El Correo Gallego

Tendencias » El Correo 2

TRIBUNA LIBRE

El refugio preparado

(Hoteles) 1

ÁNGEL NÚÑEZ SOBRINO / ESCRITOR   | 09.12.2018 
A- A+

Estar dentro de un hotel es dejar de ejercer presión sobre el mundo, y también que el mundo deje de ejercer presión sobre nosotros, porque dentro de ese salón, de esa habitación, no tenemos recuerdos, es un estreno para nosotros, y navegamos en ese confortable espacio. Entonces, ese hotel se convierte en puro recreo visual y del paladar ante las exquisitas viandas que se exponen en el comedor. Empezamos a sentir con esas sensaciones una recreación honda. Los hoteles también son un espacio, con su estética y con una decoración propicia, para ayudarnos a resolver nuestros problemas, los de cada cual, de una manera relajada en un ambiente e instalaciones que son complacientes. Un hotel bonito se asemeja a una obra de Arte, pero elevado a escenografía pura , desarrollada dentro de una vida que pretende ser completa. La variación más directa del hotel es el balneario, que es su modo sanitario. Es el edificio a donde los huéspedes van a curarse y cuidarse. Su entorno siempre es la Naturaleza con sus parques, lagos y jardines. Los que más me impresionaron son los balnearios de Portugal. Como una suavidad, el olvido, el prescindir de los otros y del mundo lo proporcionan de una manera especial los balnearios. La misión principal de los hoteles es la de ser el sustituto- horas, días, meses- del hogar de cada uno y de nuestra costumbre diaria. Los hoteles también poseen episodios para una novela, pues por ellos aparecen personas interesantes con contribución propia, con inclusión apetitosa, y con datos para una narración vital extraordinaria. Hoteles de invierno: la chimenea crepitando en el salón, que es "media presencia". Hoteles de verano: la piscina y las terrazas, ofreciendo su espléndida sensualidad .El Hotel : el estático edificio, y la vida allí cobijada, a salvo; y la conducta dinámica que encuentra en el edificio quieto una inquietud incesante a seguir viviendo.

 


LA CONDUCTA EN LOS INTERIORES. El recuerdo de los hoteles está siempre asociado al viajar. Los hoteles en cadena aparecen en los folletos turísticos, y cadenas de hoteles ofrecen sus servicios en espacios fáciles de las ciudades grandes: Ibis, Mercure, Meliá... Frente a estas series surgen los que son referencia mítica y los que pertenecen ya a la Canción , como el "Chelsea Hotel", de Leonard Cohen. Son significativos los hoteles que están cerca de un monumento importante, irradian algo especial, como los próximos a Nôtre Dame de París. Dentro sucede el contraste entre las habitaciones seriadas, numeradas y las suites, con su colmación y refinamiento. También en aquellos viajeros que no tienen reserva el agobio surge en sus rostros cuando desde la posibilidad o la probabilidad buscan una habitación disponible, o también cuando la urgencia amorosa lo requiere. Los hoteles constituyen más refugio asegurado dentro de una ciudad desconocida y con idioma también desconocido, así Istanbul, SanPetersburgo ,que en ciudades conocidas y con idioma sabido en que ese refugio se muestra más suave y tranquilo, y la habitación que ocupamos se muestra como la máxima representante de nuestra habitación de siempre, y con una mezcla de extrañeza y familiaridad: house y home reunidas. Se establece entonces un espacio distinto, radicalmente, entre ese espacio que se ocupa y donde se elabora el descanso y la recuperación de energías, y todo el espacio exterior, absolutamente, empezando por la calle.

El tráfico y el bullicio de la gente queda fuera. Y la conducta de cada cual se convierte en privada, ignota, desaparecida de la mirada de los demás.¿ Cuándo comienza la felicidad o el disfrute en una ciudad que nos encanta y conocemos?. Cuando salimos felices de nuestro hotel porque nos satisface por completo, y estamos en una ciudad que igualmente nos satisface en todo, y cuando de noche regresamos a nuestra habitación se establece un contento especial que es producto de la perfecta ecuación lograda entre el hotel y la ciudad, entre ese refugio preparado y lo que vivimos durante el día en esa ciudad. Le sucede a la gran mayoría.

En términos antropológicos es necesario presentar el atrevimiento como un modo de creación propia y privada, y como el mérito de una estrategia del deseo, en fértil heterodoxia. Las historias y conductas sexuales, silenciosas, hechas desde la decisión y el sigilo, y en que la mirada participa y consiente, funcionan con frecuencia dentro de los hoteles (y en otros espacios). Traspasar determinadas prohibiciones es siempre una valentía.

 


En las transgresiones lúcidas se demuestra que el ser humano, cuando le apetece y siente una fuerte pulsión, simplemente actúa, y rompe con las convenciones sociales, con la moral burguesa de la "decencia" y con la doble moral de la institución de la casulla. Olímpicamente, desde el Psicoanálisis, el Ello puede vencerle al Superyo.

El hombre, de este modo, se sitúa en una perfecta posesión y mando de experiencias que son suyas, y de las que saborea esas consecuencias plácidas, en que la represión queda machacada, y suceden como expresiones la complacencia y la complicidad , y los momento abonados para la vida, la juerga y la fiesta: así, el champán que se abre en una habitación lujosa, o las cervezas frías que se abren en una habitación modesta.

Otra cuestión es que los hoteles consientan o no, se enteren o lo ignoren .Pero toda dificultad es estudiada y asediada desde una conducta analítica y que encuentra la ranura exacta. En la historia del cine hay que celebrar Pretty Woman, fascinante, y El Graduado, muy reveladora. También hacen esta realidad posible el bar y el salón de los hoteles en que la sociabilidad surge primero de una manera vertical y después puede terminar de manera horizontal. Está claro: los hoteles no son sólo edificios...