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Pepe do Coxo

El blog de Pepe Domingo Castaño

18.08.2019 
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Galicia es un milagro permanente, sobre todo en verano. Las rías gallegas tienen un encanto muy especial, desde las Altas a las Bajas, aunque sean estas últimas las que se llevan el mayor porcentaje de elogios y titulares. Este verano he tenido oportunidad de visitar una de las joyas de las Rías Altas, la ría de Muros, gracias a la insistencia de mi querido amigo José Vázqez, empeñado el hombre en que descubriera los secretos gastronómicos y paisajísticos de este bello rincón de mi tierra. El día elegido no fue el mejor, todo hay que decirlo. Amaneció uno de esos días de verano típicamente gallego, con un potente y enrabietado viento del Sur, que suele traer abundante nubosidad y una carga extra de lluvia. Allá nos fuimos desde la calma hermosa de Mera hacia Muros, atravesando la Galicia interior por tierras de Brión, Negreira y Rois, pasando luego por Noia, el centro neurálgico, junto a Muros, de este enclave excepcional de la costa gallega, hasta llegar a O Freixo, un bellísimo puerto marinero que está en plena ría y donde se ubica el templo gastronómico recomendado por mi amigo Pepe Vázquez.

Valió la pena el viaje y, aunque la meteorología nos jugó una mala pasada, todo se compensó con la belleza del lugar y con el gran banquete marinero que vino después. Benito Caamaño, un enamorado de este lugar de ensueño, después de visitar en Arteixo su empresa Top Wassh, que se encarga de teñir y preparar los vaqueros de Zara, fue nuestro gran anfitrión y a él le debemos el descubrimiento de un lugar único en la guía de sabores de mi tierra.

Entrar en Pepe do Coxo es entrar en el paraíso del mar galaico. Las mesas llenas de clientes demuestran bien a las claras que aquí se come de lujo. Lo comprobamos rápidamente en cuanto aparece una docena de ostras relucientes, de un tamaño ideal, como nos gustan a los gallegos, ni muy grandes ni muy pequeñas, con un intenso sabor a mar y a frescura. Una auténtica delicia. Luego, llegaron las famosas almejas de la ría, que nos zampamos al natural sin el clásico limón y sin aditamento alguno, todo un lujo de sabor y de pureza. Más tarde, entre trago y trago de Viña Mein, nuestro ribeiro favorito, Pepe do Coxo, el gran jefe de este templo de mar y de verdad, nos sirvió unos berberechos excelsos, que son el santo y seña de esta ría increiblemente fecunda. Para terminar la exhibición marinera, unas cigalas del dia, cocidas y frías, que nos supieron a gloria bendita.

Cerramos el gran banquete con una enorme caldeirada de abadejo, uno de esos guisos marineros que tanto prestigio le siguen dando a la cocina más pura de mi tierra. En la carta del restaurante está todo lo que uno puede desear cuando viene a Galicia, los camarones, los lubrigantes, el jarrete guisado, los mejores pescados de la zona y, por encima de todo, la amabilidad y el cariño del personal, que se desvive por hacerte la vida feliz. Os recomiendo que, si os acercáis a Galicia, no dejéis de visitar esta ría de Muros y Noia, hacer un paradiña en O Freixo y visitar a Pepe do Coxo, para sentir el sabroso embrujo del mar de mi tierra.