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TRIBUNA LIBRE

Nudos personales e interpersonales

BEGOÑA PEÑAMARÍA // ESCRITORA Y DISEÑADORA  | 02.12.2018 
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A esta humilde pensadora le resulta complicado entender el motivo por el cual, a medida que los años galopan, los astros parecen confabularse con una mano invisible que se ocupa con ahínco de hacerle continuas aguadillas, darle un respiro y volver a meterla otro rato bajo el agua.

Después de mucho divagar y de escuchar alguna que otra opinión al respecto; he llegado a la conclusión de que los problemas se multiplican cuando ampliamos nuestras competencias en cualquier campo de la vida... Porque la existencia de cada cual se torna más complicada en el preciso y, hasta a veces precioso, instante en que hacemos proliferar las posibilidades de riesgo, principalmente al incorporar nuevos seres necesarios o queridos a nuestra zona de confort.

La cuestión principal radica en el hecho de que la felicidad de los individuos normales, no depende solamente de ellos mismos -lo cual ya no es moco de pavo-, sino también de la desgracia o problemática colateral que, queriendo o sin querer, muchas veces aportan aquellos que les importan o que deambulan cotidianamente en su entorno. Personas que, unas veces para bien y otras tantas para mal, componen el devenir de todos nosotros. Dejando al margen los conflictos superiores al control humano a los que, por si fuera poco, también está expuesto hasta el más pintado; resulta extremadamente complicado y laborioso el permanecer siempre en sintonía con nuestros semejantes o, al menos, el saber adaptarnos a los cambios que sufren sus ánimos, intenciones o circunstancias; así como el lograr que estos hagan lo mismo por nosotros justo en el momento en que lo precisamos y del modo en que lo deseamos. Hay que ser sabio, perseverante, paciente e inteligente... y es necesario estar rodeado de seres de la misma calidad. Toda una utopía que nos dirige inexorablemente, cuanto menos, a sufrir una y otra vez por nuestra propia problemática, por la de los demás y por los daños que producen en nuestro espíritu las actitudes de los que nos rodean mientras atraviesan su propio maremoto.

Supongo que no existe una fórmula magistral para superar los problemas propiciados por nuestros ánimos o los ajenos, pero quizás, la solución para sufrirlos de un modo menos dañino para todos, se esconda en no desesperar mientras las aguas permanezcan revueltas y en no empecinarse en que los acontecimientos sean tal y como uno desea en cada momento.

A pesar de que las nubes muchas veces nos impidan ver el sol, tenemos que aprender a vivir entre luces y sombras, y seguir peleando contra viento y marea tratando de salvaguardar intactas nuestras ilusiones... Para ello, debemos ser poseedores de objetivos realistas e ir ampliando metas a medida que se alcanzan logros. Porque puede resultar extremadamente frustrante, tanto a nivel físico, como intelectual o emocional; el tratar de lograr el todo desde la nada, así como el perder más fuelle del debido con cada batida en cualquiera de dichos campos.

Si a veces las cosas no salen cómo esperábamos, quizás sea porque era necesaria una vuelta de camino para nuestro crecimiento personal y, casi siempre se trata de una oportunidad. La capacidad de verlo como tal, es lo que diferencia a los que ganan de los que pierden.