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DESDE AROUSA SUR

A mí, que me registren

LUIS BLANCO VILA / PERIODISTA   | 03.11.2019 
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Mi santa madre falleció la víspera del Apostol del año redondo del 2000. Mi mujer y yo estábamos empezando una pequeña gira turística por las entrañas de la Andalucía del interior... Concretamente nos pilló el teléfono del coche a las puertas de Antequera, por donde hay gente que quiere que salga el sol, empeño imposible cuando, rendido y desarmado, el paisano se desespera porque no hay modo de conseguir algo tan sencillo como registrar un piso en el registro oficial de la propiedad.

Ni que decir tiene que Begoña y yo dimos la vuelta camino de Boiro, una tirada larga que hicimos en dos jornadas. Todavía no había salido el sol por Antequera. Pero mi madre había dejado, antes de cumplir los noventa años, las cosas bien atadas: unos años antes. Un día me dijo me dijo: "Ese piso que me tocó en el reparto de lo que dejó tu padre, te lo regalo, para que vosostros también podáis venir a Boiro a pasar el verano o cuando os de la gana". ¡Qué bien, qué maravilla! Eran pisos casi nuevos, edificados sobre el espacio que ocupaba el garaje de los dos taxis de la casa, allá por los noventa; el mío era un primero que daba a la Rua Principal, que antes, cuando yo salí de Boiro en 1948, se llamaba Calvo Sotelo y que algún alcalde masón había echado del callejero por facha...¡Pobre! Así le dieron matarile en julio de 1936 y dejaron su cuerpo junto a la tapia del cementerio de la Almudena de Madrid.

"Vamos al notario, que he pedido hora, me dijo mamá Pilar. Nos cogimos del bracete y nos fuimos dando un paseo hasta la notaría. Cubrimos los trámites de cumplir con Hacienda, que se llevó, de entrada, una cantidad fabulosa de dinero por un regalo de familia. (Unas semanas después, Hacienda dijo que se había equivocado y que era una cantidad bastante superior la que había que abonar). El piso regalado había salido carísimo, antes de tener la propiedad administrativa. Pero, bueno, ya sólo quedaba el Registro en Noia y unas plusvalías locales dicen que razonables. Menos mal que aún no se hablaba del IBI. Así que, al día siguiente, a la nueve en punto, estaba en el Registro de Noia, entré después de llamar con los nudillos, saludé y dije, ya en el mostrador; "Vengo a que me registren".

Les juro que no levanté los brazos...si acaso sólo un poco para sacar la carpeta de los papeles. Entre sonrisas, sin duda por mi lenguaje de delincuente cogido in fraganti, les expliqué; me entendieron en seguida. Mi ya amigo, el funcionario de turno, movió la cabeza y estiró la comisura de los labios. "No, dijo, si los otros tres pisos de la comunidad de propietarios no están registrados usted no puede...". Aquella mañana soleada en Noia a las 9.05, registra el registro oficial, asegura y registra , y deja constancia de que estamos en el día 15 de enero de 1997...y así empecé a saber lo que es la cerrazón administrativa de los gobiernos que han pasado por la Moncloa en los últimos veintidós años. Pero sigamos.

He consultado a varios abogados amigos. Los más amigos me aconsejan que ofrezca al piso que quiero vender para pagar los impuestos municipales y los IBI desaforados, al primer okupa que me encuentre en la acera. Pues..., no sé. Antes de hacerlo, que no sé...me haré una pregunta muy sencilla...¿Para qué sirve el Registro? Y, ¿de qué da fe el notario?, ¿Por qué Hacienda se lleva el primer cuarto de millón de pesetas antes de que me firmen la escritura? ¿No bastaría con una sola certificación de lo mismo que certifican los demás? Y, por último, señores sacaperras del ministerio de turno, ¿no sería cosa de modificar la legalidad que ordena que si no pagan todos los miembros de una comunidad, uno tampoco tiene derecho a hacerlo y se convierte, malgré lui, en un ilegal? Modifiquen ese artículo, hagan algo. Veintidos años esperando el registro son demasiados.