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La musa de 'La Belle Epoque', pionera de la cultura física

Desvelamos el gran secreto de su belleza corporal: los aparatos de Cultura Física que fueron su verdadero Santo Grial

La Bella Otero, una mujer de inusual belleza
La Bella Otero, una mujer de inusual belleza

TOMÁS ABEIGÓN / LICENCIADO EN INEF   | 10.11.2019 
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Aún con las secuelas propias de tan desgarrador abuso, con casi 11 años su madre por sugerencia del "padre" la ingresa en un convento en Padrón, donde es sometida a una estricta disciplina. A los 14 años harta de tanto control y alguna que otra penuria, aprovechando que conoce a un joven apuesto escultor portugués se va a Pontevedra.

Una noche deambulando junto a su "acompañante" por las calles empedradas del que hoy conocemos como casco viejo, escucha palmoteos, griterío y repique de castañuelas que la empujan a entrar y sumarse a la fiesta de aquel café, es tal su poderío y magnetismo que el dueño del local quedó embelesado y la contrata como bailarina para entretenimiento y deleite de su numerosa clientela. Aquí cambia su nombre de pila por el de Carolina que era el de la hija del dueño del local que le brindó su primera oportunidad.

Decide trasladarse a Lisboa para probar suerte en sus conocidos teatros, se ve obligada a ejercer oficios muy humildes para salir adelante y a bailar en locales de la más diversa índole. Superadas las primeras vicisitudes en la capital lusa, comienza a alimentar su leyenda como bailarina actuando primero en el Palacio de Cristal y luego en el Teatro Avenida.

En 1888 llega a Barcelona donde conoce a un banquero que decide ayudarla y la promociona como bailarina en Francia llevándola la víspera de la inauguración de la Exposición Universal de 1889 hasta París, donde en tiempo récord se convertía en 'La Bella Otero', triunfando poco después en el Folies Bergére (que abrió sus puertas en 1869), y más tarde en el Cabaret Moulin Rouge que se inauguró en Montmartre en octubre de 1889.

Después, parece que fue bailarina, cantante y actriz, y otros apuntan que fue cortesana.

Todos los deportes tienen momentos especiales, en la "Cultura Física", este papel lo desempeñó claramente Eugen Sandow, al que sin duda se le puede calificar como el "padre del culturismo moderno" por haber sido el primero en realizar exhibiciones de musculatura. Su desarrollo físico, su personalidad y su figura hicieron de él una leyenda. Fue considerado tan perfecto que el "Museo de Historia Natural de Londres" tomó un molde de yeso de su cuerpo como muestra de una representación de la forma ideal de la virilidad caucásica.

Sandow será el verdadero protagonista de la historia de amor no correspondido que vivió nuestra Bella Otero.

 


Carolina Otero ya desde muy joven fue una mujer preocupada por su cuerpo, sabía que éste con su cintura de avispa, sus redondeadas caderas y sus senos alimonados junto con un incuestionable talento era la llave que le abriría las puertas de los más grandes teatros y el pasaporte para conquistar a los hombres más ricos. Consciente entonces Carolina de la importancia de tener una buena figura que estuviera acorde a la belleza de su rostro, en una ocasión llegó a decir: "Admiré mi cuerpo antes de que lo admiraran otros" y "Antes era la ropa la que te llevaba a ti, ahora eres tú la que llevas a la ropa. La ropa se tiene que amoldar a tu cuerpo". Por ello, en 1890 que La Bella Otero llega a la ciudad de Nueva York el 14 de septiembre de ese mismo año para hacer una turné, convencida por la publicidad que ve en la fachada de un edificio próximo a su hotel, decide iniciar unas clases de gimnasia con pesas que se ven frustradas porque el gimnasio era exclusivamente masculino.

Tres años más tarde en otro viaje a Nueva York, ve cumplido su deseo gimnástico y se inscribe durante su estancia en la Gran Manzana en un gimnasio situado en una céntrica calle de Nueva York que pertenecía a un famoso forzudo, el alemán Ludwig Durlacher más conocido como el Profesor Louis Attila, que poseía una cuidada educación por haber estudiado con el Profesor E­rnst en Berlín, hablaba perfectamente cuatro idiomas y fue el inventor de las "pesas de globo" que consistían en una barra con una esfera en cada extremo en el que el peso se variaba cargando los globos o esferas con perdigones, y se especializó primero en recomendar el "entrenamiento con pesas" para mejorar en sus propios deportes a atletas de otras disciplinas (especialmente boxeadores); y segundo, en el "entrenamiento femenino" en un momento en que las clases femeninas de levantamiento de pesas eran casi inexistentes en los Estados Unidos, salvo la excepción de este centro por el sorprendente número de mujeres que frecuentaban su gimnasio para ejercitarse con pesas.

De hecho Attila eligió esta ubicación por existir "una preponderancia de tiendas de mujeres que frecuentarían esta calle", gimnasio en el cual estuvo al frente hasta su muerte, el 15 de marzo de 1924, fecha en la que pasaría a manos de su yerno, Seigmond Klein (uno de los entrenadores más respetados y codiciados de los Estados Unidos).

Sandow que apareció en Nueva York en abril de 1893 para iniciar una serie de actuaciones, tras el éxito alcanzado en estas, fue nuevamente contratado por uno de los empresarios más importantes de Broadway, Florenz Ziegfeld que lo hace debutar el 1 de junio en la compañía de variedades Trocadero Vaudevilles como cabeza de cartel de la temporada. Vestido con un traje de piel de leopardo electrificó a las multitudes de finales del siglo XIX con escenas de acción como: levantar un elefante bebé, luchar contra un león y levantar con una sola mano a una mujer mientras con la otra tocaba un piano de cola. En el Hipódromo de Manhatan con un aforo para 5.300 personas atrajo a una audiencia mayor incluso que la del gran mago Harry Houdini. Ochenta y cinco mil espectadores fueron a verlo durante su gira de cuatro semanas. Anecdóticamente se cuenta que un incidente con un elefante que le tiró agua con la trompa provocó que tuviera que quitarse la chaqueta quedando al descubierto sus pectorales. Era tal la admiración que generaba entre las féminas que una señora se acercó y tras tocar sus músculos se desmayó. Este hecho despertó el instinto comercial de Ziegfeld que al final del espectáculo se subía al escenario y anunciaba que las damas que donaran 300 $ "a la caridad" podían ir al vestuario de Sandow para acariciar sus músculos.

En este tiempo entre actuación y actuación aprovechó para ir a visitar a su viejo maestro, al Profesor Attila (Louis Durlacher y allí es donde Sandow conoció personalmente a La Bella Otero la cual años más tarde confesó que había quedado totalmente prendada del carisma y presencia del "hombre más perfecto del mundo" que así se le conocía aludiendo al gran número de postales de la época que lo representaban en su mayoría "vestido" únicamente con una hoja de parra bien posicionada para ocultar sus partes íntimas.

Sandow fue atraído 1.200 kilómetros al oeste de los Estados Unidos para aparecer en la conocida coloquialmente como "la Segunda Ciudad" del país durante la Exposición Universal de Chicago de 1893.

En la citada Exposición, Thomas Alva Edison promocionó su nuevo invento, el kinetoscopio, y convenció a Sandow para posar, que quedó inmortalizado por aquel rudimentario invento convirtiéndose así en el primer protagonista en la historia del cine.


La Bella Otero regresa en 1893 a Londres y con la finalidad de continuar con su "afición gimnástica" adquiere una caja de latón con las famosas Mancuernas Sandow. Este aparato estaba dividido en dos partes distantes una de la otra unos 3 cm, en el espacio que media llevaban colocados unos fuertes resortes de forma espiral que oponían una firme resistencia a la fuerza que hay que emplear para unir las dos mitades. El número de resortes que es como le llamaba Sandow a los muelles, variaba de 2, 3, 4 ó 5 llegando incluso hasta 7. Y la forma de utilizar estas mancuernas consistía en que cuando se hacía un ejercicio, las dos mitades debían de estar en permanente contacto, sosteniendo esta posición apretando bien las manos durante el tiempo que durase el ejercicio en cuestión. Si ya de por sí es este un ejercicio importante para desarrollar los músculos de la mano o mejor dicho del antebrazo, tanto o más valor tenían los ejercicios de las tablas de gimnasia de su método que se realizaban para otras zonas corporales sujetando estas pesas firmemente con las manos.

Estas mancuernas, fueron mayoritariamente fabricadas en Inglatera y en menor medida en España por la compañía que fabricaba la renombrada marca de escopetas "Jabalí" que era propiedad de Eduardo Schilling y Montfort, que luego se asoció con su suegro y pasó a llamarse  Luis Vives y Cía. 

En 1895 Sandow enfatizaba que los cuerpos podían remodelarse con el ejercicio y la dieta adecuada, una idea que hizo el culturismo aceptable para todas las personas, por ello inventa un nuevo y revolucionario aparato única y exclusivamente para la mujer: el 'Symmetrion', que fue un aparato de ejercicio físico específico para la mujer, consistía en un fajín de lona que se sujetaba frontalmente y en su parte posterior disponía de un cable que enlazaba con unas poleas que se anclaban contra una pared o una puerta para poder traccionar de unos manubrios con cables que movían el propio cuerpo, convirtiéndose así en el "Santo Grial" de las mujeres que aspiraban a lucir una reducida cintura, unos pechos prominentes, un cuello esbelto, gráciles hombros bien acolchados y una tonificada musculatura. Debido a la motivación que tenía La Bella Otero por cuidar su figura y más concretamente al método y aparatos de Sandow consiguió un cuerpo todavía si cabe más escultural. Ambos ayudaron mucho a la igualdad entre hombres y mujeres en el fitness. Como decíamos, una noche 1897 La Bella Otero se encontraba actuando en el Empire Music Hall de Londres, y sin que nadie lo programase, muy cerca de allí y en esos mismos días, Sandow actuaba en el Alhambra Music Hall. Pensando en sí misma, a través de un empleado del teatro en el que trabajaba le envió una nota, pero él nunca respondió. Por lo que una noche cambio el orden de salida de su actuación en el Empire y se fue corriendo al teatro de Sandow, donde pudo observar la parte final de su espectáculo y exclamar: ¡¡¡Dios mío, que músculos, que cuerpo!!! Seguidamente, se fue a su camerino y éste la recibió muy afectuosamente. La Bella Otero lo invitó a cenar esa misma noche junto a unos amigos en su hotel. Pero la Otero tenía otros planes más tortuosos. Ella no planificara ninguna cena y lo que quería es que Sandow acudiera a su habitación para estar solos los dos. Allí el tiempo corrió muy deprisa pero él se defendió y La Bella aceptó la derrota.

El 14 de septiembre de 1901 sería un día histórico para el culturismo, Eugen Sandow presentó en el Royal Albert Hall de Londres (The Great Competition), que sería el primer concurso de culturismo que vería el mundo y por el cual desfilaron 60 competidores.

Sandow pudo escoger como jueces a dos de los hombres más respetados de Inglaterra. Uno era Sir Charles Lawes. El otro un oftalmólogo de Edimburgo, Sir Arthur Conan Doyle. A "La Gran Competición" asistió también el hijo de la reina Victoria, que llegó a ser el Rey Jorge V que lo contrató como su entrenador personal cuando al terminar la competición comenzó el turno de Sandow, que se puso en medio de la pista y empezó a realizar los actos que le habían hecho famoso: posó, rompió una baraja en dos partes, levanto pesos e impresiono a la audiencia con su fuerza, musculatura y gracia.

La Bella Otero ese mismo año, es decir, en 1901 que se encontraba hospedada en Londres le escribió una carta de puño y letra declarando sus sentimientos y confesándole que tan sólo dos hombres en toda su vida habían conquistado su corazón, el primero lo recuerda de su primera infancia, se llamaba Ramón Touceda y era originario de Valga su tierra natal; y el segundo, ya en la etapa adulta era él, por lo que Sandow decidió enviarle al hotel una carta explicándole las verdaderas razones por las que nunca se sintió atraído por ella. En uno de los párrafos le explicaba que él llevaba una doble vida con otro hombre, el compositor y concertista de piano Martinus Sieveking. En la misiva le cuenta que los dos hombres se conocieron en Bélgica a la edad de 19 años (ambos nacieran en el mismo año) y formaron un vínculo tan grande que era obvio que su matrimonio a los 27 años con Blanche Brooks el día 8 de agosto de 1894, hija de su fotógrafo Warwick Brooks, había sido una tapadera para ocultar su homosexualidad.

Decir que en sus treinta y un años de matrimonio con Blanche y del cual nacieron dos hijas, Helene y Lorraine, Eugene Sandow en más de una ocasión le pidiera a su esposa el divorcio a lo que ella nunca accedió. Unos días antes de llegar la carta, La Bella Otero había dejado de hospedarse en el hotel y la carta retornó a su remitente cayendo en manos de la mujer de Sandow que la abrió y se enteró de las continuas infidelidades de su marido a lo largo de su vida y que su matrimonio había sido una farsa. Como venganza, Blanche cuando falleció Sandow en su casa de Londres a los 58 años en 1925 a causa de una sífilis y no de una aneurisma de aorta como se dijera, avergonzada de lo que había descubierto tiempo atrás, para repudiar cualquier relación con él, quemó todas sus pertenencias y negó con vehemencia a los fans la oportunidad de levantar una lápida a su héroe y lo enterró en una tumba sin nombre en el cementerio de Putney Vale en Londres evitando así que los aficionados la convirtieran en un santuario y deseando que fuese ignorado para siempre.

 


En 1914 iniciado ya el profundo drama de la Primera Guerra Mundial, después de una azarosa trayectoria amatoria y tras sufrir un aparatoso accidente de automóvil, La Bella Otero decide retirarse de los escenarios y mudarse primero a Montecarlo y luego en 1924 a Niza, viviendo de las rentas que le generaba su inmensa fortuna, pues Carolina Otero era entonces multimillonaria, pero el juego que era su gran "pasión" la arruinó, y en los últimos años de su vida sus únicos ingresos procedían de los derechos adquiridos de la versión cinematográfica de su vida, que le aseguraban un cierto bienestar, y no de la pensión que se dijo que le pasaba el Gobierno Francés por su condición de miembro de la Legión de Honor (que nunca tuvo), ni de la pequeña pensión que le otorga el Ayuntamiento de Niza, y tampoco de la pensión que le pasaba el Casino de Niza o Cannes , aunque si es cierto que el Casino de Montecarlo en agradecimiento por los millones de francos que en él se dejara la mítica bailarina española día si y otro también por su adicción al juego, que la había convertido en una figura habitual del casino, le asignó una pequeña ayuda para para sufragar los gastos de la vivienda.

 


El 10 de abril de 1965 La Bella Otero volvía a ser noticia internacional al fallecer de un infarto agudo de miocardio a los 96 años de edad en el primer piso del Hotel Meublé Novolty, pues allí vivía sola en el Nº 26 Rue d'Anglaterre de Niza. Al morir la bailarina, que fue enterrada en el Cementerio del Este de la citada ciudad, en su habitación se encontraron 500 francos y un montón de objetos personales, que a través del embajador y por expreso deseo de la diva, donó a las familias más pobres de su Puentecesures natal en la provincia de Pontevedra.

La Bella Otero ocupará un lugar privilegiado en la historia de la 'Cultura Física' española, pues esta mujer forjó la afición de varias generaciones de mujeres de su época convirtiéndose en un auténtico apóstol del deporte de las pesas de la mano del gurú Eugene Sandow. 

Sería una buena idea poner el nombre de "Gimnasio Bella Otero" a una instalación deportiva que lo que quiera es poner en valor el esfuerzo, el tesón y la constancia, pues no hay que olvidar que su nombre se le puso a: calles, cines, teatros, perfumerías, hoteles, una isla, tiendas de ropa y hasta a un transatlántico.