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Ochenta años de 'Lo que el viento se llevó'

Sus 238 minutos de duración no impidieron que fuese un clásico atemporal. Por ser todo un icono del cine, hacemos un repaso por las curiosidades de esta obra maestra.

S. OTERO   | 22.03.2020 
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Si hay una película que simboliza la magnificencia de la Era Dorada de Hollywood, esa es Lo que el viento se llevó. La épica historia de amor entre Escarlata O'Hara y Rhett Butler cumplió 80 años y lo hizo convertida en todo un hito del séptimo arte y símbolo de las grandes producciones de estudio de antaño. ¿Quién no recuerda míticas frases como "A Dios pongo por testigo, que jamás volveré a pasar hambre", "Después de todo, mañana será otro día" o "Francamente, querida, me importa un bledo"?

Ganadora de diez premios Oscar, en 1989 ingresó en el Registro Nacional de la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos para su preservación para la posteridad al ser "cultural, histórica o estéticamente significativa".

Sus 238 minutos de duración no impidieron que fuese un clásico atemporal. Por ser todo un icono del cine es momento de hacer un repaso por las curiosidades más interesantes de la obra maestra dirigida por Victor Fleming, un largometraje no exento de polémicas, como tampoco de anécdotas de su (muy) problemático rodaje.

 


INSPIRADA EN HECHOS REALES. Lo que el viento se llevó' está basada en la novela homónima de Margaret Mitchell, publicada en 1936 por la editorial Macmillan en Estados Unidos, la autora se inspiró en ella misma para el personaje de Escarlata O'Hara. Al igual que la heroína interpretada por Vivien Leigh, Mitchell también desafió las normas sociales de la época. Por su libro, la escritora obtuvo el premio Pulitzer.

 


LOS OTROS TÍTULOS DE LA NOVELA. Antes de decantarse por Lo que el viento se llevó como título de la novela, Margaret Mitchell barajó otros posibles títulos como Another Day (Otro día), Bugles Sang True (El clarín cantó la verdad), Not in Our Stars (No en nuestras estrellas) o Tote the Wearey Load (Lleve el peso cansado). Afortunadamente, el criterio de Mitchell le dio un título único y reconocido en todo el mundo

 


VIVIEN LEIGH CASI NO FUE ESCARLATA O'HARA. Realmente el productor David O. Selznick no había pensado en la británica Vivien Leigh para el papel de Escarlata O'Hara. Originalmente se organizó una convocatoria abierta para encontrar a la actriz ideal para encarnar a la heroína de Lo que el viento se llevó, pero Selznick tenía en mente un número de actrices concreto: Miriam Hopkins, Tallulah Bankhead, Lana Turner y Paulette Goddard. Esta última casi obtuvo el papel pero fue descartada debido a su aventura extramarital con Charles Chaplin.

 


UNA ENTRADA DRAMÁTICA PARA ESCARLATA. Finalmente el papel recayó en una actriz inglesa desconocida para el público estadounidense pero con un importante reconocimiento en el teatro. Selznick conoció a Vivien Leigh cuando el rodaje de Lo que el viento se llevó ya había comenzado. La artista llegó con su pareja, el actor Laurence Olivier, con quien tuvo un tormentoso matrimonio. El productor conoció a Leigh cuando se estaba filmando la mítica escena del incendio en Atlanta. Fue ahí cuando vio que no se habían equivocado con la elección de su heroína.


UNA PESADILLA DE PRODUCCIÓN.  La producción fue tan épica como caótica. La cinta tardó dos años en iniciar su rodaje, debido a las constantes reescrituras de guion que hubo de por medio, como también una preproducción excesivamente larga. Con un cambio de director de por medio, el libreto, que ya había pasado por varias revisiones, tuvo que volver a cambiarse, Selznick tuvo que recurrir a tratos de favor, con guionistas trabajando hasta más de 20 horas al día, algo impensable a día de hoy.

 


DESPIDOS FULMINANTES Y CAMBIOS EN LA DIRECCIÓN. Originalmente iba a ser dirigida por George Cukor. Pese a haber trabajado en el proyecto durante los dos años previos al inicio del rodaje y tras semanas de comenzar a grabar, fue despedido de manera fulminante y sin ningún motivo aparente (se cree que por presión de Clark Gable debido a un turbio pasado en común). Su puesto lo obtuvo Victor Fleming, que venía de rodar El mago de Oz. Debido a la lenta producción y a las muchas tensiones que hubo en el set, Fleming se tomón un descanso a mitad de la grabación, siendo rodado el filme por Sam Wood.

 


UNA PELÍCULA "SIN SENTIDO" PARA UNO DE LOS PROTAGONISTAS. Leslie Howard, que interpretó a Ashley Wilkes, el primer amor de Escarlata O'Hara en la película, consideró que el filme era un completo "sin sentido". El actor no estaba a gusto con su papel. "Odio esta maldita parte", le llegó a escribir a su hija. "No creo que sea lo suficientemente apuesto o joven para ser Ashley y me pone enfermo que me arreglen para parecer más atractivo", le comentaba, diciendo que la cinta era una "gran cantidad de tonterías".

 


MUÑECOS COMO EXTRAS. En la escena en la que Escarlata pasa junto a cientos de soldados confederados heridos en la estación de ferrocarril de Atlanta, Selznick quería que hubiese 2.500 extras para interpretar a militares. Sin embargo, el Sindicato de Extras solo podía proporcionarle 1.500. ¿Cómo logró los otros 1.000? Añadiendo muñecos vestidos con uniforme.

 


VESTUARIO CREATIVO.  Selznick insistió en que el busto de Vivien Leigh debía tener relleno, lo que llevó a Victor Fleming a referirse a las mejores del diseño de vestuario como "la situación del trabajo sobre el pecho".

 


UNA FAMOSA FRASE QUE CASI SE QUEDA FUERA. Una leyenda popular afirma que la mítica frase "Francamente, querida, me importa un bledo" estuvo a punto de no aparecer en el montaje final, debido a la fuerte censura del Código Hays, que consideraba una blasfemia la palabra damn (traducida como bledo o maldición). La leyenda urbana afirma que Selznick tuvo que pagar 5.000 dólares para que no fuese censurada.

La realidad es que el 1 de noviembre de 1939, un mes antes de estrenarse el filme, hubo una enmienda en el código que permitía utilizar las palabras hell (infierno) o damn si fuese esencial para la película.

 


EL ESTUDIO NO CONFIABA EN SU ÉXITO. Debido a sus constantes problemas de producción, la desconfianza hacia el filme creció mucho dentro de Warner Bros, hasta tal punto que Jack Warner llegó a pensar que la cinta sería "el mayor fracaso de todos los tiempos". Afortunadamente su predicción falló completamente.

 


EL COSTE DEL RODAJE. El rodaje fue, finalmente, de 125 días y un presupuesto de 3,85 millones de dólares, una cantidad abismal para la época, puesto que en aquel momento, las grandes producciones costaban, como mucho, un millón de dólares. Su exorbitado presupuesto la convirtió en la segunda película más cara de la historia, solo superada por la versión muda de Ben-Hur. No obstante, en 1946 fue desbancada por el western Duelo al sol, de King Vidor.

 


UNA MAJESTUOSA PREMIÈRE EN ATLANTA. Al estar desarrollada la trama en Atlanta, la ciudad del estado de Georgia organizó todo un evento para la première del filme. Se llegaron a congregar más de un millón de personas en la ciudad para conocer a las grandes estrellas de la cinta como Vivien Leigh u Olivia de Havilland. El día del estreno fue declarado como festivo oficial por parte del gobernador de Georgia. Hubo tres días de desfiles y celebraciones en la ciudad, con ciudadanos vestidos con trajes de época en la calle.

 


UN ESTRENO RACISTA. Pero no todo fue luz en la première en Atlanta. En medio de esos festejos hubo varias banderas confederadas y los actores afroamericanos que participaron en el filme no pudieron acudir al preestreno debido que en Georgia estaban impuestas leyes segregacionistas. Debido a esto, Clark Gable estuvo a punto no acudir al evento y amenazó con boicotearlo, fue Hattie McDaniel, la mítica Mammy, la que le logró convencer de que asistiese.

Pese a ello, en Atlanta hubo sonadas ausencias, como la de Leslie Howard (que tuvo que volver a su Inglaterra natal para luchar en la Segunda Guerra Mundial) y de Victor Fleming, el director no acudió por las fuertes desavenencias que tuvo con Selznick.

 


LOS HOMBRES NO LLORAN. En la escena en la que Bonnie, la hija de Escarlata y Rhett, muere, Clark Gable tuvo que llorar desconsoladamente por la muerte de su pequeña. Lograr que un actor que se había forjado fama de tipo duro llorase fue todo un logro, debido a que Gable se negaba a mostrar alguna lágrima en su rostro, puesto que consideraba que no encajaba en la imagen que había dado con sus anteriores películas. Solo los sabios consejos de Olivia de Havilland (la cándida Melania) lograron convencer al intérprete para que transmitiese todo ese dolor que siente un padre al perder a su hija.