El Correo Gallego

Tendencias » El Correo 2

TRIBUNA LIBRE

Oiga, ¿me devuelve lo mío?

LUIS BLANCO VILA // PERIODISTA   | 19.10.2019 
A- A+

Cuando era una criatura de pocos años y la “seño” me llamó a su presencia en la covacha donde daba y recibíamos sus clases… Doña Concha, la “seño” de la Puente Goianes…Me había echado de la covacha doña Concha…Me había echado a la era de tierra donde estaba el hórreo de excelente piedra patinada por la humedad del río Coroño, tan cerca su curso, tan ancho saliento al mar por Pozo Negro y, al pasar, como quien no quiere, moviendo las piedras de los molinos que ocupaban espacio un poco más allá, hacia la carretera, casi debajo de la puente…
-¿Qué hago contigo?. Había dejado sus pechos sobre la mesa de maestra y me miraba fijamente al ras de mi estatura.
Creí que no me iba a decir nada más, pues se apretaba en la postura que he dicho pero no se movía. Si acaso, miraba a saltos a derecha e izquierda para que no se alborotase la cueva natural con baquelita gris de tejavana…Incluso, en un momento dado, agarró la enorme caña pelada y seca que alcanzaba a cualquier rincón de la cueva y tocó la cabeza de alguna criatura del alumnado, sin modificar, para nada, su gesto y su postura.
-Que digo que ya no te quedan problemas sin resolver, no hay más libros…
Ya sé que era un lince en matemáticas. Hacía los problemas como churros, uno detrás de otro, doraditos, seguro que ricos si tuvieran un poco de azucar para enriquecerlos. Un día, sin más que hacer de problemas, dejé caer los brazos, recogí el sobreusado cuaderno y, aprovechando que la “seño” había ido a la cocina a ver cómo le iba al caldo, me marché al río Coroño, al otro lado de la carretera, donde mi madre, tal como Penélope Cruz en la última de ¡Peeedro!, lavaba la ropa… , y le dije:
Me voy a casa, ya no tengo nada que hacer…
Durante la mayor parte de mi larga vida no volví a resolver un problema que no se pudiera hacer con los dedos. Cuando, a punto de casarme o ya casado, se empeñó el gobierno en cobrar no sé qué impuestos y plusvalías, me di cuenta de que las Matemáticas de debajo del hórreo no eran las mismas del recaudador del ministerio, o sea, el ministro. Siempre tenía que pagar más de lo que había pagado, eso del IRPF, que aún no sé qué demonios quiere decir.
Hace ya muchos años, después de un varapalo que me propinó el ministro Solchaga, por decir en un diario de Bilbao que su señora esposa, Gloria Barba, apoyándose en el Instituto de Comercio Exterior y con el que sería más tarde presidente de Tabacalera, estaba vendiendo armas a las guerrillas “moras” de Filipinas, país por entonces amigo de España -lo digo saludando, al paso, al portugués Magalhaes y al vasco de Guetaria Elcano, por aquello de la vuelta al mundo que se está celebrando- me declaró persona non grata, me puso el asterisco, y exigió al presidente de mi empresa,Tabacalera, que me echara a la p…calle. No diré los favores que hice a tan grande personaje porque “en tan grande polvareda –como diría el clásico-, perderíamos a don Beltrán”. Porque, en el fondo, yo no quería hablar de Solchaga, a quien dí trabajo cuando lo echaron del Servicio de Estudios del Banco de España, “porque era un desastre, que no valía para nada”, en palabras del ejecutor del lanzamiento, a la sazón subgobernador del Banco. Yo, lo confieso, fui más cruel cuando le alabé en público el acierto de prescindir de los directores generales de los ministerios –de Hacienda e Industria- para nombrar delegados comerciales a su servicio.
La verdad es que hoy no estaba de mal café como para hacer estos comentarios. Yo quería preguntar a la chica esta que ya no sé si es ministra de Hacienda en funciones o sin ellas, a la chica Montero, sí, cuándo nos van a devolver el excedente que hemos pagado con el IRPF, que hace casi cuatro meses que nos lo están reteniendo y nadie protesta. ¿Tan sobrados vamos de dinero los españoles? Y no me vengan con cuentos, amable señora. Los que ya no peinamos canas porque se nos ha caído el pelo no estamos dispuestos a prestarles a ustedes ni un céntimo. Así que ya sabe, en metálico y antes de que termine septiembre…No vaya a ser que preste-mi dinero- al valenciano ese que tiene diminutivo de caprino en su nombre, para lo de la gota fría, Porque el resto se lo han gastado y no tienen pensado soltar un euro. ¡Un poco de seriedad, señores!