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besos de cine para celebrar san valentín

Preparados, listos... ¡muak!

Hemos visto en la gran pantalla desde besos dramáticos, apasionados, hasta prohibidos. Da igual como sea pero nos encanta un buen besuqueo en el cine. Así que adéntrate en estas líneas y descubre algunos de los mejores picos de la historia del séptimo arte.

S. OTERO  | 17.02.2019 
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Los hay tiernos, terroríficos, robados... y por supuesto, besos románticos de esos que no se olvidan. El cine los tiene todos y qué mejor momento para celebrar que el pasado jueves fue el día de San Valentín para repasar algunos de los más emblemáticos ósculos de la historia del cine.

¿Quién no quiso ser protagonista de una bella historia de amor y recibir uno de esos esperados besos que te dejen sin habla?

El primer beso de la historia del cine tuvo lugar en 1896 y fue un encargo de Thomas Alva Edison al director William Heise. El vídeo de este beso entre John Rice y May Irwin apenas dura 47 segundos en un único plano. Pero el alboroto que causó hizo historia y, ahora, más de cien años después, el beso se ha convertido en una herramienta imprescindible de toda película.

Repasamos algunos de los mejores besos del cine: Arrancamos nuestra a buen seguro incompleta selección con uno de los besos más legendarios del séptimo arte, el que protagonizan Rick (Humphrey Bogart) e Ilsa Lund (Ingrid Bergman) en Casablanca. Como buena historia de amor que se precie, el mitificado título de Michael Curtiz, es, ante todo, una historia de renuncias, de imposibilidades y sacrificios. Los corazones rotos, los recuerdos y el dolor, se abrazan con frágil e intensa desesperación, intentando que todo vuelva a como era ayer. Pero nada va a volver a ser como era antes. Se despidieron para siempre en un aeropuerto y el pobre Bogart se quedó compuesto y sin novia. Menos mal que en Paris se dieron este beso (1) "como los de antes", donde besas con la mano oliendo a tabaco y con un regustillo a whisky en los labios. En el fondo Humphrey es un romántico. Tranquilos romanticones, siempre nos quedará París.

Continuamos con otro clásico básico, Lo que el viento se llevó. Scarlett (Vivien Leigh) y Rhett (Clark Gable) mantienen un afilado diálogo que termina en un beso (2) en la penumbra que acaba siendo realmente apasionado y... una propuesta de matrimonio. Casi nada se explica o se entiende del séptimo arte sin esas escenas arrebatadoras en las que un tunante simpaticón con grandes orejas (Gable, of course) se quema a temperatura similar a la de la incendiada Atlanta, cuando entra en contacto físico con Escarlata O'Hara (Vivien Leight).

Nada podemos decir del beso tan espectacular y apasionado de Mogambo (3), donde el calor de la jungla tropical fue una nimiedad comprado con los sudores que un maduro cazador (otra vez Gable) provocaba en las mujeres. Al final capturó a la morena, claro. Hasta su nombre, Ava Gardner, era perfecto.

Otra de las películas que también nos han dejado en in love es Desayuno con diamantes (4). ¿Ha de ser siempre una escena de amor la instantánea de una demostración apabullantemente física? En esta modélica, llena de alma e irrepetible adaptación que Edwards realizara sobre el relato de Truman Capote, no se puede explicar tanto sin necesidad de recurrir a los tópicos. La manera en a que Peppard (escritor en ciernes) mira a la deliciosa Hepburn (una chica alegre y vitalista) ya basta para adivinar lo que late bajo sus pieles. Un par de tazas de café, un cigarrillo y unos ojos que iluminan la ciudad entera son ya de por sí los mejores diamantes del film.

En De aquí a la eternidad (6), Burt Lancaster con un turbo bañador besa desesperadamente a Deborah Kerr en la playa. Las olas envuelven cadenciosamente a los amantes adúlteros. El beso más tórrido, húmedo y adúltero de la historia del cine. Pearl Harbor sí que generó pasiones. La película fue una de las pioneras de Hollywood en adaptar un best-seller duro de James Jones, muy del gusto de la América de principios de los años sesenta, y en mostrar sin complejos las motivaciones sexuales y las frustraciones de los personajes.

Y ya que hablamos de besos empapados, merece la pena mencionar el de Chris (Jonathan Rhys-Meyers) y Nola (Scarlett Johansson) que consiguen que la pasión traspase la pantalla en Match Point (7). Pocos pueden resistirse a una Scarlett con camisa, bajo la lluvia y en un campo de cebada. Entonces, ella se convierte en el objeto de deseo de medio mundo y él en el tipo más envidiado. Para el otro medio, el objeto de deseo es él y ella la mujer más odiada. Nunca llueve a gusto de todos. Salvo en las películas y si hay un beso de por medio.

Cómo olvidar la escena más emblemática de Titanic (8), el supertaquillazo de James Cameron, en la que Jack (Leonardo DiCaprio) le enseña a Rose (Kate Winslet) lo que es volar encima del mítico transatlántico. Ninguna catástrofe (menos que nada en una taquilla vencida por las lágrimas) podría separarles, ni los icebergs, ni ese megatrasatlántico destinado al abismo. Recuperando el romanticismo extremo que toda buena historia debe tener, el film lleva el espectáculo implícito a la sencillez de una pose, de dos seres enamorados que están por encima de todo, destinados a revivir los mejores momentos de una vida rápida en el limbo de los sueños, de la muerte... de la gran pantalla que el corazón ilumina.

Si hablamos de besos apasionados no se puede olvidar el que comparten Ryan Gosling y Rachel McAdams (9) al reencontrarse siete años después de la última vez que se vieron. Los dos están paseando en barca y de repente empieza a llover. Entre risas y empapados bajo la intensa lluvia, sus miradas revelan el amor que jamás dejó de existir entre ellos. "¿Por qué no me escribiste?" le suelta entonces una enfurecida Allie. Noa le responde que le escribió 365 cartas de amor, una por cada día del año. En ese momento, la joven se da cuenta de que su madre se las escondió. "Lo nuestro no acabó. Jamás ha acabado" dice el personaje encarnado por Gosling antes de besarla con una pasión que emociona y que cala hasta los huesos. Cuando se estrenó El Diario de Noa, se habló tanto de este beso que hasta los actores lo tuvieron que repetir en los MTV Awards... y eso que las malas lenguas apuntaban a que no se llevaron muy bien durante el rodaje.

Nuestra veneración también al beso trágico de Salomé (10). Cualquiera pierde la cabeza, aunque no sea Stewart Granger/Bautista, si la recompensa es un arrumaco junto a Rita Hayworth/Salomé. Cosas del erotismo judeocristiano, muy suyo él.

Finalizamos con una imagen que espero no les engañe: la, en apariencia, evanescencia que presenta no es la de unos enamorados hasta las cachas, los cuales de tanto suspirar rozan el icono religioso teresiano de trascendentalismo místico. Ella sí que le ama, él se lo piensa porque Clift vuelve a interpretar a esos trepas que buscan un Lugar en el sol del capitalismo aunque para ello tengan que ahogar con frialdad a novias-estorbo de nivel social inferior, y es que el amor es ciego y malpensado... Elizabeth Taylor y Montgomey Clift generaron una amistad cómplice que se observa en la fotografía (11), igual que el halo romántico que se desprende de las miradas ¿perdidas? De ambos. Casi como en un cuadro renacentista.

Un beso accidental, esporádico pero muy dulce

No podemos pasar por alto las películas de animación y desde aquí queremos también hacerles un pequeño homenaje. El beso de La dama y el vagabundo (5), indudablemente, no podía faltar. Y es que ese "mimo" de Golfo, y Reinita nos conquistó desde el primer momento. Que sepamos, los espaguetis con albóndigas nunca han sido afrodisiacos, pero ese plato de pasta es el que consigue que Golfo y Dama se besen. Por casualidad, eso sí, tras sorber ambos el mismo espagueti. Un beso accidental, pero muy dulce, que los críticos consideran como el mejor que se ha dado nunca en una película de animación. Lo suscribimos totalmente.