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El poder de la imagen en Eduardo Gruber

El artista expone por primera vez en Galicia, en el Marco de Vigo, de la mano de Miguel Fernández-Cid, experto en su obra

Serie Femme fatale-amores platónicos, 2018. Phyllis Carmier “HUME” (acuarela, carbón y collage sobre papel)
Serie Femme fatale-amores platónicos, 2018. Phyllis Carmier “HUME” (acuarela, carbón y collage sobre papel)

FÁTIMA OTERO BOUZA  | 27.10.2019 
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Hoy la transparencia está omnipresente en todas las cuestiones de la vida. La obsesión por eliminar cualquier resto de oscurantismo en las acciones diarias, importantes o triviales, hace que todos busquemos proyectar rutas despojadas de cualquier atisbo de maleza u obstáculo en el camino. Mientras algunos fabrican senderos asépticos en los que no hay cabida para la deformación, lo oculto o lo sobrante, otros inventan historias a veces extraídas de cuestiones viles o, peor que eso, despreciables.

Historias turbias que enganchan nos las sirve en dibujos a gran escala Eduardo Gruber (Santander, 1949). Retratos fantasiosos nacidos de una noble idea, rescatar del anonimato a un nutrido grupo de mujeres tocadas por el infortunio. La serie es una aguda reflexión sobre la suerte. Indagando sobre la fortuna fija los ojos en sus heroínas actuales arrancadas de la marginalidad.  Un trabajo sobre el discurrir vital, sobre el periplo humano de miles de mujeres olvidadas, no tenidas en cuenta en el relato tradicional, en este caso por no acatar la ley. Su serie Femme fatale-amores platónicos reflexiona sobre el destino de unas vidas que irían por otros derroteros si fuesen acompañadas de la buena suerte.

El resultado lo conforman nueve obras de técnica mixta, dibujos a gran escala que narran otra vida intensa pero no entre rejas sino por los sinsabores del destino. Gruber juega a cambiarlo aunque sólo sea en la ficción pictórica. A modo de relato onírico nos invita a conocer sugerentes biografías para cada una de ellas. Aparecen bañadas de intensidad, ocultismo, víctimas de turbulentos acontecimientos vinculados a la guerra o la pérdida de un ser querido. Teje ambiguos enlaces sugeridos por la fisonomía facial o corporal de cada una de ellas, derrotadas por la mala fortuna ya que todas fueron condenadas por cometer delitos.

Gruber imagina su actividad artística como una disciplina ilusionista; se sirve de la ficción para generar un aparente mundo real. Arthur C. Danto señala como el arte está a cierta distancia de la propia realidad, y así sucede en su obra porque fichas policiales, parte de las cuales han sido rescatadas de 1920 en el Museo de la Justicia y la policía de Sidney, no queda nada. Con ellas trata de ensalzar su imagen ya que las saca del anonimato y las encauza por derroteros vitales diametralmente opuestos.  Alta dosis de sofisticación riega el vivir de una de ellas, Dorothy Mort, o la atrevida Jean Wilson a la que, a modo de homenaje, transforma en Frida Kahlo. Citas artísticas pero también literarias, como a Stefan Zweig y los momentos propicios para la creación, incluso el mundo de ayer.

Presenta dibujos grandes resueltos en acuarelas y grafitos acompañados de un relato totalmente imaginario en el que al marco contextual primigenio se superponen otros igualmente densos, en los que hay cabida para el amor, para la espera, dolor por acontecimientos bélicos o dramas personales. Cualquiera de las escenas golpea al espectador por el color blanco y negro utilizados y por la fuerza que emana de rostros y ambientes enigmáticos y misteriosos, en ocasiones algo siniestros.

Jean Wilson (acuarela, carbón sobre papel).

El misterio que encierran difícilmente se resuelve por mucho analizar y mirar la adicción de palabras, citas literarias, de pensamiento o metáforas. Cualquiera de esos signos son como hilos de los que podemos tirar pero siempre hacia lo inesperado, lo primigenio, lo invisible, lo reprimido. A Gruber le gusta sorprender con cuestiones ocultas para que el espectador indague e intente hallar respuestas.

El retrato del escritor “Philip Roth” como Neptuno I produce la impresión de interpelarnos a través de la mirada o el saludo militar;  en todo caso invitan a adentrarnos por el secreto, la privacidad de lo oculto, lo insinuado, lo que no debe pero convendría ser contado. Estos trabajos recientes realizados en enormes papeles son como agigantadas páginas noveladas, cada una de ellas narra vidas pasadas, encuentros fortuitos. Todos a modo de relato reviviendo otra de sus facetas, la de escritor de novelas,  incitan a hurgar detrás de ese espejo. Si somos capaces de penetrar como la Alicia de Carroll desvelaremos lo que permanece tras esa fina línea que separa lo real de lo ficcional.

Precisamente la serie A flor de piel destapa el límite de una situación, la intriga, tan presente que lleva a situaciones dramáticas por no obtener quizá lo que se busca con tanto denuedo. Así reza la apaisada acuarela A Job, a través de la frase  Why can‘t you give my Dad a job? o lo que se oculta en la habitación de un ser cuyo  cuerpo  levita y debe mucho a Holbein.  Son obras intrigantes, precisamente en blanco y negro, imágenes que activan otros tantos significados conmovedores, elocuentes, seductores, pero que siempre han partido y han crecido a raíz de un elemento detonador  como puede ser un recorte de prensa, una obra de la historia del arte, un pensamiento, un encuentro o el fragmento de una ópera.

Una potente instalación escultórica emerge como obra total pues reúne en su concepción a Carmina Burana  con el Cisne amenazado del pintor holandés del XVII,  Jan Asselij. Lejos de cualquier juego de seducción lo transforma en presa de unos aprestos comensales, y así luce en una declamatoria instalación como gran pieza escultórica atravesado, asaeteado de tenedores, toda una  puesta en escena metafórica de la dañina relación del ser humano con el entorno natural.

Eduardo Gruber expone por primera vez en Galicia, en el Marco de Vigo, de la mano de Miguel Fernández-Cid, experto en su obra. Una oportunidad única para valorar los dibujos del reconocido artista cántabro.

Doctora en Historia del Arte