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El gozoso estreno de Enrique Juncosa

El que fuera director del Irish Museum of modern art, poeta, crítico y traductor de Colm TÓibín y Djurna Barnes acomete por primera vez el arte del cuento en 'Los Hedonistas' (los libros del lince)

Radio Obradoiro

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Entrevista a Enrique Juncos en El Sábado Libro

Enrique Juncos, escritor. Por José M.Giráldez

TEXTO JOSÉ MIGUEL GIRÁLDEZ   | 07.09.2014 
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La caza de la felicidad, la posibilidad de encontrarse el paraíso, en esta o en la otra esquina. Exotismo, erotismo, hedonismo. Elegancia infinita. Juncosa se corona con su primera colección de cuentos. Los Hedonistas (Los libros del lince) es un gozne gozoso que abre la puerta de los milagros literarios. Con un leve rumor. Poeta, traductor de escritores de gran recorrido (Julian Barnes, Djurna Barnes, Colm Tóibín), ex director del Irish Museum of Modern Art, es seguro que cierto aire de Irlanda impregna lo que escribe. ¡Suena tan elegante y diferente! Hablé con Enrique Juncosa hace algunas semanas. Desde el principio, tuve la sensación de que estaba ante alguien con un infrecuente talento para capturar las leves sensaciones, los momentos suspendidos, el relámpago del placer, y ese rastro azul del tiempo sobre las cúpulas doradas de la felicidad. Tal vez me recordó a Katherine Mansfield. En fin. Cosas mías.

Juncosa ha publicado ya siete libros de poemas, pero este es el estreno en el universo de la narrativa. Y creo que es un estreno maravilloso. Le digo que me gusta todo de su colección de cuentos (con prólogo de Vicente Molina Foix), empezando por el título. Se ríe Enrique Juncosa: "bueno... el título es más cosa de Enrique Murillo. Yo iba a utilizar el título de uno de los cuentos [Los nihilistas] para eso, pero Murillo me convenció de que Los hedonistas quedaría mucho mejor. Y creo que estaba en lo cierto. Ya sabes que no es fácil encontrar una idea que condense historias tan dispares". El libro está poblado de colores, de luces, de dorados, de cosmopolitismo. "Me encanta viajar. Empecé en los años 90 y me gusta África, Asia y Latinoamérica, porque Europa es más un territorio para asuntos del trabajo. Pero ya mi poesía estaba informada por esa misma tendencia. Los últimos nueve años, dedicado al Museo de Dublin, no tenía ni un minuto para mí. Me conformaba con la poesía y con la crítica de arte. La verdad es que dejé el trabajo para poder escribir narrativa", confiesa. Y no podemos dejar de hablar de Irlanda. "Los años de Dublin fueron una experiencia extraordinaria. Creo que mi trabajo en el museo fue reconocido, y, como no es un país muy grande, es fácil tratar con todo el mundo que se dedique al arte o a la literatura. Me costó irme de allí. Me hubiera gustado estar más tiempo".

Juncosa quería escribir prosa, narrativa, pero Philippe Parreno ayudó a ello. El artista francés le pidió un cuento, no un texto cualquiera, para su catálogo [que editó primero el Centro Pompidou], y así nació 'La estrella de cine y el pulpo'. "En cierto modo, fue un impulso. Porque luego me pasé tres veranos completando la colección de relatos", dice.

"Siempre he escrito sobre personas de verdad (artistas, sobre todo), así que pensé que también sería fácil escribir de personas reales en la ficción. Somerset Maugham en el primer cuento, por ejemplo", explica Juncosa. "Me había leído sus cuentos completos, me gustaron mucho, porque a él le interesa, como a mí, el sureste asiático. Voy allí siempre que puedo. Me inventé casi todo lo que cuento en Mandalay, pero sé que a Maugham no le fue fácil hablar de su pareja, porque no era fácil hablar de la homosexualidad, y por eso quise hacerlo en un relato. Se lo envié en inglés a su biógrafa, Selina Hastings, porque había sido traducido para una revista irlandesa. Incluso fui a verla a su casa. Vivía, además, en la casa de Londres donde había vivido José Rizal [el escritor filipino nacido en 1861], que es otra de las personas que sale en los cuentos. A Rizal, por cierto, lo descubrí en una librería japonesa de Kuala Lumpur, y la verdad es que me parece más moderno que la literatura española de esa época. Me sorprende que nos hayamos olvidado de la literatura filipina)."

Hablamos largamente sobre los diminutos y electrizantes detalles de sus cuentos. Ahí están los movimientos revolucionarios en Filipinas, y sus contactos por el mundo: "me pareció que era bonita la idea de poner a dos españoles a favor de la revolución...", dice Juncosa, que no renuncia a sus escenarios favoritos, a sus lugares amados. Y concluye: "cuando viajo intento conocer a los artistas de los sitios a los que voy. No quiero hablar de otros occidentales que viven allí. Creo que el viaje y el amor son dos de los asuntos que más me importan. Y luego, esas pequeñas cosas que nos pasan en la vida y que nos la cambian para siempre".