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TRIBUNA LIBRE

Ricos de hecho y de derecho

BEGOÑA PEÑAMARÍA / ESCRITORA Y DISEÑADORA  | 06.01.2019 
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A quien más o a quien menos, en estos terribles días de ausencias irreparables y de desenfreno económico, por momentos le asalta la melancolía o la preocupación. Por si fuera poco, el año que entra se abre ante nosotros lleno de enigmas por desvelar y cuestiones que solucionar. Nos mostramos irremediablemente desnudos ante él y, sin ningún tipo de pudor y haciendo acopio de nuestras más secretas energías, le pedimos en silencio que nos trate bien en el más amplio sentido de la palabra.

En mayor o en menor medida, todos deseamos lo mismo. La diferencia principal radica en el orden de prioridades, aunque me atrevería a decir que la gran mayoría de los mortales posicionamos la salud propia y de nuestro más querido entorno en el puesto principal. A partir de ahí, cada cual suspira por lo que más siente precisar, que no siempre es lo que uno más precisa... Por lo general, uno de los sueños más recurrentes de los integrantes de la cada vez más escasa clase media, se reduce a conocer en carne propia las aparentes veleidades de amasar una fortuna.

Una buena parte de esta inmensa mayoría se pasa la mitad de su vida anhelando, admirando y hasta adorando, al becerro de oro que parece dirigir la existencia de sus congéneres más acaudalados; mientras que la mayor parte de los ricos parece vivir en los mundos de Yupi sin demasiado tiempo ni ganas de pararse a observar las miserias ajenas... Claro que, por fortuna, no todos los componentes de este clan son de esa calaña. Al hilo de esta reflexión, me van a permitir que les hable de mi teoría acerca de los dos tipos de pudientes más abundantes porque, a mi juicio, hay dos grandes grupos: los de hecho y los de derecho. Los integrantes del grupo de hecho engrosan las filas en las que yace la mayor parte de la riqueza de nuestro país. Son personas que no han tenido la necesidad de apenas mover un dedo en la búsqueda de El Dorado, porque casi todo aquello de lo que gozan les ha venido regalado por herencias, regalos, o pelotazos colaterales. Dentro de este género cohabitan dos subgéneros: los que luchan por mantener congelado aquello que les cayó del cielo a costa de no gastar más que en lo que ellos consideran imprescindible-que en muchas ocasiones es más que prescindible y en otras les hace rozar la tacañería más extrema-; y los que son capaces de invertir una parte del sobrante para que este genere ciertos y casi seguros beneficios gracias a los cuales dormir a pierna suelta. Para que se hagan una idea más gráfica, podría ser algo similar a jugar a pintura de dedos con guantes de goma.