El Correo Gallego

Noticia 1 de 1 Tendencias » El Correo 2

Expertos en emociones

Cada vez se publican más libros en torno a la inteligencia emocional y el crecimiento personal. Aunque no faltan escépticos, lo cierto es que las tensiones del mundo han llevado al éxito a muchos autores que relatan terapias mediante las cuales, aseguran, podemos liberarnos de los miedos y de los obstáculos, para alcanzar el éxito y la felicidad.

JOSÉ MIGUEL GIRÁLDEZ   | 17.11.2019 
A- A+

La mayoría de estas terapias pasan por anular los pensamientos negativos, por crecer desde la libertad y la comprensión, por la confianza y la autoestima. También por el cuidado del cuerpo, en conjunción con la gestión de las emociones y el equilibrio mental. Las filosofías orientales con sus pensamientos ancestrales, o el yoga, figuran a menudo en estos métodos. Pero también se abren camino otras muchas ideas sobre el bienestar. Presentamos tres entrevistas con tres especialistas, entre los muchos que hoy dedican su trabajo y su escritura a este territorio de las emociones.

 

Rut Nieves habla de los cambios que su vida ha experimentado en apenas seis años. Ella habla, sobre todo, de sí misma. Como suele contar, trabajaba en un despacho de arquitectura en Alemania cuando decidió dejarlo todo, cambiar radicalmente de vida. Se tomó un descanso en la Selva Negra y allí empezó a preparar lo que sería su camino hacia el conocimiento personal. Desde entonces, se volcó en tomar decisiones positivas, en iniciar un viaje interior que le diera una seguridad que, hasta entonces, estaba muy lejos de sentir. Eso me dice, mientras hablo con ella en Compostela. Lo cierto es que sus lectores se han multiplicado, no sólo en España, sino en Latinoamérica, en poco tiempo, hasta llegar a los 250.000. Cree que es capaz de cambiar las prioridades vitales de los demás porque empezó haciéndolo con su propia vida. Algo no tan inhabitual entre los escritores que abordan el crecimiento personal a través del 'mindfulness' y la inteligencia emocional.

Esta misma semana ha vuelto con 'Naciste para disfrutar' (Planeta), un libro que continúa en la línea de la trilogía que la hizo famosa en el territorio de la gestión emocional. En esta ocasión, Rut Nieves se adentra en el mundo de la sexualidad y las relaciones conscientes. Para ella, todo está conectado dentro del cuerpo, también lo físico y lo espiritual, y una y otra vez subraya el poder sanador de las relaciones personales, de la sexualidad vivida en plenitud y con alegría. Todo en ella parece remitir a un despojarse de obstáculos, de factores represivos, hasta lograr conectar con las esencias de la vida humana.

2013 fue un año clave en tu vida.

Desde luego. Ese año dejé el trabajo como arquitecta en Alemania y decidí dedicarme a lo que verdaderamente me apasiona, que es este universo en el que investigo las emociones humanas y el potencial de la mente. En 2013 descubrí que era posible vivir dedicándose al coaching, porque era algo que ya mucha gente antes que yo había puesto en marcha. Así que cambié mi vida, sin más. Creo que fui honesta conmigo misma por primera vez. Sabía desde hacía tiempo que no era el tipo de existencia que quería para mí, pero no me atrevía a dar el paso. Me interesé por cosas por las que no me había interesado nunca, leí muchísimo, y, desde luego, fue un vuelco para mí.

Es decir, pones en marcha estos nuevos conocimientos para cambiarte a ti misma.

Desde luego. Fue un momento muy mágico, muy transformador. Yo era una persona que no era muy consciente de mis emociones. Solía reaccionar con ansiedad o con tristeza, y la verdad es que durante muchos años me ayudé del deporte. Corría. Pero me parecía que con correr no se liberaba la ansiedad. Así que ahí me interesé muchísimo por el yoga. Se convirtió rápidamente en mi herramienta para liberar emociones. Gracias al yoga conecto con mi esencia, logro relajarme y sentirme fuerte, que es de lo que se trata. No es la única técnica, claro. Con el yoga descubrí el poder de la respiración consciente. Estamos llenos de emociones reprimidas, y hay que acabar con eso. Le estamos dando también demasiado poder a la tecnología.

¿Eres tecnófoba?

No, no. Yo creo en la tecnología. Pero no en que nos esclavice, como está empezando a suceder.

En este libro cuentas muchas cosas de ti misma. Hablas mucho de tus padres, de aquella infancia y aquella juventud donde la responsabilidad parecía importar más que la necesidad de divertirse o disfrutar.

Es justo así. Yo sentía que tenía que hacer siempre lo que me decían. Pero al tiempo necesitaba dejar claro que quería ser yo misma, sin manipulaciones, que quería tener mi propia libertad. Las personas tienen que ser conscientes de sus miedos para transitarlos, y para liberarse de los condicionamientos adquiridos que no nos benefician: hay que desmontarlos. Para poder sanar un problema hay que arrancarlo de raíz. Yo experimenté muchos miedos, miedo al hombre, a la vida en pareja.

Insistes en que todo en el cuerpo está conectado.

El cuerpo es increíble y sabio. Cuando una persona tiene miedos, oculta el cuerpo con rigidez, con tensión, incluso con sobrepeso, o con otros asuntos. En el cuerpo se manifiestan todas esas cosas.

Lo importante es tener una buena motivación.

Yo lo tuve claro. Quería disfrutar de mi vida y no lo lograba. No es fácil, pero es un proceso liberador. El cuerpo te dice el ritmo que debes llevar. Y te sientes bien poco a poco, como si te fueras despojando de un peso infinito.

Dices que hay que volver a la comprensión y a la compasión.

Bueno, son dos aspectos muy sanadores y muy poderosos. Se puede vivir desde el miedo o desde el amor. El amor implica autorrespeto, pero también respeto a los demás. Con eso, debería ser suficiente. Es una cuestión de la libertad mutua. El mecanismo de culpar a otros, el mecanismo del castigo, proviene del victimismo, de la queja, del miedo. No culpes a otros de tu infelicidad, porque pierdes tu libertad. Es bueno ver el mundo desde el no juicio. Cuando se da la comprensión, podemos llegar a la compasión.

¿Vivimos ahora una sociedad muy pendiente de establecer la culpa?

Sin duda. Nos lo han inculcado. Creo, sin embargo, que poco a poco se empieza a vivir desde el respeto, que es fundamental en el proceso sanador de la sociedad. Existe la idea de que sólo se puede subsanar el error con el castigo, pero el ser humano tiene derecho a cometer errores. Creo que la persona que culpa, en general, es porque se siente culpable.

Dices que el cuerpo debe ser valorado, aunque persista esa cultura del cuerpo como algo a veces negativo, como una especie de lastre.

El cuerpo es nuestro hogar. A veces, para evitar el dolor, nos desconectamos del cuerpo. O de una parte. Por eso se pierde a veces la salud, por ejemplo. Y también se pierde la capacidad de disfrutar del placer, a través del miedo o de la culpa. Por eso es peligroso olvidarse del cuerpo. Yo ahora me siento mejor que en el pasado, pero creo que lo mejor está por llegar.

 


Curro Cañete lleva tiempo dedicado al coaching personal, fundamentalmente en el área de Madrid. Uno de sus objetivos fundamentales reside en la búsqueda de la autoestima, en la necesidad de recuperar la confianza en uno mismo para acometer mayores empresas. Pero, en conjunto, Cañete alude a la felicidad como el objetivo final, como lo que envuelve todo proceso humano, toda búsqueda vital. En su primer libro, 'Una nueva felicidad', contó también su propia historia de liberación. Ahora regresa con 'El poder de confiar en ti' (Planeta), donde promete que un individuo es capaz de alcanzar las más altas metas si se despoja de los miedos que siembra la vida, y si se dedica a lo que aquel aforismo griego que figuraba en el templo de Apolo en Delfos señalaba con sabiduría: "gnothi seautón': conócete a ti mismo".

¿Cómo explicas, Curro, este estallido de la inteligencia emocional y del coaching personal?

Cada vez es más importante aprender a gestionar las emociones. Hay que avanzar en la comprensión del cerebro. Pero sobre todo hay que saber a qué queremos dedicar nuestra existencia. Siempre he sabido que el interés por todo esto ha crecido mucho. Mi libro, por ejemplo, ya está en la décima edición. Me escriben todos los días muchísimos lectores, así que sé muy bien lo que significa este surgimiento, que no es otra cosa que la búsqueda de la felicidad y la liberación de los límites que nos ponemos.

Hay también un resurgir de las ideas y las filosofías orientales, persiguiendo el mismo propósito. Pero, en realidad, hablamos de terapias casi ancestrales.

Desde luego. Yo sé que he nacido para esto, lo siento así. Nadie en mi familia se dedicaba a esto... Para mí esto fue como si se me abrieran las puertas de un mundo especial. Entré en una especie de torbellino. Descubrí el potencial que tenemos, y mis amigos se quedaban perplejos. He trabajado mucho en mí, he sido disciplinado.

Hablas mucho de ti en tu libro. Seguramente el aprendiz debe aprender a confiar en las experiencias del maestro.

Sí, hay cosas incluso duras. Es la realidad verdadera. Yo perdí un hermano, y eso nos trastornó mucho. Era una persona bellísima. Y dormíamos apenas a un metro de distancia. Yo no me quería nada, me quería cambiar por cualquier otra persona. No me aceptaba, no lo hice hasta superados los treinta años, empezando por mi homosexualidad. Vivía con mucha oscuridad. Ahora me permito sacar fuera lo que tenía dentro.

Empezaste Derecho en Córdoba, y aterrizaste en Madrid, y también en la noche de Madrid. Pero dices que no te llenaba del todo.

Bueno, lo de Madrid fue mejor que lo de Derecho, en cualquier caso. Madrid fue un amor a primera vista. ¡La Gran Vía! Ahora vivo a diez minutos. Así que estudié periodismo. Lo disfruté. Fui a los Goya, empecé a conocer a todo el mundo, especialmente gente del cine español, que a mí me gusta mucho. Pero hubo un momento en el que descubrí que no era eso lo que quería hacer el resto de mi vida. Ahora sólo escucho a lo que me diga mi sabiduría interior. Fui haciendo una transición personal, temeroso, sí, de que los demás no me entendieran. Pero lo hice. Así que escribí 'Una nueva felicidad' para narrar cómo mi vida se había partido en dos. Hice un master, varios cursos... Mi primera cliente fue mi madre. Conseguí que dejara de fumar después de hacerlo durante cuarenta años.

Bueno es que, como decían los latinos, lo verdaderamente humano es equivocarse.

De eso no tengo ninguna duda.

Y tú también dejaste de fumar.

Desde luego. Es una trampa de la que uno se puede liberar si quiere hacerlo. Se trata de abrir la mente, de ampliar la perspectiva.

Hay que conocerse mejor.

Claro. Hay personas que no saben qué quieren. Tienen falta de autoconocimiento. El proyecto de vida es uno de los grandes actos de amor por uno mismo. El objetivo y el deseo de hacer algo son cosas importantes porque nos hacen más felices en el presente.

¿No será un poco egoísta pensar tanto en uno mismo?

¡No! Es el mayor acto de generosidad. Porque sólo desde tu felicidad puedes contribuir a la felicidad de los demás. Por esa regla de tres, llamaríamos egoísta a Teresa de Calcuta...

Hablas en tu libro de gente tóxica que nos lleva al lado negativo de la vida.

Bueno, son personas que están muy atrapadas en la queja, en el miedo y en el qué dirán. Se creen incapaces de realizarse y entonces se dedican a emitir toxicidad. Hay que ser consciente de esto. No hay que odiar a nadie, pero quizás sí evitar esas influencias. Todo lo que nos resulte pernicioso debe limitarse... a mis clientes les digo que eviten aquello que les pueda tensionar, aunque sea una tertulia política, o una tertulia del corazón. Mejor buscar emociones positivas, entrenar nuestra mente para eso. Hay gente que vuelca sus frustraciones allá donde va, y no sólo en las redes sociales, sino en el mundo físico, en el mundo real.

 


Marian Rojas Estapé es psiquiatra, licenciada en Medicina y Cirugía por la Universidad de Navarra y llega años trabajando en Madrid. Con un perfil científico y académico, la doctora Rojas se ha especializado en los trastornos de personalidad, en la depresión y la ansiedad y en las terapias familiares. Conocidas son, también, sus aportaciones como colaboradora en diferentes proyectos de cooperación en países extranjeros. Y ahora mismo, trabaja en un nuevo proyecto, que tiene que ver con las emociones y la motivación, especialmente dentro del ámbito empresarial. Ha publicado, en el último año, 'Cómo hacer que te pasen cosas buenas' (Espasa), y como sucede a muchos de sus colegas, está alcanzado un amplio reconocimiento por parte de los lectores.

Tu libro, que habla de gestionar las emociones y de cambiar nuestras vidas, tiene un título peculiar y atrayente. Todo el mundo quiere que le pasen cosas buenas, claro está. Y esta idea ha hecho que este libro sea uno de los más leídos del año, que no es poca cosa.

Todos nosotros queremos encontrar paz y serenidad, un cierto equilibrio interior. Vivimos una vida febril que tiene una gran repercusión en el cerebro y en el organismo. De esto habla mi libro. Del peligro de vivir en un estado de alerta o de estrés constante. La gente tiene cada vez más ganas de conocerse a sí mismo. No dejan de publicarse libros sobre crecimiento personal y eso es porque la gente está muy interesada. Yo, en mi consulta, veo ahora cosas muy dispares. No los cuadros de ansiedad o depresión tradicionales, o no sólo eso, sino gente que viene buscando entenderse a sí mismo, gente que quiere sacar a la superficie lo mejor que lleva dentro.

Hay que aprender a gestionar la vida.

Lo más importante es empezar por conocerse. Preguntarse, ¿quién soy yo? Sin esto, nada se puede hacer. Tiene que haber una buena relación entre lo que yo soy y lo que yo muestro de mí. Incluyendo las redes sociales, desde luego. Hay que evitar que exista discordancia en esto. Y luego hay que entender por qué uno es como es. Entender el pasado. Acudir a los orígenes con cuidado. Y, finalmente, tenemos el paso de la aceptación. Hay que aceptar que tenemos limitaciones, que nos equivocamos. Pero eso es lo bueno, no lo malo. Nos ocurre a todos, es un rasgo humano. Uno no pierde por eso, sino que gana, si aprende a mejorar.

Una de las causas fundamentales de la ansiedad, dicen, reside en esa ansia tan contemporánea de triunfar siempre. Y en el exceso de la información, que hoy nos llega de forma compulsiva. No podemos gestionar todo eso.

Estamos en un momento de la historia en el que nunca antes hemos tenido tanta información. Y, al tiempo, nunca hemos sido tan vulnerables. Lo que sucede es que somos adictos a lo superficial. Y luego nos cuesta conectar con lo interior y con lo profundo. Cada vez cuesta más prestar atención. Incluso leer, concentrarse. No estoy en contra de las redes, pero nos crean problemas: estamos perdiendo el contacto directo, el tú a tú. Las cosas buenas de la vida tienen que ver con la vida real. La vida digital está diseñada para obtener gratificaciones instantáneas, que generan placer, pero a la larga nos generan vacío.

Suena a que vivimos de una manera infantilizada.

Bueno, uno de los síntomas de madurez es aprender a posponer las recompensas. También tener un proyecto de vida que nos permita superar siempre el pasado. Necesitamos emociones cada vez más intensas para ponernos en marcha. Esto es un problema. Queremos sentirnos apreciados, recibir estímulos positivos de los demás. Pero no podemos estimularnos sólo con luz, sonido y movimiento, como hacen las pantallas.

Las descargas de dopamina nos gobiernan. Por ejemplo, en el universo adolescente. Imagino que es un reto para los psiquiatras, con tanto videojuego.

Hace años que empecé a ver jóvenes en un estado de apatía. No eran depresiones, simplemente sucedía que nada los motivaba. La juventud es difícil, hay crisis de identidad, uno se enfrenta a sus miedos y fobias. De acuerdo. Pero ahora, comunicarse con un adolescente es mucho más difícil. Y hay padres que hablan con sus hijos por 'whatsapp', porque se evita la interacción directa. Generar conciencia sobre este tema es muy importante. Yo no tengo nada contra la tecnología, pero de nuevo hay que saber gestionar. Como dicen los teóricos americanos, lo que no se usa se pierde. Y buscarlo todo en Google puede conducir a una pérdida de la capacidad de retención del cerebro, o incluso de memoria.

¿Vivimos en una sociedad en la que se utiliza el miedo para controlarnos?

Cuando se activa el miedo, la almígdala hace que la corteza prefrontal se bloquee, o al menos que disminuya su función. Es decir, el miedo hace descender la capacidad de decisión y de analizar las cosas. Ahora, el miedo es un ingrediente absoluto a la hora de provocar confusión, es una herramienta bien conocida en las guerras y en los conflictos de todo tipo.

El cortisol es, dice en su libro, el reflejo de lo que nos pasa.

El cortisol es la hormona que se produce cuando alguien se siente amenazado. El cortisol no es malo, pero es perjudicial generarlo constantemente. Puede llegar a aumentar un cincuenta por ciento por encima de lo recomendable, y a ello contribuyen también las amenazas imaginarias. Es una especie de intoxicación que va a generar muchos problemas físicos, psicológicos, inflamaciones, migrañas, fallos de memoria, depresiones o problemas inmunológicos.

La pasión y la compasión son elementos básicos para obtener eso que usted llama 'tu mejor versión'.

Hay dos maneras de vivir. Bajo la amenaza constante o desde el crecimiento y la confianza. Hay que intentar no ser esclavo de las circunstancias. Uno elige a la gente por la pasión, no por el currículuma. Y la compasión eleva a quien la practica, porque significa 'sufrir con'. Hoy hay miedo a sentir el dolor de los otros, porque creemos que nos quita parte de nuestro placer, o pensamos que nos angustia. La vida también tiene un componente dramático, por eso hay que aprender a conectar con las cosas buenas, que suceden cada día.

Usted sabe de lo que habla. Ha trabajado en zonas de conflicto y de mucho dolor. Estuvo, por ejemplo, en Camboya. ¿Por qué lo hizo?

Siempre he tenido inclinación por la gente que sufre. De pequeña me iba a barrios marginales, a ver a gente que estaba sola. Con diecinueve años me fui a trabajar al Bronx, [a una zona compleja entonces], de profesora... Lo de Camboya me transformó de un modo importante también, fue algo duro, sin duda, al igual que otras experiencias internacionales. En fin, el sufrimiento también te prepara para la felicidad.