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TRIBUNA LIBRE

El lugar en donde el mundo se llama Arealonga

Playa de Arealonga, Chapela, parte del escenario de la Batalla de Rande
Playa de Arealonga, Chapela, parte del escenario de la Batalla de Rande

ALBERTO BARCIELA / PERIODISTA   | 28.10.2018 
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Desde Arealonga, presumo, se ve la bocana del puerto de Nueva York. Es una exageración que sólo se entiende cuando afirmo que desde aquel lugar, con un segundo whisky, puede observarse con cierta nitidez la llama de la Estatua de la Libertad.

La playa de Chapela-Redondela, en la que nací hace 56 años, es un rincón idílico de la Ría de Vigo. Unos escasos doscientos metros de arenal, en una república independiente, de libertad y esparcimiento sanos. Playa marinera, en donde existía una casquería, para teñir las redes; el muelle de José María, con sus escalinatas al mar -hoy desaparecidas-; Charrampa, conservas Peña, y Carballo, en lo que fue la Fábrica Nueva de don Luis Pérez Lafuente. Todo está en la proximidad del Laredo, lugar de arrecifes cascajosos -de piedra-, sepultados bajo un paseo fruto de la política y del desacierto medio ambiental -se pudo cubrir sin dañar el litoral-..

En ese antes privilegiado universo personal se ubican restaurantes de bien ganada fama: La Chabola -antes Maximino-, Casa Rey, el merendero del Tella, la de Zali, el Asador Arealonga -local en el cual antes estuvo la sede de El Valenciano, inspirador de las bateas-. Se recuerdan con nostalgia al conocido como Las Viudas, con Lita y su hermana Maruja, o tiendas-bar como los de Elvira o el de mi abuela Gumersinda. La evolución ha ido determinando, con sus aciertos y errores, un espacio de recreo local, distinto de la nostalgias, propio de un arrabal fronterizo entre dos municipios, Redondela y Vigo, que justamente se dividen en esa zona.

Hace poco más de un año, Arealonga fue protagonista involuntaria de dos sucesos alarmantes y nunca comparables: el asesinato a sangre fría de un joven de 25 años, y la clasificación, discutible, como la playa más contaminada de España. Un escenario espectacular de miles de horas de baño, de juegos infantiles, de grandes degustaciones de gastronomía, de esfuerzos e ilusiones de muchos vigueses y gallegos, se ha visto casi destruido por su propio dolor.

Chapela es una población de arrabal, entre Vigo y la Villa de Redondela. Espacio de muchos y residencia de pocos. Un paisaje maravilloso atravesado por una vía de tren -en realidad dos, la otra es una intencional senda verde, olvidada por los políticos entre sus promesas electorales-, una autopista, dos carreteras generales, y unas autoridades que ni entienden ni quieren compensar a una dimensión difícil, en la que han surgido grandes grupos deportivos como el Chapela de Balonmano -con Manuel González Soto al frente-, el Club de Remo -ejemplar obra de Paco “Fenosa”-, o Flores Mareliñas.

Ahí tienen sus sedes Faro de Vigo o Nova Pescanova; ahí reside una buena parte de la considerada élite social de Vigo, y muchos, muchísimos, de sus anónimos trabajadores de Citroën, astilleros o el sector pesquero; de ahí son Alfonso Cabaleiro, responsable de Galicia Calidade; Benigno Campos, ideador de Larpeiros de la TVG; Ricardo Grobas o Javier Teniente, fotógrafos siderales; y Hugo González, uno de los máximos responsables de los Armadores de Vigo; o Guillermo Brea
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No sé qué pensarían de la denostación de Arealonga mi abuelo “Nés” Castro, primer Presidente de las Fiestas del Carmen, Antonio “Cabillas”, Juan “O Guapo de Teis” y Juanito Tizón, su hijo; mi tío Antonio Castro. Reflexiono sobre Chico y su hermano Severino, Joaquín Chapela, “O Rei”; “el Fachoqueiras”, Zabala, Juan el de Isabel, Antonio el de Elvira; Odilo, que con Manolo “El Santiagués”, fueron ejemplo de bonhomía, construyendo lavaderos o parques infantiles en donde antes sólo había basureros; en Manolo “el del taller”, inventor de tecnología para a industra del mejillón; en el tío Benito, su audaz suegro; en el bohomínico doctor Jesús Durán Troncoso. Pienso en sus esposas, hijos y nietos, y en tantos otros. Es mi forma de ser, de estar. Ellos fueron mis referentes vitales más inmediatos, allá por la infancia, y lo siguen siendo, aunque no les visite desde hace algún tiempo.

Quizás Arealonga, parte del escenario de la Batalla de Rande, banco marisquero imperturbable, esté muriendo de éxito, sin un aparcamiento suficiente, entre yates de lujo y restaurantes de moda, amilanada ante propuestas de construcción de apartamentos indiscriminados -Filesa ya quiso hacerlo-, o crímenes ocasionales en medio de la hoguera de San Juan. No lo sé y si lo supiera seguiría guardando un pequeño secreto: ese privilegiado paisaje continua siendo el lugar del mundo que más me gusta. Y lo repito después de haber visitado casi todo el mundo.

En la madruga del día 24 de junio de 2017, en Arealonga, quisieron matar a mi ahijado Eduardo, joven muchacho. Lo quisieron hacer donde él quiso reclamar civismo, en su espacio vital y libre. En el 36, en circunstancias bien distintas buscaron a mi abuelo “Nés” para fusilarlo - “por darle de comer a las mujeres y a los hijos de los rojos”, dijeron-.

A Daniel Beltrán lo mataron. Ahora juzgan a su asesino, pero ya nadie podrá reparar su joven vida.

Nuestras lágrimas son insuficientes al recordar este drama, y ya contaminan la Ría de Vigo. La depuradora de Teis no es suficiente para revertir años encadenados de errores sociales y políticos, en un escenario urbanísticamente caótico, desde el que se puede vislumbrar casi toda la Ría de Vigo. No obstante, algo he aprendido: el Paraíso no puede morir.