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Muere Scott Walker a los 76 años

Scott Walker, cantautor de pop barroco
Scott Walker, cantautor de pop barroco

S. OTERO   | 31.03.2019 
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Scott Walker, solista, productor y compositor de originalidad intransigente, falleció a los 76 años envuelto en el misterio que rodeó su vida.

Hay muy pocos artistas que tengan una trayectoria comparable a la de Scott Walker, un americano casi exiliado en el Reino Unido que vino protagonizando desde los años sesenta éxitos pop, introspección extrema disfrazada de música orquestal, una profesional mediocridad, ahora también reivindicada; silencios de décadas, experimentación sin compromisos con la forma de canción... De ídolo juvenil a icono cultural, Scott deja un legado de música extraordinaria; un brillante letrista con una voz inquietante. Intenso, abigarrado, barroco, comercial, vanguardista, ciclotímico... Se nos agotan los calificativos para ofrecer una panorámica de la obra de Scott Walker.

Nacido en Hamilton (Ohio) en 1943 como Noel Scott Engel, se convirtió en Scott Walker después de formar The Walker Brothers en 1964 con John Maus, quien era conocido como John Walker desde su juventud. A la pareja se unió el batería Gary Leeds, quien pasó a llamarse a su vez Gary Walker. Ejerciendo más de intérpretes que de autores, causaron furor en el público adolescente con sus cascadas sónicas a lo Phil Spector (valiéndose de arreglistas exquisitos como Reg Guest e Ivor Raymonde) y con su cultivado carisma.

Instalados en Londres, el gran éxito del grupo, cuyo club de fans llegó a tener más inscritos que el de los Beatles, fue la aterciopelada alfombra roja para una carrera individual que entre septiembre de 1967 y noviembre de 1969 produjo cuatro grandiosos discos. Ninguno de ellos llevaba título, simplemente fueron Scott III, III y IV. En esas cuatro obras de culto practicó inspiradoras aproximaciones a Brel (My death, Amsterdam o Jackie atraerían en el futuro a los pupilos David Bowie y Marc Almond) y a autores como Tim Hardin, André Previn o Henry Mancini, al tiempo que su repertorio propio fue ganando peso hasta ocupar por completo la última (y más turbia) de las entregas. 

Tanto con el trío estadounidense como en solitario, se atrevió a explorar la vulnerabilidad humana y la oscuridad que la rodea. A Walker no se gustaba la fama, y durante su carrera pasó largas temporadas alejado de los focos y la publicidad, lo que le valió la reputación de reservado y enigmático. La fama y el 'show business' desequilibraron a Scott: episodios de alcoholismo, intentos de suicidio y una reclusión en un monasterio en la isla de Wight para estudiar canto gregoriano.

Fue cobrando forma el mito del 'Salinger del pop', como lo bautizaría la revista Mojo, el artista recluido, apartado para siempre de los escenarios y suministrador de obra con cuentagotas. Climate of hunter (1984) reflejó un oscurecimiento, extremado, por la vía de la electrónica industrial, en su trilogía de los abismos: Tilt (1995), The drift (2006) y Bish bosch (2012). Triturando clichés, el Walker maduro, en lugar de acomodarse, se radicalizaba, convirtiendo en arte sonoro el dolor del mundo, recorriendo las tragedias de la historia moderna con voz catatónica y buscando los límites del sonido.









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