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Retrato de dos

Javier Cercas y Manuel Vilas, ganador y fnalista del Planeta 2019, fotografados por Xurxo Fernández en el Hostal dos Reis Católicos.
Javier Cercas y Manuel Vilas, ganador y fnalista del Planeta 2019, fotografados por Xurxo Fernández en el Hostal dos Reis Católicos.

24.11.2019 
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0. Reencuentro.

Esta vez, el premio Planeta de novela ha optado por dos auténticos pesos pesados de la literatura. Sus nombres se unen a una ya densa constelación de escritores, en la que orbitan algunos otros nombres memorables. Pero Javier Cercas y Manuel Vilas son, qué duda cabe, dos aportaciones planetarias de mucho nivel, dos territorios poblados por la magia de las palabras, por los enigmas y las pasiones, por la historia y por el lado íntimo de la experiencia humana.

Y aquí están hoy, en este salón del Hostal dos Reis Católicos de Compostela. La llegada es un carrusel de saludos. Hay más gente al alrededor, cuyo encuentro celebramos: Isabel Santos, claro, pero también Raquel Domínguez y la librera Mercedes Corbillón. Por si fuera poco, David Trueba ha hecho también aquí un alto en el camino, está en algún lugar del viejo edificio: ha venido recoger un premio, nos decimos. Cercas afirma que se verán dentro de un rato: hay una historia común entre ellos, que arranca, como es sabido, de ‘Soldados de Salamina’. Javier Cercas, al que hemos entrevistado rigurosamente a raíz de todas y cada una de sus novelas (o casi), parece encantado de volver a Galicia. La gira no ha hecho más que empezar. Se siente un hombre nuevo, nos dice, tras escribir ‘Terra Alta’, que es como se llama la novela. Ha cambiado de registro, pero es que todo ha cambiado en él. Salvo su pasión por opinar sobre la actualidad, que le lleva directamente al ejercicio del columnismo, otra de sus múltiples actividades.  Hablamos con Vilas, invariablemente con jersey negro. Recordamos aquella entrevista en torno a ‘Ordesa’, a la que llegamos casi a lágrima viva. Vilas, o sea, que ya está bien de hacernos llorar. Le decíamos. Y le decimos ahora que está en forma, como si la vida, que tantos giros ha dado sobre él, y él dentro de ella, la vida como un tornado, le hubiera devuelto un cuerpo más atlético y más juvenil. “Me cuido”, dice Vilas, como toda justificación. No puedo dejar de pensar (Giráldez) que el escritor de un libro tan intimista como ‘Ordesa’, que ahora desemboca en ‘Alegría’, finalista del Premio Planeta, sigue enfrascado en su mundo interior, como corresponde a un poeta. Este desfile por las ferias del libro del mundo, este hermoso viaje con su hijo (bueno, el hijo del protagonista), este ir y venir por Estados Unidos, es algo así como el ‘making of’ de su novela anterior, las consecuencias del éxito y el armazón de una vida renovada, tras viajar al reino de la infancia perdida y quizás recuperada. La recuperación de la vida personal, también. Vilas, de negro, me mira cuando le digo: “te vi asustado en el Planeta, a través de la pantalla. Parecías preocupado con aquello, lo vi en tus ojos (en los primeros planos, claro), pensé que estabas a punto de huir, recuperar la habitación, el silencio, dar el esquinazo a los encargados de las cámaras”. Me dice: “es que estoy siempre un poco asustado. Eso es lo que pasa”..