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tribuna libre

El ímpetu viajero

ÁNGEL NÚÑEZ SOBRINO  | 23.12.2018 
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FRENTE al uso del ordenador para todo, estar ante una presencia asesorante en la agencia de viajes amplía información directa frente a la Informática. Da consejos, transmite experiencias, ofrece un panorama de conveniencias o inconvenientes que el frío aparato, juguetito para muchos sin vida social, no es capaz de dar. Mucho mejor si somos clientes. Viajar a una ciudad grande o a un país desconocido es no es sólo saber sacar un billete; es mucho más. Es conocer de alguna manera una anticipación, tener una ilusión en la documentación que llevamos, saber un guión formado por planos y guías. Mucho cuidado también habrá de tener el empleado de la agencia para no equivocarse, o mandar a un hotel inadecuado a sus clientes , porque estos no volverían o corrigen agriamente a éste.

¿Qué gana el viajar o el leer?. ¿Qué gana: visitar museos o hacer montañismo? Los datos que proporciona la actualidad me dicen que gana el viajar; y una de las mejores maneras de investir el dinero es viajando. No es en absoluto una acción simple, elemental.

Es una acción acompañada de estímulos, motivaciones. Conlleva además un elemento antropológico importante, y es la posibilidad de conocer lo que se vio en la televisión, así como en folletos turísticos y en propagandas, y disponer así de una experiencia espacial perceptiva. Este es el mayor motivo que explica que la gente viaje tanto, a lo que añado la narración entusiasta de los que ya viajaron, y por suerte, y en general, una buena economía que abre posibilidades.

Las agencias de viaje ofrecen la gran oportunidad a todo aquel que sea curioso e inquieto. Las agencias de viaje ofrecen la visión gráfica del deseo desde la pantalla del ordenador. Ellas ofrecen todo tipo de datos a las preguntas del cliente. Proyectos, apetencias, intenciones y necesidades colman las preguntas del cliente. Antropológicamente, ¿cómo son los que viajan? Las personas-biología o sin una formación cultural cualificada prefieren playa y apartamentos con piscina, espacios de bullicio, restaurantes y discotecas; las personas-biografía y con vida sobre todo orientada a la cultura prefieren ciudades vetustas con historia, arte, museos y tradición. Son extremos quizá demasiado excesivos por lo excluyentes, y lo excelente sería que se diera una mezcla adecuada a las necesidades de los tipos psicológicos que viajan y sus apetencias correspondientes.

Muchas veces detrás de tanta cultura lo que se necesita en realidad es unos días para desconectar frívolamente; y muchas veces el complemento espléndido a tanta vida primaria es una buena ración de cultura y arte. En los viajes organizados es muy importante el buen empleo del tiempo: practicar una especie de síntesis de lo que a cada cual le interesa ver mirando el reloj con cierta frecuencia. Los folletos y revistas que se regalan como propaganda y elección forman la propia funcionalidad empírica de la Agencia. ¿Hacia dónde va la experiencia del viajar? ¿Cómo se acumula, cómo se utiliza, cuánto tiempo permanece en la mente del que viajó? Con el ímpetu viajero se trata de acumular plenitudes, y también acciones.

¿Por qué existen personas que quieren viajar? Porque, lo sepan o no, existe una inclinación biográfica en cada cual, y están elaborando biografía propia con sus tres condimentos : acontecimiento, conseguimiento y atrevimiento. Para adentrarse en una lectura filosófica cito la obra de Donald Davison Actions et événements (1993).

En pleno viajar aparecen a menudo circunstancias que conducen a una osadía, con lo que se crea un elemento biográfico valioso. Se trata de iniciar una interrupción cualitativa y cuantitativa de lo cotidiano. El origen o el nacimiento del ímpetu viajero ¿sale de uno o surge como una imitación? El elemento clave que explica lo primero es la sensibilidad y la inquietud natural de que se está dotado. El elemento clave que explica lo segundo es la conversación que convence con entusiasmo entre los que sí han viajado, desde la fecunda cordialidad de la amistad. Los "momentos" de viajar son magníficos.

Están llenos de una buena conversación, de empeños comunicativos con el desconocido del asiento y que resultan sorprendentes, y los sucesos líricos ante la contemplación del paisaje. Instalados ya dentro de cada asiento viene la ilusión y emotividad ante lo que se desea realizar porque se está cumpliendo el viaje. ¿Qué es lo que gobierna los silencios?

El monólogo interior entre los que no conversan con nadie, y también el entretenimiento de los que usan la tableta. Vienen así desde la memoria los acordes de América de Paul Simon, "esa barroca obra maestra", en palabras de Ángel Álvarez. Es una canción de carretera con una solemnidad lírica impactante y describe la incertidumbre ante el sueño americano.

Que queden siempre como recuerdo escrito del viajar las postales que se mandan, y también los folletos usados con el nombre de la agencia de viajes que nos sirvió y facilitó la experiencia móvil más importante de la vida.

ESCRITOR