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"No he elegido mi vida, ella ha venido a mí"

Adentrarse en la obra y en la existencia de Carl G. Jung (1875-1961) no es solo introducirse en una biografía sino que es realizar un viaje al pasado desde un presente

El psiquiata suizo Carl G. Jung en la bibilioteca de su casa, en 1949
El psiquiata suizo Carl G. Jung en la bibilioteca de su casa, en 1949

ROBERTO CARLOS MIRÁS // ESCRITOR   | 09.06.2019 
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Han sido muchos los autores y autoras que nos han invitado a leer y a aproximarnos con sus obras a la figura de Carl Gustav Jung, y al introducirnos en ellas, no solo lo hacemos al hombre y a su entorno sino también lo hacemos a una época sumamente interesante. Hablamos de publicaciones como Recuerdos, sueños, pensamientos, de Jung, cuanto contaba 81 años y donde fue relatando a su amiga y secretaria, Aniela Jaffé, lo que él mismo consideraba "aquello más importante de su vida..." o la biografía Antier Jung o la experiencia de lo sagrado, publicada en su momento por Jean-Jacques, donde su autor intenta acercarnos a él según sus palabras: "Es el más interesante y desconcertante de los padres del Psicoanálisis. Siendo un joven médico psiquiatra, conoce a Freud en Viena, en 1907. Fue un flechazo intectual recíproco. Tres años más tarde, Freud, que acaba de fundar el Psicoanálisis, le designa oficialmente como su heredero. Pero los dos se enemistan en 1912 hasta su ruptura definitiva en 1914".

Colin Wilson quizá fue quien, a través de su biografía Carl G. Jung. Señor del mundo subterráneo, nos ha sabido conectar al Jung ortodoxo y al Jung heterodoxo, aunque algunos autores piensan que leerlo solamente es eso, una sola y única lectura. Catrine Clay también quiso hablarnos de él y supo demostrarnos, a través de sus páginas, no solo quien era o parecía ser Jung sino también cómo era su intimidad y con quien y quienes la desarrollaba, y sobre todo, muestra una época, que rodeada de unos y de otros, le toco vivir. Para eso escribió Laberintos. Emma, su matrimonio con Carl G. Jung y los primeros años del psicoanálisis.

Occidente u Oriente

Conocido es el interés de Jung por la denominada Filosofía Oriental y por los grandes viajes, algo que sumaría en vez de restar a sus diferentes estudios. Jung con sus luces y con sus sombras es un pionero en el sentido de hermanar las diversas ciencias, se llamen estas como se llamen, en un mundo aún por descubrir, es decir, distintos campos que él mismo intentaba descubrir, en la medida de sus posibilidades, y también investigar en muchos de sus distintos trabajos. De hecho, en su obra La psicología del Yoga Kundalini nos ofrece una serie de charlas que se acercan a esta temática y ofrecen al lector distintos estudios y el acercamiento entre el Yoga y el Psicoanálisis. Un seminario impartido entre octubre y noviembre de 1932 en el club de Psicología de Zúrich, donde el propio Jung había valorado la invitación cursada a Jakob Wilhelm Hauer, indólogo alemán y escritor de asuntos religiosos (1881-1962), como un signo de los tiempos extraordinariamente revelador ¡Consideren lo que es el terapeuta que tiene que tratar directamente con gente que sufre, y por tanto muy sensible, establezca contacto con una sabiduría oriental!

¿La filosofía y Jung?

Lo que hizo Jung en su momento es lo que hacen algunos autores actualmente. Abarcó diversos campos bajo un denominador común a todos ellos y esto mismo es lo que parece que intenta realizar el estudioso Juan Arnau, finalista del Premio Nacional de Ensayo y Premio de la Crítica Valenciana, al publicar obras como La fuga de Dios o La invención de la Libertad, y no podemos olvidarnos de Nagarjuna. Fundamentos de la vía Media, donde recoge a aquellos mismos intelectuales que parecían codearse, aunque sea en la imaginación y en la vida, con la obra de nuestro protagonista como es el caso de Variedades de la experiencia religiosa. Un estudio de la naturaleza humana con la traducción de José F. Yvars y un estudio introductorio de Manuel Fraijo les hablamos de William James. Pero a Arnau también parece preocuparle Jung al escribir la obra En la mente de Jung, donde apunta: "El inconsciente colectivo cumple cien años aunque al parecer lleva funcionando desde el origen de los tiempos".

Quizás tenga razón el propio Arnau al decir: "Jung tuvo claro, como el buddhismo, que somos el vector donde confluye el patrimonio de nuestros antepasados y cuando nos muramos nuestros hechos nos seguirán".

FREUD Y JUNG

La condición humana tiene sus distintas variantes, igual que la naturaleza de los seres, de la estamos rodeados. Los encuentros entre ambos hombres siempre han tenido un momento y un lugar, aunque quizás hayan tenido que luchar entre dos egos complicados de por sí que dará seguramente mucho más para escribir sobre ellos, biografías y relatos en torno a ellos como he visto en el libro de Catrine C­layne, en su momento directora y productora de documentales de la BBC. A ella también se le suma Claire Dunne que nos ofrece y nos enseña a un Jung simbólico, a un Jung descubridor y estudioso de lo enigmático y lo oculto que poco a poco va creando un hombre lleno de verdades y rodeado de realidades. Durante años estudiará a fondo la alquimia, así como las distintas tradiciones gnósticas y neoplatónicas. E incluso, para el asombro de algunos en su momento, escribiría una obra que daría mucho que hablar Un mito moderno. De las cosas que se ven en el cielo. Y será a sus ochenta años cuando necesitará, según sus propias palabras, "la soledad como fuente de sanación y el silencio para superar el tormento de las conversaciones. La soledad es para mí una fuente de sanación que hace que la vida merezca ser vivida. Hablar de mí resulta a menudo un tormento y necesito muchos días de silencio para recobrarme de la futilidad de las palabras. Estoy encaminando hacia delante y sólo miro atrás cuando no hay nada más que hacer". También Freud, no podemos olvidarnos de él, será del interés de Marie Balmary que después de publicar El monje y el psicoanalista, vuelve ahora con la obra El sacrificio Prohibido. Freud y la Biblia. Pero ¿seguimos hablando de Jung?

¿Una editorial?

Cuando hablamos de Atalanta lo hacemos de una editorial que ha vuelto a renacer como si tuviera una reencarnación, una denominación creada a partir del antiguo mito griego y que viene simbolizando tres colecciones Brevedad, La Memoria y la Imaginación. Parecen que se preocuparon y dijeron ¿Ya era hora de hablar de Jung o no? Solo hay que dar un paseo por su amplio catálogo y descubrir verdaderas joyas literarias.

Han publicado obras y editado textos de los mismos autores, lo cual le da la consideración de ser una gran editorial. Dioses y Mitos de la India, de Alain Daniélou o La Luna. Símbolo de transformación, de Jules Cashford, una gran obra enciclopédica. Este autor que ya había publicado El Mito de la Diosa: evolución de una imagen, en 2005, en Siruela Nos llevamos las manos a la cabeza llenos de asombro al descubrir no a un nuevo Jung sino a un Jung rejuvenecido donde parece haber estado de cumpleaños entre otros compromisos.

Les hablamos de Jung y la creación de la Psicología moderna, del editor y escritor Sonu S­hamdasani (Londres, 1962), un apasionado del eminente psicoanalista. Si hemos leído todo lo anterior, estamos ante una obra complementaria, e incluso, esperemos, definitiva, traducida por Fernando Borrajo, que nos habla de Jung y de sus comienzos en su entorno. Además sirve de complemento, como decimos, a otras obras anteriores. Quizás sea el exceso británico en su forma y fondo lo que hace que su autor vaya al dato. Y nos sirve de nuevo como un Gran Viaje que todas y todos deberíamos de realizar por el compromiso, sin obligatoriedad, de la vida. No viene de un filósofo, de un naturalista o de ninguna otra profesión, viene de un autor que ya escribió sobre Jung, y como él mismo señala, en el mismo volumen parte de una introducción en donde caben, como él los denomina, dos papas: James y Wunt. Si ahora vienen unas fechas llenas de silencio y alegría nos sentimos rodeados de seiscientas páginas donde las palabras vuelan de una manera ordenada en torno a Carl G. Jung y a la época que tocó vivir. Tal vez tenga razón, tras los años transcurridos, cuando afirmaba más arriba que del ruido vamos al silencio o a la soledad. Como dice Arthur Rimbaud en Una temporada en el Infierno (1873): "Hay que ser absolutamente moderno". Hagámosle caso.