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REFLEXIÓN

Las mesas usadas (cafeterías)

ÁNGEL NÚÑEZ SOBRINO / ESCRITOR  | 06.01.2019 
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Las cafeterías son espacios perfectos para una cita social, de la naturaleza que fuese. En primer lugar, son espacios públicos y neutros, aptos para una conversación sin que el espacio privado e íntimo de la casa quede comprometido o inundado de un instrusismo que no interesa. Lo que conceden las cafeterías es comodidad, relajación y un estado de confianza donde las personas son únicamente las protagonistas con la voz, la mirada y los gestos. Las terrazas de cafeterías forman una disposición geométrica sin intimidad y expresan un dulce vivir. También son espacios de exhibición, de pura apariencia y pretensión, y en ciudades-escaparate como A Coruña, Oviedo y Santander cumplen esta función. Las cafeterías también son espacios antropológicos, pues en ellos se mueven conversaciones con disimulo de dramas, laberintos de amor sin salida sabida, confidencias, audacias, comprensiones, conexiones empáticas, espacios donde la palabra es confesión directa con sus condimentos de urgencia y necesidad , y también contactos donde la conveniencia y la apetencia van unidas. Con frecuencia, la complejidad que explica el estar en una cafetería es variada; la misión que también ejercen es de aliviar soledades, pues son locales de referencia, fáciles y directos para personas que viven solas o están solteras

y se reúnen allí. Se apoyan convirtiendo allí su tiempo en un impulso nuevo para el día siguiente. Igualmente, y también contra toda ingenuidad, forman nidos insanos de cotilleos, murmuraciones y calumnias, y más a menudo en los pueblos donde además la cultura es una completa ausencia. Son asimismo las cafeterías un aterciopelado motivo poético, pues eran lugares de encuentros de folk singers y poetas en el neoyorkino barrio de Greenvich Village. Resuenan los versos y la melodía de Bleecker Street (1964) interpretados por Simon and Garfunkel : "Unas voces se escurren desde un triste café / rostros sonrientes tratan de comprender". Ingresa también el "Café de Flora en París" (lo conozco) donde el ejercicio de la escritura conformaba futuros libros de Sarte, Simone de

Beauvoir y otros escritores. Es importante el silencio y la soledad para la creación en el escritor, y lo agradable es cuando como alternancia se acerca después a una cafetería a prescindir de la concentración y a refrescarse con una cerveza en grata conversación.


¿QUÉ SIGNIFICA "IR A TOMAR CAFE"? Desde lo antropológico, en muchas personas prescindir de la casa, que a menudo produce agobio.

También es poner entre paréntesis esa conexión obligada y necesaria por la biología que es la familia, e ir a tratar a los conocidos en un intercambio agradable de opiniones tranquilas. Además es una interrupción de lo cotidiano referida al ambiente físico que nos rodea y la mente cambia en apertura hacia los demás. Al no existir una confianza fundamentada cada cual se comide más y viene rápido un formalismo acomodaticio, que aumenta cuando se retransmite fútbol: lo que sólo en el fondo interesa. Representan algo las cafeterías en una ciudad?.

Solamente las excepcionales, auráticas, las que emanan un no-sé-qué espacial y especial, las que irradian desde una acumulación incluso centenaria con un nombre célebre. Desfilan Mayestic, A Brasileira, Vianna, Café de la Paix, Café Gijón, Derby... Las demás, las normales, ingresan para una sociología de la decoración, de las modas, del gusto, del estilo y del sentido económico del negocio. Cuando se visita por un día una ciudad casi siempre los visitantes quieren pasar por una de sus cafeterías de referencia, como si de este modo quisieran llevarse algo de esa ciudad; sí, se llevan su" aroma", sus vivencias y su recuerdo después de tomar café allí.


ESPACIOS DE DISCRECION Y SOLUCION. Cumplen muy bien, con frecuencia, las cafeterías al convertirse en espacios donde la gente se reúne para asuntos diversos que requieren, para ser tratados y solucionados, de discreción, desde la dicción y el habla, como un murmullo sereno donde se enfocan los problemas saboreando las consumiciones. Suelen ser espacios ideales de apaciguamiento antes malas noticias, desasosiegos y problemas. Muchas veces los rostros graves revelan una conversación preocupante, y la calma ingresa pronto en un apretón de manos. También aparece el disimulo, y la preocupación gira hacia la sonrisa, la carcajada y el chiste o broma que neutraliza las cuestiones tensas. La gente que tiene problemas, en las ciudades sobre todo de incomunicación, extrañamiento, ansiedad y soledad encuentra en las cafeterías espacios, hasta cierto grado y manera , de cura y cuidado al encontrar, sin embargo, la comunicación con los demás que necesitaba, liberando así la ansiedad, que oprimía. Cuántas misiones políticas cumplieron las cafeterías a lo largo de décadas; en ellas se mezclaba de una manera estupenda lo oficial y esperable con lo real y lo no esperado. Así, al lado del cuba libre y la tapita y la normalidad aparente emergía desde lo hondo el tema político desde una militancia de base, filiación o miembros simpatizantes; y por supuesto desde la oposición, la estrategia ofensiva, el mandato, el secreto o la cautela. Sucedía más antes de la Democracia que ahora. El diseño del cartel anunciante de este establecimiento es capital que sea el acertado: muchas veces la clientela es reflejo de este éxito, en que la sensibilidad industrial y cívica se adecúa obediente a las peticiones y los caprichos de los ciudadanos. La magia es que una bebida negra haya dado lugar a espacios tan fascinantes, y aún por encima les haya dejado su nombre.