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La historia del cine también se escribe en femenino

Este 8 de marzo se celebra como cada año el Día Internacional de la Mujer Trabajadora. Y el cine, como cualquier otra disciplina artística, ha reflejado el talento femenino en multitud de ocasiones... aunque lamentablemente pocas ha sido reconocido como debiera. Todo llegará.

La directora francesa Agnes Varda fue la gran voz femenina de la Nouvelle Vague.
La directora francesa Agnes Varda fue la gran voz femenina de la Nouvelle Vague.

FEDERICO TORRES  | 08.03.2020 
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Mientras que los hermanos Lumière y Georges Méliès están siempre presentes en el imaginario colectivo como los padres del cine, la mujer que sentó las bases de la ficción y aportó al séptimo arte un carácter narrativo cayó en el olvido. Fue la primera directora de la historia y vivió de su profesión durante veintiocho años. Su nombre es Alice Guy (Saint-Mandé, 1873).

La vasta producción de Guy, en la que aborda toda clase de géneros, acumula más de mil títulos. Esta mujer fue pionera en aplicar una perspectiva emocional a sus personajes. También fue la primera en incorporar el color y el sonido a sus trabajos y definió el rol de director de cine, entre otros méritos. Cruzó el Atlántico en 1907. Tres años más tarde, fundó su propia productora, The Solax, en Nueva York. Todo esto antes de que las mujeres españolas pudieran siquiera votar. Un derecho que no llegaría hasta 1931.

El legado de Guy fue soterrado hasta que sus memorias fueron publicadas en 1976. Cinco décadas después de su muerte, las realizadoras siguen sin recibir el mismo reconocimiento ni las mismas oportunidades que sus homólogos masculinos. El cine es, en sí mismo, una representación parcial e incompleta de la realidad. Si transmite una mirada única, la masculina, dicha representación del mundo estará sesgada.

Sofia Coppola, hija de Francis y estandarte del vacío existencial de nuestros días.

Este domingo 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, honramos la memoria de Guy y recordamos a otras directoras que con sus películas produjeron cambios trascendentales en la industria cinematográfica, marcando y conquistando poco a poco el camino hacia la igualdad.

SIETE BELLEZAS (1975), DE LINA WERTMÜLLER. La primera edición de los premios Oscar se celebró un 16 de mayo de 1929. La Academia de Hollywood, fundada en 1927, tardó cuarenta y ocho años en nominar a una mujer a la mejor dirección. Fue a la cineasta italiana Lina Wertmüller (Roma, 1928) por Siete bellezas. Aunque, finalmente, el galardón fue a parar a las manos de John G. Avildsen, que ganó por Rocky. Desde entonces, solo cuatro mujeres más han competido en esta categoría además de Wertmüller: Kathryn Bigelow por En tierra hostil, Jane Campion por El piano, Sofia Coppola por Lost in Translation y Greta Gerwig por Lady Bird.

EN TIERRA HOSTIL (2008), DE KATHRYN BIGELOW. Kathryn Bigelow (California, 1951) es la única cineasta que ha levantado el Oscar a la mejor dirección. La realizadora rompió un techo de cristal aparentemente impenetrable en Hollywood en 2010 con la cinta bélica En tierra hostil, laureada además con los premios a la mejor película y al mejor guion original. También fue la primera mujer en dirigir un largometraje de más de 100 millones de dólares. Ocurrió en 2002 con K-19: The Widowmaker, protagonizada por Harrison Ford y Liam Neeson. Patty Jenkins fue la segunda con Wonder Woman y Ava Duvernay con Un pliegue en el tiempo, la tercera.

LA VIDA SECRETA DE LAS PALABRAS (2005), DE ISABEL COIXET. Isabel Coixet (Barcelona, 1960) es la única mujer que pertenece al selecto grupo de realizadores con más premios Goya a la mejor dirección, dos en total. Comparte título con Almodóvar, Amenábar, León de Aranoa, Bayona y Trueba.

Uno de esos cabezones lo recibió por su trabajo en La vida secreta de las palabras, una oda al peso del pasado en la que Coixet puso a sus órdenes al oscarizado Tim Robbins. La catalana también forma parte de ese 9 % de directoras en el género de ficción que en el año 2017 pudo estrenar su proyecto, La librería, según un informe realizado por la Asociación de Mujeres Cineastas y de Medios Audiovisuales.

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SELMA (2014), DE AVA DUVERNAY. Las oportunidades laborales detrás de las cámaras se recrudecen para las mujeres si además pertenecen a una minoría racial. De los 109 directores que llevaron la batuta de las cien películas más taquilleras del 2017 solo el 5,5 % eran negros y, entre ellos, solo figura una mujer, Ava Duvernary (California, 1972). La directora fue la primera fémina negra candidata al Globo de Oro a la mejor dirección por Selma, un filme sobre la lucha del político y activista Martin Luther King Jr. Con Un pliegue en el tiempo, producida por Disney, Duvernay marcó otro hito al convertirse en la primera mujer de su raza en dirigir una película con un presupuesto de más de 100 millones de dólares.

KUNG FU PANDA 2 (2011), DE JENNIFER YUH. Otra etnia prácticamente invisible en la silla de dirección es la asiática. Desde 2007, tan solo tres producciones han sido dirigidas por mujeres de esta etnia. Dos de dichas cintas son de Jennifer Yuh Nelson (Corea del Sur, 1972) y, encima, una de ellas fue co-dirigida junto a un hombre. Al ponerse al frente de Kung Fu Panda 2 se convirtió en la primera mujer encargada de dirigir íntegramente una película de animación para un importante estudio de Hollywood, Dreamworks Animation. La de Yuh fue la entrega de la franquicia que mayor botín amasó en taquilla, 665 millones de dólares en total, y fue nominada al Oscar al mejor filme de animación.

BIG (1988), DE PENNY MARSHALL. Nadie en Hollywood quería dirigir Big, considerado hoy en día todo un clásico, hasta que llegó Penny Marshall (Nueva York, 1943). Esta comedia fue la primera película dirigida por una mujer que consiguió alcanzar los 100 millones de dólares en taquilla. En total, recaudó 151 millones de dólares. Bajo las órdenes de Marshall, un joven Tom Hanks lograría la que sería la primera de sus cinco nominaciones al Oscar. La película dejó inolvidables escenas como la de Josh y MacMillan tocando Heart and Soul al piano.

AHORA O NUNCA (2015), DE MARÍA RIPOLL. María Ripoll (Barcelona, 1964) dirigió a Dani Rovira y a María Valverde en la comedia Ahora o nunca. A pesar de no recibir los favores de la crítica, sí conquistó a la taquilla. Ripoll es de las pocas cineastas que ha superado la barrera del millón de espectadores, recaudando un total de 9,4 millones de euros. Ahora o nunca fue el estreno español más exitoso del 2015 y estuvo presente en 449 salas de cine.

WONDER WOMAN (2017), DE PATTY JENKINS. Patty Jenkins (California, 1971) rompió los estereotipos del género de superhéroes y reventó la taquilla mundial con Wonder Woman. Protagonizada por Gal Gadot, fue la película más vista dirigida por una mujer en su primer fin de semana en cartelera, alcanzando los 103 millones de dólares. A nivel mundial, recaudó 821 millones de dólares. Jenkins y Gadot volverán a reencontrarse en la secuela Wonder Woman 1984, que llega a los cines el 5 de junio de 2020.

‘El piano’ supuso la consagración de la estimable realizadora Jane Campion.

EL PIANO (1993), DE JANE CAMPION. Solo una mujer se ha llevado la prestigiosa Palma de Oro en el Festival de Cannes. Fue Jane Campion (Wellington, 1954) por El piano, hace ya veintisiete años. El filme optó a ocho premios de la Academia, incluyendo mejor película. Campion estuvo nominada al Oscar a la mejor dirección, aunque finalmente se impuso Steven Spielberg por La lista de Schindler. Aún así, la cineasta consiguió el premio al mejor guión original y las dos protagonistas del filme, Holly Hunter y Anna Paquin, levantaron la estatuilla a la mejor actriz y mejor actriz de reparto, respectivamente.

LA SEDUCCIÓN (2017), DE SOFIA COPPOLA. Sofia Coppola (Nueva York, 1971) se alzó con el galardón a la mejor dirección en el Festival de Cannes por su versión de La seducción, convirtiéndose en la segunda mujer en alcanzar dicho reconocimiento. La primera fue Yulia Solntseva (Moscú, 1901), en 1961, por la película La epopeya de los años de fuego. En 2003, Coppola hizo historia por ser la primera mujer norteamericana en optar al Oscar a la mejor dirección por la obra de culto Lost in Translation, protagonizada por Bill Murray y Scarlett Johansson.

AMERICAN PSYCHO, DE MARY HARRON (2000).  Christan Bale protagonizó la adaptación de la famosa novela de Bret Easton Ellis y encarnó al sociópata Patrick Bateman a las órdenes de Mary Harron. El trabajo de la cineasta canadiense en esta hiperviolenta cinta le valió no pocas alabanzas. Mientras algunos seguimos preguntándonos hasta qué punto son reales los asesinatos de Patrick Bateman, otros deciden que el final está claro y que lo mejor es llevarlo al mundo real. Al menos así lo pensó Michael Hernandez, un joven que en 2004, con 14 años, asesino a un compañero de clase en el baño apuñalándole 40 veces. El joven dijo que que se había basado en American Psycho, pero también explicó que Dios le había dado poderes especiales y que estaba de acuerdo con que matase a su amigo.

BUDA EXPLOTÓ POR VERGÜENZA, DE HANA MAKHMALBAF (2007). Con tan sólo 19 años esta joven cineasta iraní maravilló a medio mundo con esta conmovedora y desgarradora película que con una exquisita sencillez refleja en los niños afganos toda la crueldad y los miedos derivados de un entorno tan violento. Hija de uno de los más reputados cineastas iraníes y hermano de otra realizadora ya consagrada, Hana Makhmalbaf puso en evidencia tanta madurez como sensibilidad. Enmarcada entre las gigantescas estatuas de los Budas que los talibanes afganos volaron con dinamita, la historia de la niña que lucha contra viento y marea para asistir a la escuela adquiere una particular fuerza simbólica. La discriminación de la mujer en una sociedad machista se hace aún más evidente cuando la pequeña protagonista es atacada por unos niños que juegan a la guerra. Simulan ser soldados norteamericanos y la someten a todo tipo de vejaciones que, en su dimensión simbólica, adquieren una fuerza todavía mayor.

El pintalabios que alterna su función natural con la del lápiz que la niña no ha podido conseguir a cambio de unos huevos es otra metáfora que reafirma la dimensión cívica y social de esta, además, gran película. Su simplicidad, solo aparente, la engrandece, supera con creces el riesgo de toda película con niños y su dimensión poética atraviesa fronteras para inscribir su lucha contra la intolerancia en una dimensión universal. A Rossellini, estoy seguro, le hubiera encantado.

La felicidad de Agnès Varda(1965). Oso de Plata en el Festival de Berlín, con La felicidad, Agnès Varda analizó las complejidades de un triángulo amoroso, el de François (Jean-Claude Drouot), un joven carpintero que ama a su esposa, Thérèse (Claire Druot), pero que también se siente atraído por Émilie (Marie-France Boyer). Una reflexión sobre los caprichos del corazón.

Considerada la figura clave en el desarrollo de lo que, posteriormente, se conoció como la Nouvelle vague, Agnès Vardanos dejaba elpasado año. Con ella se fue uno de los emblemas de la renovación del cine francés, mentora y referente de cineastas como François Truffaut, Alain Resnais o Jean-Luc Godard, como también uno de los símbolos culturales más importantes del feminismo.

Tal reconocimiento fue ganado a pulso. Mientras estudiaba Historia del Arte y Fotografía en la Escuela de Bellas Artes de París, en 1951, fue cuando empezó a cambiar su gusto por la fotografía por otra pasión llamada cine. El estreno de su primer largometraje, La Pointe Courte, en 1995, fue un momento muy relevante, ya que el filme es considerado piedra angular de la Nouvelle vague.

Desde entonces, Varda se convirtió en una de las figuras esenciales del cine francés. Considerada también un referente del cine de denuncia social al entremezclar actores profesionales con amateur, fue contemporánea de cineastas como Luchino Visconti o Michelangelo Antonioni. Además, fue una pionera e impulsora de que las mujeres dirigiesen películas. “Sugerí a las mujeres que estudiasen cine. Les dije: Salid de las cocinas, de vuestras casas, haceos con las herramientas para filmar películas”, afirmó.