas y las normas existen y deben cumplirse así porque lo manda la sociedad y la "moral", y que la apariencia y la decencia es fundamental .De donde se deduce la existencia de un mundo regido por la necesidad en lo natural;de un mundo regido por la necesidad en la moral, y contra ello surge la existencia de un mundo posible, es decir, mejor, más completo, más avanzado, y que pertenece a la cultura, en ese posible salir de casa y detectar mundo distintos, mundos mejores y mundos liberadores. El ofrecimiento, pues, existe, sólo que con frecuencia a representantes de estas clases sociales no les interesa : no salen de su mundo repetido, inmobilizado y de obediencia automática. Un mundo carente de inquietudes y de curiosidad. Un mundo anodino.

Pero frente al sentido del matiz, de las probabilidades en que puede presentarse una conducta, de la complejidad enorme de la naturaleza humana, con frecuencia, además, imprevisible, y que es propio de las personas de amplio trato social, en el mundo rural todo se absolutiza y tampoco se contemplan las causas por las que una persona actúa. Sólo piensan en términos de blanco o negro; ni aplican un pensamiento riguroso, lógico, coherente acerca de los hechos y acerca de las conductas, y en general a todo lo que acontece fuera de sus intereses materiales. No valoran los árboles, como no sea el "arbol" de la uva, para una vida vinícola posterior y segura. Atentan contra la estética de las edificaciones, contra la sagrada tradición de la arquitectura popular, y cultivan el feísmo. Ningún partido político les puso freno ni correctivo ni sanción: he aquí una cobardía tapada de silencio. A los políticos rurales sólo les interesan los votos. Merodean entre las clases sociales el determinismo y los condicionamientos; pero también merodea la voluntad férreay la firmeza. Una vida poco interesante --rural o urbana-- podría evitarse si esa persona hubiera podido vivir dentro de un ambiente beneficioso?. Por mucho que esa persona se esforzase en mejorar, en prosperar, hubiera sido imposible su combate frente a un ambiente hostil?. Puede el ambiente sobre el individuo?. Puede el individuo sobre el ambiente?.

La tesis de Marx-- "el modo de producción de la vida material condiciona el proceso de la vida política, social y espiritual en general"-- hay que tenerla en cuenta, desde luego; es una regla de visión que contribuye a enfocar bien una situación concreta o histórica. Pero también es necesario considerar la época en la que escribió Marx, muy distinta de la actual, en la que el nivel de vida subió y con ello el acceso a realidades que eran inimaginables entonces, ahora son una realidad espléndida.

Piénsese por ejemplo en la aportación de la Informática, con todo lo que aporta; la televisión; los logros sociales; los partidos políticos de izquierda en plena acción ; como también el avance de las ciencias humanas, y la Genética, la Biología, la Psicología conductista, la Psicología profunda, la Pedagogía, la Neurología, la misión de las agencias de viaje que invitan a los ciudadanos a salir de la vida cotidiana, a salir de la cueva de la ignorancia en un puro platonismo. Además la moda de los museos y el aprecio del Arte impulsa a la gente a tener una reacción como si fuera una nueva Ilustración, donde la inversión y la devoción hacia el Arte van hacia lo mejor. Como asimismo la revolución sexual con todos sus espléndidos y sólidos resultados.

También ingresa un examen, por comparación, de la vida interesante que los otros han hecho de si mismos desde su esfuerzo, voluntad y sensibilidad. Y desde ese examen asoman cosas de todo tipo :modos de frustración, de fastidio, de envidia, de disgusto, de lamentaciones que, si la persona no es sana (retorcida ) desemboca en el resentimiento; y si la persona es sana (recta) desemboca en la (dura) lección de espabilar más para conseguir tener una vida rica e interesante, sea cual sea su clase o procedencia social. El éxito de los demás alecciona o fastidia desde un infinito campo de ejemplos. Poner marcha nueva en lontananza de ilusiones y esperanzas es un programa perfecto para tener una vida verdadera y auténtica, tomando lo mejor de la clase social a la que se pertenece, y rechazando lo peor. Lo peor de irse a morir es haber lamentado lo que se pudo haber hecho y no se hizo. Admitir también que toda vida humana tiene carencias y experiencias pendientes es un criterio que conduce a la prudencia, que frena siempre cualquier juicio malicioso y erróneo sobre el prójimo.