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Jesús Madriñán. Radiografías de la juventud en el Camino

El artista compostelano hace posar a adolescentes sin prisas ni velocidad, en un recorrido muy eficaz que le hace plantear las fotos a modo de series

El fotógrafo explora los rostros de los peregrinos en la exposición del CGAC
El fotógrafo explora los rostros de los peregrinos en la exposición del CGAC

FÁTIMA OTERO / DOCTORA EN HISTORIA DEL ARTE   | 02.02.2020 
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La particularidad de las fotografías del compostelano Jesús Madriñán (Santiago de Compostela, 1984) es que equivalen a radiografías de la juventud que emprende el camino de Santiago. Jóvenes de distintas nacionalidades se presentan bañados por una iluminación inquietante, posando en actitud de descanso, marcha, voluntad, seguridad, desafiando el riesgo algunos, sacando vivencias otros, acariciando sueños o desvelando anhelos muchos más.

Madriñán hace posar a adolescentes sin prisas ni velocidad, en un recorrido muy eficaz que le hace plantear las fotos a modo de series. Nos enseñó Good night London, Boas Noites y Dopo Roma. Como en esas series, gente de su generación se aproxima ante su aparatosa cámara de placas en sugerentes actitudes; los detalles o atributos que portan enfatizan la sensación de frescura, inocencia y juventud. El artista medita, elabora y construye la imagen antes de la toma.

Las poses equivalen a una tradición cultural que bebe tanto de iconografías prediseñadas en base a una estética de la imaginería religiosa, como la del peregrino con la rama al hombro, recordando a algún santo como San Cristóbal o San José. También remiten a la historia de la pintura, a escenas sacras y a parajes profanos relacionados con el nacimiento o la regeneración, caso de la chica desnuda a caballo o la que se despierta en un infinito campo de espigas. Los grupos de amigos o amigas se ofrecen como una estampa de devoción, en poses distendidas de amor, fraternidad o buena compañía. En ninguna foto hay lugar para el histrionismo, si para lo sencillo, para el posado en parajes naturales como un campo de hinojo, o de digitalis, las hermosas campanillas rosadas , que crecen y alcanzan la altura de los visitantes, en los lindes del camino. Madriñán ubica a sus modelos en primerísimos planos, con atuendos ligeros: shorts, deportivas ligeras camisetas, prendas tendencia provenientes del vivir diario juvenil. Su mirada no atiende a monumento alguno, ni a catedrales ni iglesias sólo a la humanidad de estos adolescentes peregrinos que nos dejan su particular mirada, sentimientos, pasiones, muecas impostadas de salud, fuerza o amor. Estas fotos tienen mucho de archivo, guardan la memoria cultural del siglo XXI a través de modelos que enriquecen el retrato histórico. Jesús recoge la tradición del retrato de Thomas Ruff o August Sander, sobre todo su proyecto de ciudadanos del siglo XX y no menos la mirada de los jóvenes que pasaron por la cámara de la holandesa Rineke Dijkstra, en lo que se refiere a las atmósferas enigmáticas en las que resalta a los retratados. Estos peregrinos aparecen ubicados en lugares vinculados al camino, procuran ser localizaciones con un particular magnetismo que previamente ha sido seleccionados por el fotógrafo. Allí coloca su supercámara, emplazada en un lugar totalmente espontáneo e imprevisible; muchas veces al margen de la propia ruta para inmortalizar el momento.

El proyecto lo titula I am light, fue comisariado por Santiago Olmo y se exhibe en la planta sótano del CGAC. Lejos de retratar un modelo puntual de peregrino ofrece una diversidad de tipos. Cada uno de sus retratos está asociado a mundos, personas o colectivos diferentes. El proyecto se torna abanderado de la tolerancia y la diversidad, echando por tierra preceptos conservadores de la idea de peregrino. Esta larga serie de más de doscientas fotos muestra un abanico de la realidad del camino en plena sociedad del siglo XXI. Parejas queer, lesbianas, gays, bisexuales, hippies, personas de género fluido, hetero... toda esa diversidad le pareció significativa resaltarla en un contexto de experiencia del caminante en la que se funden elementos religiosos, motivaciones asociadas a la instrospección, iniciación, superación personal, reto, aventura, sacrificio, sanación interior, turismo o para entablar nuevas amistades. Las fotos de Madriñán se nos aparecen a modo de retratos íntimos del propio grupo generacional.

Toda esa variedad, riqueza y diversidad de identidades y posiciones frente a la vida es lo que prima resaltar, además de las historias que se trata de adivinar detrás de cada imagen. Suele elegir encuadres naturales, en los que siempre se cuela un trozo de cielo, rodeando a los personajes de flores silvestres, malas hierbas o simbólicos campos de trigo o centeno; en ellos se impone con fuerza el retrato individual o en pareja. El acabado está a caballo entre la fotografía documental y la escenificada. Muchas escenas nos recuerdan a la pintura pleinairista, de gente en pose campestre, pero en Madriñán, lejos de preferir captar el aire, sol y luz diurna, prefiere los ambientes nocturnos abiertos al magnetismo y al misterio. El fotógrafo se decanta por la luz nocturna o la primera del amanecer. Así lucen sus retratados, después del descanso o cuando el cuerpo está ufano en un alto del peaje.

Jesús nos ha conmocionado con muchas escenas de bodegón a lo Sánchez Cotán y parajes de nocturna floresta, bañados por una particular luz barroca. A esas tomas las denomina naturalezas vivas. Entre ellas retrata la propia vegetación que crece al borde del camino, además de las piedras que los peregrinos portan. Esas piedrecitas las presenta aisladas sobre fondo neutro, son las que acarrean los caminantes para expiar sus culpas. Equivalen a cargas portantes y cuando llegan a un sitio concreto, como puede ser una cruz o un cruceiro, las abandonan para poder recibir el perdón. Muchas quedan amontonadas en forma de milladoiros, pequeñas montañitas, en cuyas caras figuran escritas plegarias, deseos anónimos, agradecimientos. Son secretos testimoniales de lo que sienten quienes hacen el camino.

Lo más interesante de este proyecto es que puede seguir creciendo con nuevas etapas , con mas caminantes dispuestos a posar en un alto para la interpretación del que observa, porque las atmósferas recreadas nos permiten volcar un sinfín de historias en escenarios ficcionales en los que inserta Madriñán a los individuos de su tiempo, tan iguales y tan distintos a la vez, ahí reside su riqueza.