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TRIBUNA LIBRE

El triángulo troyano

MANOLO FRAGA   | 01.03.2020 
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Intervención de Manuel Fraga Carou, vicepresidente de la Asociación Cultural-Musical de Antiguos Tunos Compostelanos y Amigos del Museo Casa de la Troya, en el acto de entrega del Premio Memorial José Antonio Díaz Reneses a los Valores de la Tuna otorgado al Museo Casa de la Troya en su tercera edición, correspondiente al año 2019, que se celebró el 24 de febrero de 2020 en la Casa de Galicia de Madrid

Nuestro presidente, Nino Amor, ya agradeció el Premio Memorial José Antonio Díaz Reneses a los Valores de la Tuna, otorgado en esta edición al Museo Casa de la Troya, agradecimiento que reitero y apostillo. Agradecimiento también para mi predecesora en el uso de la palabra. Apreciada Estefanía: Muchas gracias por el reconocimiento sincero y sentido expresado en tu laudatio al Museo Casa de la Troya. Y nuestra enhorabuena troyana por haber sido tan valientes como pioneras en demostrarnos a los chicos que las chicas también podéis integrar agrupaciones de tuna, rompiendo una tradición genética y convirtiéndola en una entidad posible y auténtica también con mujeres. El premio que hoy pasamos a compartir ya os acredita en el Olimpo.

Y ahora toca hablar del Museo, la historia de una pasión por la tuna y la tradición universitaria, la pasión de Benigno Amor Rodríguez, que falleció en 2009. Así empezaba el obituario que publiqué en su día en El Correo Gallego sobre Benigno, el Troyano: "Fue una y otra vez a la Filmoteca Nacional. Recurrió a herederos para reconstruir el pasado. Rescató muebles y objetos de la época. Compró instrumental médico y otros enseres antiguos. Organizó festivales y reuniones de tunos. Incluso hizo un documental con figurantes. Recorrió las Administraciones. Así durante muchos años. Leyó y releyó la novela y vio las películas. Si le preguntas por un personaje o pasaje, te dice la página y la escena. La Casa de la Troya es la gran ilusión compostelana de Benigno Amor". En uno de los textos mecanoescritos de Benigno, que luego sirvió de prólogo póstumo a una edición de la novela, definía en primera persona el origen y esencia del museo: "La Casa de la Troya es la obra de un grupo de nostálgicos que quisimos perpetuar en el viejo caserón la pensión que, para el estudiante, fue la prolongación de su casa en Compostela. Allí se guarda un capítulo importante de la vida universitaria compostelana".

Pero si bien es cierto que hoy no estaríamos aquí sin la pasión, ilusión y tarea de Benigno Amor, no es menos cierto que sin la labor emprendida por otro grupo de nostálgicos universitarios compostelanos, dando continuidad a la obra iniciada, tampoco estaríamos aquí recibiendo este premio generoso. Y al frente de este grupo está el hijo mayor de Benigno, Nino, tuno de ICAÍ y estudiante santiagués en Madrid. Nino hizo el camino inverso al que hiciera a finales del siglo XIX Alejandro Pérez Lugín, estudiante madrileño en Santiago. Porque todo empezó con Pérez Lugín al escribir la novela La Casa de la Troya, procurando proyección singular al mundo universitario en general y compostelano en particular, con sus correspondientes serenatas, amores y correrías estudiantiles. Con motivo del sesquicentenario del nacimiento del escritor y periodista que está enterrado en el cementerio herculino de San Amaro, realizamos este mismo sábado una ofrenda en su sepultura.

Dice así un breve fragmento de su famosa novela costumbrista: "No pudo contesar Gerardo. Se quedó mudo. Acaba de presentarse Carmiña, vestida con un sencillo traje de percal blanco profusamente moteado de puntitos rojos, sin otro adorno que unas cintas de terciopelo negro, en el cuello, en las bocamangas y en la cintura, y una espléndida rosa de té en el talle. ¡Cristo! Bonita, bonita, como el estudiante nunca imaginara. ¿Pero qué tenía esta mujer, esta hada, esta diosa, que cada día era más bella?". Es la voz literaria de Lugín.

Y si Carmiña Castro Retén está bella, más bella cada día está La Casa de la Troya, enriquecida periódicamente con becas de todo el mundo, masculinas y femeninas. Por cierto, "Fresa": La beca que acabáis de entregarnos públicamente pronto lucirá en Santiago junto a las demás. Y, por otra parte, desde hace algunos años la agrupación musical Troyanos de Compostela complementa a la perfección el ser del museo, cada día más vivo también. Así que el triángulo troyano formado por Alejandro Pérez Lugín, Benigno Amor Rodríguez y Nino Amor Barreiro, los tres licenciados en Derecho, se ha transformado en una arquitectura de cuatro columnas, al añadirle el grupo de cuerda, gaita y percusión. Acciones editoria-les, divulgativas y con escolares, así como actividades culturales, musicales e institucionales llenan la actual hoja de ruta del museo, el museo de la tuna en el mundo. Innumerables son las firmas y dedicatorias elogiosas, agradecidas y nostálgicas que figuran en su libro mayor.

Pero además de los imprescindibles referentes -Lugín, Benigno y Nino-, somos muchos los que hemos ayudado a construir este relato; vosotros también, apreciados amigos y tunos madrileños. Pero mi larga y estrecha relación con el orbe troyano me permite citar a otras personas necesarias. Mi recordado compañero de la SER Alberto Oliveras, que con su programa "Ustedes son formidables" hizo posible la primera recaudación para habilitar el museo.

A Oliveras lo entrevisté con motivo de su inauguración, el 27 de febrero de 1993 -Año Jubilar Compostelano-, gracias a que Benigno lo localizó y lo hizo venir a Santiago para compartir el fruto de tamaño esfuerzo filantrópico. Miguel Abascal, "El Piti", a quien bien conocisteis, licenciado en Derecho y entregado hasta su reciente óbito a la causa compostelana y complutense. En mi corazón permanecen aquellas noches de bandurria y conversación demorada al borde de la piscina de los Amor, en Laraño, sin duda otro espacio troyano. Y Manuel Vicente Blanco Iglesias, Manolito Blanco, "El Pata", sastre humilde, pero tuno sobre todas las cosas, hasta su fallecimiento hace algunos años. Por su casa de la zona vieja de Santiago pasaron cientos de tunos. A todos acogió siempre con cariño y generosidad, convirtiendo su hogar en la Casa de la Troya del último tercio del siglo pasado.

Queridos amigos: La verdad es que poseemos un patrimonio literario, musical y museístico que nos une, configurando una identidad cultural de la que debemos sentirnos orgullosos, dimensión que ha sabido distinguir este premio memorialista Díaz Reneses. Y mañana, cuando regresemos felices a casa, Nino irá al museo, como casi cada día, a vaciar el agua de los deshumidificadores.

PERIODISTA