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Osos, alimento de los primeros gallegos

Restos de huesos hallados en la cueva Eirós, en el concello lucense de Triacastela, son la evidencia, según una tesis doctoral de la arqueóloga Irene Valverde

Arqueológos en una de las campañas de excavación en la cueva lucense
Arqueológos en una de las campañas de excavación en la cueva lucense

ÁNGEL ARNÁIZ  | 18.08.2019 
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Los extintos osos cavernarios, hace unos 40.000 años, formaron parte de la dieta alimenticia de los primeros habitantes de la geografía gallega, los neandertales, como lo prueba una tesis doctoral de la USC, firmada por la arqueóloga Irene Valverde Tejedor, integrante del equipo que investiga el yacimiento paleolítico de Cova Eirós, en la localidad lucense de Triacastela, desde el año 2008, dentro del proyecto Ocupación humana durante el Pleistoceno de la cuenca media del Miño.

Entre las conclusiones del trabajo de Valverde Tejedor se apunta que la ocupación de esta caverna por los neandertales fue más estable y de tipo doméstico que la de los cromañones (Homo sapiens). Los primeros estuvieron asentados durante períodos de tiempo prolongados y llevaron adelante actividades más diversas que sus sucesores.

 Según señala la autora del estudio, las marcas de uso que dejaron las herramientas de piedra  en los huesos de animales revelan que no solo arrancaron su carne para comerla, sino que también trabajaron sus pieles y tendones para fabricar ropa de abrigo y utensilios que empleaban a diario en su vida cotidiana.

Tanto neadentarles como cromañones dejaron en esta gruta numerosos restos de su actividad que permiten reconstruir sus respectivos modos de vida, entre los que figura su alimentación.

La investigación de la arqueóloga señala que existen claras diferencias en la dieta de ambas especies humanas. Los neandertales se alimentaban de manera preferente de especies  animales de hervíboros, como ciervos, corzos y cabras y, en ocasiones, del desaparecido oso de las cavernas, un plantígrado que podían pesar entre los 350 y 600 kilos, los machos, y unos 250 las hembras. Fue el antecesor del oso pardo, que en la actualidad vuelve a pisar las tierras altas del mapa gallego.

En la cueva de Eirós, según puntualiza al autora de la tesis, no se hallaron indicios claros de que el oso de las cavernas fuese cazado, como podría ser un hueso partido o marcas de puntas de flechas, por lo que pudo ser aprovechado tras fallecer de forma natural. No obstante hay constancia en otros yacimientos europeos de que el oso fue una pieza de caza.

En cuanto al cromañón, la dieta era, al parecer, algo más variada, en la que entraban otras especies como los bóvidos.

NUEVA CAMPAÑA. Gracias a la colaboración de la Xunta,  con una aportación de 30.000 euros, el equipo de investigadores de la USC vuelve a la cavidad lucense para una nueva campaña de excavaciones, en esta ocasión en el llamado nivel 4, habitado en el Paleolítico Medio, que arrancó el pasado 6 de agosto y se prolongará hasta el 26 del mismo mes.

Las actuaciones que se llevan a cabo desde 2008 en esta cueva de Triacastela, conocida como la ‘Atapuerca gallega’, han permitido poner algo de luz a la desconocida Prehistoria gallega. En ella, a lo largo de una década los investigadores encontraron restos de ocupaciones paleolíticas que van desde el período medio hasta la etapa final del superior y que han permitido descubrir pinturas y grabados, junto a centenares de restos fósiles de fauna y herramientas líticas, de un valor excepcional para conocer la prehistoria de  Galicia.

La cueva de Eirós tiene la particularidad de ser uno de los pocos yacimientos prehistóricos que ha sido ocupado primero por neandertales y luego por Homos sapiens, lo que confiere un singular interés para los arqueólogos.

Periodista