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En rojo y negro la pasional visión del mundo de Ruth Lodeiro

Sus piezas son metáforas de diversas problemáticas de la vida actual, como la voracidad capitalista y consumista, la avaricia desmesurada o la toma de conciencia del paso del tiempo.

Obra que se pueden observar en la exposición Territorio de Fin.
Obra que se pueden observar en la exposición Territorio de Fin.

FÁTIMA OTERO  | 23.02.2020 
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La escultora Ruth Lodeiro (Vigo, 1964) mira a la realidad de una manera múltiple. Sus piezas son metáforas de diversas problemáticas de la vida actual, como la voracidad capitalista y consumista, la avaricia desmesurada o la toma de conciencia del paso del tiempo; planteamiento manifiesto  que se percibe en su serie Ósea, a base de armoniosas formas colgantes pero frágiles (pura cerámica). Remiten a esa idea de falta de solidez contemporánea; su plasmación recuerda a los antiguos relojes de péndulo, aquellas vetustas vánitas con las que los antiguos maestros veían volar el tiempo. En ocasiones adoptan formas esféricas como metáfora cíclica de toda existencia humana. Otras van en una especie de cajitas, a modo de relicarios.  

Esa visión del tempus fugit alimenta los poemas con los que la propia artista anima sus piezas y ayudan a entenderlas mejor. La sala del Polígono del Tambre, comisariada por Manuel Nieto, exhibe seis series, quizá demasiadas pero con la ventaja de que todas están entrelazadas e interconectadas. Jardín del mal está modelada a través de la poesía de Baudelaire, pero no menos de la inspiración de las ondas del Mar de Vigo de Martín Códax, con la diferencia de que las ondas de Ruth braman más que por un amigo, por el colectivo femenino.  Para ese empeño se sirve de la metáfora del jardín, un lugar que no tiene nada de pastoril y si mucho de gravedad y de fuerte densidad humana. Una denuncia de los hábitats destruidos por la acción del hombre. Por ello sus flores de cerámica nacen ensangrentadas y visten de luto, denunciando falsos jardines artificiales como cárceles futuras.

En esa relación que el ser humano establece con el medio natural, no podía faltar el protagonismo del mar, precisamente en una viguesa. En una obra muy crítica y a la vez hermosa, ondea tiras cerámicas y luego las encierra en espirales cosidos por los hilos de Ariadna. Aluden al proceso de diseminación, desmembramiento que padecen las mujeres sometidas a un lote de obligaciones y responsabilidades. Esas distorsiones suponen todo un repertorio de genealogías femeninas con connotaciones físicas y psicológicas ante la insatisfacción que produce el modelo cultural establecido.

Ondas agitadas por los azotes vitales componen la serie Agua-mares-ondas. En ella se puede leer la doble ambivalencia del agua como fuente de vida pero también de muerte. Se menciona al líquido elemento vinculado a Venus, a las viudas, las migrantes o a las imaginarias féminas llenas de sueños pero encadenadas a las vidas de los otros.  Estamos ante una artista comprometida con el entorno que le toca vivir, con esculturas e instalaciones que abordan temas candentes que muchas veces no son fáciles de adivinar por el resultado abstracto que alcanzan.   
El discurso de Ruth Lodeiro maneja los mitos y los relatos mágicos como una fuente poderosa para su imaginación. La soberbia humana de levantar torres que sueñan con tocar el cielo para adquirir fama sólo conlleva al fracaso social, como enseña la parábola a la que alude el zigurat inacabado de Bueghel el Viejo. A ello remite su serie Babel aludiendo a la falta de creencias, valores, principios. Las torres de Ruth lucen derribadas, son piezas de suelo, que denuncian la arrogancia e imprevisión. Plásticamente concretadas en formas espirales horadas por tubos, como alusión a las oquedades de cualquier tipo de discurso vacuo.

Femenina, como su obra, y feminista, la artista revisa estereotipos como el de Penélope.  Lejos de presentarla afligida y pensativa, la perfila a través de singulares redes metálicas, en particulares nasas o rejas, a modo de cárceles o jaulas que siguen apresando a miles de mujeres. Su visión de Penélope revierte el sentido de la historia, dando preeminenecia a lo femenino, más dedicada a romper el modelo de la fidelidad y mostrar la calamidad humana. Una obra de la instrospección que retoma la temática de la fidelidad y la desvirtúa con reflexiones sobre el papel de la mujer en la sociedad contemporánea. El sudario de Penélope atrapa a ángeles manchados de rojo, que se pueden tornar en pubis, úteros o crucifixiones, según decida la mirada libre y abierta del espectador.

La artista maneja tenazas, alicates y agujas para apresar la memoria de tantas y más heroínas y diosas afanadas en elaborar los tapices de la vida y la muerte. Sus obras son muy densas en discurso, decorativas pero intensamente conmovedoras. Las mallas metálicas, los nudos e hilos encadenan a la mujer en despiadadas tramas que conforman la existencia mundana: Eva, Calipso, Circe, Ariadna y las mujeres actuales llenas de objetivos, sensibilidades y emociones compartidas.

Ruth Lodeiro retoma antiguas labores ancestrales, como la práctica del tejido, en un eterno retorno para recordar y regresar a un estado original, un intento de restablecimiento del orden cósmico. “…la oclusión condenó a malditas las estrofas, así la unicidad relató la historia. La renuncia silenció a las guerreras y la desmemoria desmembró los versos”. Todo un desasosiego contemporáneo, una mirada reflexiva sobre la condición de aislamiento, brutalidad, cuerpo profanado o quebrantado. Para ello se remonta a los propios orígenes, al mito de Eva, buscando las raíces identitarias y cuestionándolas en una escultura que obliga a pensar al mundo.

Doctora en Historia del Arte