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La COmpostela de Santiago

A rúa Nova

TEXTO JOSÉ MARÍA FANDIÑO FERNÁNDEZ. OFTALMÓLOGO   | 21.12.2014 
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La vieja olvidada de la Compostela actual. A Rúa Nova es probablemente la más señorial de las calles compostelanas, excluido el entorno catedralicio. En la Compostela de hoy, devorada por el turismo de consumo rápido y por la expansión comercial, A Rúa Nova se presenta como un paraíso de tranquilidad donde la cultura y la historia de los últimos años se abrazan como queriendo resistirse a su desaparición.

Esta calle cuyo nombre se remonta al "Vicus Novus" del siglo XII, y que también fue llamada en algún momento Rúa do Bico (Calle del Beso), es posterior cronológicamente a la Rúa del Villar, siendo trazada cuando la ciudad ya estaba amurallada.

LA DESAPARICION DE LOS SOPORTALES. Sus característicos soportales, al igual que los de su homónima la Rúa del Villar, sobreviven de milagro .El 11 de Julio de 1866 se reúne la corporación municipal, supuestamente progresista, y declara de utilidad pública la desaparición de los soportales en aras de una supuesta higiene, para evitar el hacinamiento de la gente y para favorecer el incipiente tránsito rodado, llegándose a escribir que estos soportales "muy poco tienen que agradecer al arte y a la higiene...y apenas puede adelantarse un paso por aquellos estrechos túneles cuya atmosfera axfísia..". Loado sea el cielo que la decisión sólo fuera llevada a cabo de forma parcial, y que hoy mantengamos en buena medida gran parte de esos soportales originales. Los soportales que siempre utilizaron los campesinos y artesanos como lugar de exposición y venta de sus mercaderías son condenados, y así desaparecen completamente los de la Azabachería, Cardenal Payá..., y parcialmente los de la Rúa del Villar y Rúa Nova. Este prurito higiénico-sanitario llevó, en algún momento, al encalado interior de los soportales, imagen aún hoy visible en algunas fotos de la época recogidas en magníficos libros recientemente publicados.

Pero volvamos a la intrahistoria de la calle. En ella se conservan monumentos vivos de la historia de Compostela. Quizás el más conocido sea la Iglesia de Santa Maria Salomé, adornada a su entrada con una portada del siglo XII, protegida por un pórtico que le confiere el aspecto de una iglesia rural. En su interior nos encontramos con una de las curiosidades más simpáticas de las iglesias compostelanas, la presencia de un angel con gafas (Mi pregunta como Oftalmólogo es obvia: suponiendo la inmateralidad de los angeles, y que se trata de espíritus puros, ¿será posible que sean miopes?). Únicamente conozco otro caso, en la iglesia del Monasterio de Samos uno de los arcángeles representados en las columnas que soportan la cúpula también está representado con gafas.

La presencia religiosa en la calle se ve completada en primer lugar con el Colegio de Cristo Rey, situado en el solar donde antiguamente se encontraba las dependencias del SEU, desaparecido como consecuencia de un incendio en los años cincuenta. En su interior se guardaban multitud de archivos con fichas políticas de los habitantes de Compostela después de la guerra civil. El incendio causó la desolación en muchos compostelanos, al tiempo que más de uno se alegraba en su interior por la desaparición de tales papeles.

EL PALACIO DE LOS CONDES DE SANTA CRUZ. El otro exponente religioso es el Palacio de los Condes de Santa Cruz donde se encuentran las Monjas del Servicio Doméstico. Este edificio guarda entre sus paredes algunas historias curiosas. En él vivió Juan de Armada y Mondragón, Jefe del famoso Batallón Literario de Santiago que luchó contra los Franceses en 1808. Posteriormente fue sede de la Capitanía General de Galicia, y allí se recibió la que probablemente fue la primera carta-bomba de la historia. La recibió en 1830 el General Nazario Eguía, y al abrirla le estalló en las manos hiríendole gravemente. Años después aún se podía ver en el artesonado de madera los restos de la sangre del atentado. Aquí también estuvo la sede del primitivo Club de Futbol Compostela, en aquel entonces llamado Santiago hasta su fusión con el Arenal, cuyo local estaba situado enfrente.

Existen otros edificios singulares en esta calle. A casa das Pomas (de las manzanas) situada frente al palacio de los condes de Santa Cruz, construida en el siglo XVII por Diego Romay, cuya característica más peculiar son los relieves frutales que adornan su fachada. En el último tramo de la calle encontramos otro de los edificios característicos de la Rúa Nova, se trata del Palacio de Pedrosa, donde durante años estuvo el Hotel España, que recordarán muchos de los Compostelanos, para posteriormente albergar un restaurante y en el cenit de su existencia hostelera un Pub de efímera existencia. En la actualidad está transformado en pisos con unas galerías comerciales en su bajo.

EL ESTUDIO VIEJO DE SANTIAGO, GERMEN DE LA USC. Poco más adelante está el Palacio de los Condes de Ramiranes, edificado en el solar donde hace siglos se encontraba el Estudio Viejo de Santiago, uno de los precedentes de la Universidad compostelana, y donde a partir de 1620 se estableció el Colegio de los Irlandeses. Su historia más reciente nos lo recuerda como sede durante años de la Cámara de Comercio de Compostela hasta su traslado a la actual ubicación en San Pedro de Mezonzo.

Dentro de la calle tenemos dos centros culturales recientemente recuperados para su disfrute por los compostelanos, el viejo Salón Teatro donde se pudieron ver las primeras películas de la apertura cinematográfica de los tiempos de la transición, y el más antiguo Teatro Principal que recuperó su pasado esplendor para el teatro y la lírica. En la primera mitad de este siglo muchos de los decorados del Principal estaban realizados por el padre de Isaac Díaz Pardo, y parece como si la historia quisiera unirse a las personas, puesto que en las proximidades se encuentra la tienda de Sargadelos, empresa fundada por el mencionado Díaz Pardo.

Y hablando de comercio, no debemos olvidar dos tiendas con especial significado, aunque por motivos distintos. La primera la Cerería de Touriño, situada al comienzo de la calle, probablemente uno de los negocios más antiguos de Santiago, y donde el compostelano de a pie podrá encontrar todo tipo de cirios, desde los más clásicos hasta las más modernas elaboraciones en cera. La otra es la Tienda de La Bella Otero, que nos recuerda a la famosa Bailarina originaria de Valga, de admirada belleza, y que a finales del siglo pasado triunfó en el gran Paris, una de nuestras artistas más emblemáticas.

A lo largo de la calle se descubren muchas más historias, con mayor o menor significado, pero estas se las dejamos para un paseo, mejor después de la lluvia cuando las losas parecen reflejar todos los años y todas las pisadas en ellas acumuladas.